La Comuna de Paris

El 21 de mayo del año 1871 “semana sangrienta” donde más de 100 mil soldados del ejército burgués invadieron el casco urbano de la ciudad de Paris.

“Si la Comuna es destruida, la batalla sólo quedará pospuesta. Los principios de la Comuna son eternos e indestructibles; se presentarán una y otra vez hasta que la clase obrera sea liberada”. (Marx, Acta de un Discurso sobre la Comuna de París).

Las escuelas quedaron abiertas para todos, a todos los niveles. Los alquileres de las casas quedaron cancelados y todas las casas de empeño clausuradas. Se prohibieron los turnos de noche. Las fábricas de los capitalistas que habían huido fueron incautadas, para ser dirigidas por los propios obreros. La Columna de la Victoria, un monumento a las guerras de agresión chovinistas de Francia, fue derribada. “La bandera de la Comuna”, declararon los obreros”, es la bandera de la República Mundial”.

“Los curas fueron enviados de vuelta a los recesos de la vida privada, para alimentarse allí entre las almas de los fieles a imitación de sus predecesores, los Apóstoles”. (Marx, La Guerra Civil en Francia).

,“no se me debe ningún mérito por descubrir la existencia de las clases en la sociedad moderna, ni la lucha entre ellas. Mucho antes de mí los historiadores burgueses habían descrito el desarrollo histórico de esta lucha de clases y los economistas burgueses la anatomía económica de las clases. Lo que yo hice nuevo fue demostrar: 1) que la existencia de las clases está únicamente vinculada con fases particulares e históricas en el desarrollo de la producción; 2) que la lucha de clases conduce necesariamente a la dictadura del proletariado: 3) que la dictadura misma sólo constituye la transición hacia la abolición de todas las clases y a una sociedad sin clases”.Marx, carta a Weydemeyer,1852.

, “No existe traza alguna de utopismo en Marx, en el sentido que fraguó o inventó una “nueva” sociedad. No, él estudió el nacimiento de la nueva sociedad a partir de la vieja, y las formas de transición de la última a la primera, como un proceso histórico-natural. Él examinó la experiencia misma de un movimiento proletario de masas, y trató de extraer lecciones prácticas de este. Él “aprendió” de la Comuna, al igual que todos los grandes pensadores revolucionarios aprendieron sin vacilar de la experiencia de los grandes movimientos de las clases oprimidas…”. Lenin, El Estado y la Revolución.

 

Carta al intendente
de Montmartre,
Georges Clemenceau
Señor:
Nuestro Comité Republicano de Vigilancia (femenino) del 18º distrito desea desempeñar su papel en nuestra patriótica tarea.
Dada la pobreza de la gente y que ya no puede soportar la visión de niños de pecho que se están muriendo de hambre, le pido a Usted que tome las siguientes medidas: Llevar a cabo una inmediata encuesta en cada casa del 18º distrito para determinar la cantidad de ancianos, enfermos y niños.
Requisar inmediatamente todos los edificios abandonados en el 18º distrito para dar abrigo a los ciudadanos que carecen de techo y organizar albergues donde los niños puedan ser alimentados.
Que todo el vino y el carbón en los sótanos de las casas abandonadas se ponga inmediatamente a disposición de los débiles y enfermos.
La completa abolición en el 18º distrito de todos los burdeles y casas de trabajo para muchachas jóvenes.
Que se fundan las campanas de Montmartre para hacer cañones.
Louise Michel,
Presidenta en funciones
Calle Oudot, 24, Montmartre.

Sobre los derechos
de las mujeres
En 1870, la primera organización pro derechos de las mujeres comenzó
a reunirse en la calle Thevenot. En las reuniones de este grupo, y en otras
reuniones, los hombres más avanzados aplaudían la idea de la igualdad. Noté –ya
lo había visto antes, y lo vería después– que los hombres, independientemente de sus declaraciones, aunque pudiese parecer que nos apoyaban, se contentaban siempre con la mera apariencia. Esto se debía a la costumbre y a la fuerza de antiguos prejuicios, y me convenció de que nosotras las mujeres debemos simplemente ocupar nuestro lugar sin rogar por ello…
El tema de los derechos políticos esta agotado. Igualdad de educación, igualdad en el trabajo, de modo que la prostitución no fuese la única profesión
lucrativa disponible para las mujeres, esto es lo que era real en nuestro programa.
Los revolucionarios rusos tienen razón: la evolución ha terminado y ahora hace falta la revolución o la mariposa morirá en su capullo.
Se podían hallar mujeres heroicas en todas las clases sociales. En la escuela profesional se reunían mujeres de todos los niveles sociales, y todas preferirían
la muerte a la rendición. Organizaron la Sociedad de Ayuda a las Víctimas de la Guerra. Entregaban sus recursos lo mejor que podían, mientras exigían que París resistiera y siguiera resistiendo el asedio prusiano… Más tarde, cuando me apresaron, la primera visita que recibí fue la de
madame Meurice, de la Sociedad de Ayuda a las Víctimas de la Guerra. Durante mi último juicio, detrás de los espectadores cuidadosamente seleccionados, entre quienes habían logrado deslizarse dentro, divisé los ojos resplandecientes de otras dos mujeres que habían sido miembros de la sociedad.
Saludo a todas estas valientes mujeres de la vanguardia que fueron llevadas de grupo en grupo: el Comité de Vigilancia Femenino, las asociaciones femeninas, y más tarde la Liga de las Mujeres. El viejo mundo ha de temer el día en que estas mujeres decidan que ya han tenido bastante. Estas mujeres no flaquearán.
La fortaleza ha encontrado su refugio en ellas. Cuidado con ellas!
Cuidado con quienes hacen ondear por toda Europa la bandera de la libertad, y cuidado con la más pacífica hija de Galia que duerme hoy en la profunda resignación de los campos. Cuidado con las mujeres cuando se
sienten asqueadas de todo lo que las rodea y se sublevan contra el viejo mundo. Ese día nacerá el mundo nuevo.
Tomado de: The Red Virgin: Memoirs of Louise Michel
Extractos de la Primera Parte, X-XIV.

Llamamiento a las mujeres
ciudadanas de París
Mujeres Parisinas (11 de abril, 1871)
…La locura fratricida que se ha apoderado de Francia, este duelo a muerte, es el acto final en el eterno antagonismo entre el derecho y el poder, la fuerza del trabajo y la explotación, el pueblo y sus tiranos.
Las clases privilegiadas del actual orden social son nuestras enemigas; quienes han vivido de nuestro trabajo, prosperando merced a nuestra miseria.
Ellos han visto que el pueblo se alza exigiendo: “¡No más obligaciones sin derechos! ¡No más derechos sin obligaciones! Queremos trabajar, pero también
deseamos el producto de nuestro trabajo. No más explotadores. No más jefes. Trabajo y seguridad para todos. El pueblo ha de gobernarse a sí mismo. Deseamos la Comuna; deseamos vivir en libertad o morir luchando por ella”…
Mujeres de París, la hora decisiva ha llegado. ! El viejo mundo tiene que acabar! i Queremos ser libres! Y Francia no se ha alzado sola. Las naciones civilizadas del mundo entero tienen sus ojos puestos en París. Están esperando nuestra victoria para liberarse ellas a su vez…
Un grupo de mujeres parisinas
Nota:
Invitamos a las mujeres patrióticas a reunirse hoy, martes 11 de abril, para tomar medidas concretas sobre la creación de comités en cada distrito a fin de organizar un movimiento femenino para la defensa de París, en caso de que la reacción y sus gendarmes traten de apoderarse de la ciudad.
¡Necesitamos la colaboración activa de todas las mujeres de París que comprendan que la salvación de nuestra capital depende de los resultados de este conflicto; que sepan que el actual orden social lleva en sí el germen de la pobreza y la muerte de la libertad y la justicia; que saluden por lo tanto el advenimiento del reino de trabajo y de igualdad y estén preparadas para luchar a la hora de la verdad y morir por el triunfo de esta revolución por la que sus hermanos están sacrificando sus vidas!
Tomado de Journal Officiel (Comuna). 11 de abril, 1871.

León Trotsky
Las lecciones de la Comuna

Cada vez que volvemos a estudiar la historia de la Comuna descubrimos un nuevo matiz gracias a la experiencia que nos han proporcionado las luchas revolucionarias ulteriores, tanto la revolución rusa como la alemana y la húngara. La guerra franco-alemana fue una explosión sangrienta que presagiaba una inmensa carnicería mundial, la Comuna de París fue como un relámpago, el anuncio de una revolución proletaria mundial.

La Comuna nos mostró el heroísmo de las masas obreras, su capacidad para unirse como un bloque, su virtud para sacrificarse por el futuro… Pero al mismo tiempo puso de manifiesto la incapacidad de las masas para encontrar su camino, su indecisión para dirigir el movimiento, su fatal inclinación a detenerse tras los primeros éxitos permitiendo de este modo que el enemigo se recupere y retome sus posiciones.

La Comuna llegó demasiado tarde. Tuvo todas las posibilidades para tomar el poder el 4 de septiembre, lo que hubiera permitido al proletariado de París ponerse a la cabeza de todos los trabajadores del país en su lucha contra las fuerzas del pasado, tanto contra Bismarck como contra Thiers. Pero el poder cayó en manos de los charlatanes democráticos, los diputados de París. El proletariado parisino no tenía ni un partido ni jefes a los que hubiera estado estrechamente vinculado por anteriores luchas. Los patriotas pequeño burgueses, que se creían socialistas y buscaban el apoyo de los obreros, carecían por completo de confianza en ellos. No hacían más que socavar la confianza del proletariado en sí mismo, buscando continuamente abogados célebres, periodistas, diputados, cuyo único bagaje consistía en una docena de frases vagamente revolucionarias, para confiarles la dirección del movimiento.

La razón por la que Jules Favre, Picard, Garnier-Pagès y Cia tomaron el poder en París el 4 de septiembre es la misma que permitió a Paul-Boncour, A. Varenne, Renaudel y otros muchos hacerse durante un tiempo los amos del partido del proletariado.

Por sus simpatías, sus hábitos intelectuales y su comportamiento, los Reanaudel y los Boncour, e incluso los Longuet y Pressemane, están mucho más cerca de Jules Favre y de Jules Ferry que del proletariado revolucionario. Su fraseología socialista no es más que una máscara histórica que les permite imponerse a las masas. Y justamente porque Favre, Simon, Picard y los demás abusaron de la fraseología democrático-liberal, sus hijos y sus nietos tuvieron que recurrir a la fraseología socialista. Pero se trata de hijos y nietos dignos de sus padres, continuadores de su obra. Y cuando se trate de decidir no la composición de una camarilla ministerial sino qué clase debe tomar el poder, Renaudel, Varenne, Longuet y sus semejantes estarán en el campo de Millerand -colaborador de Gallifet, el verdugo de la Comuna… Cuando los charlatanes reaccionarios de los salones y del Parlamento se encuentran cara a cara, en la vida, con la Revolución, no la reconocen nunca.

El partido obrero -el verdadero- no es un instrumento de maniobras parlamentarias, es la experiencia acumulada y organizada del proletariado. Sólo con la ayuda del partido, que se apoya en toda su historia pasada, que prevé teóricamente la dirección que tomarán los acontecimientos, sus etapas, y define las líneas de actuación precisas, puede el proletariado liberarse de la necesidad de recomenzar constantemente su historia: sus dudas, su indecisión, sus errores.

El proletariado de París carecía de un tal partido. Los socialistas burgueses, de los que estaba llena la Comuna, elevaban los ojos al cielo esperando un milagro o una palabra profética, dudaban y durante ese tiempo, las masas andaban a tientas, desorientadas a causa de la indecisión de unos y la franqueza de otros. El resultado fue que la Revolución estalló en medio de ellas demasiado tarde. París estaba cercado.

Pasaron seis meses antes de que el proletariado recuperase el recuerdo de las revoluciones anteriores, de sus lecciones, de los combates anteriores, de las reiteradas traiciones de la democracia, y tomara el poder.

Estos seis meses fueron una pérdida irreparable. Si en septiembre de 1870, se hubiera encontrado a la cabeza del proletariado francés el partido centralizado de la acción revolucionaria, toda la historia de Francia, y con ella toda la historia de la humanidad, hubiera tomado otra dirección.

Si el 18 de marzo el poder pasó a manos del proletariado de París, no fue porque éste se apoderase de él conscientemente, sino porque sus enemigos habían abandonado la capital.

Estos últimos iban perdiendo terreno constantemente, los obreros los despreciaban y detestaban, habían perdido la confianza de la pequeña burguesía y los grandes burgueses temían que ya no fueran capaces de defenderlos. Los soldados estaban enfrentados a sus oficiales. El gobierno huyó de París para concentrar en otra parte sus fuerzas. Entonces el proletariado se hizo el amo de la situación.

Pero no lo comprendió hasta el día siguiente. La Revolución le cayó encima sin que se lo esperase.

Este primer éxito fue una nueva fuente de pasividad. El enemigo había huido a Versalles. ¿Acaso eso no era una victoria? En esos momentos se habría podido aplastar a la banda gubernamental sin apenas efusión de sangre. En París, se habría podido detener a todos los ministros, empezando por Thiers. Nadie habría movido un dedo para defenderlos. No se hizo. No había un partido organizado centralizadamente, capaz de una visión de conjunto sobre la situación y con órganos especiales para ejecutar las decisiones.

Los restos de la infantería no querían retroceder hacia Versalles. El vínculo que ligaba oficiales y soldados era muy débil. Y si hubiera existido en París un centro dirigente de partido, habría introducido entre las tropas en retirada -puesto que había posibilidad de retirada- algunos centenares o al menos unas decenas de obreros leales, a los que se les habrían dado instrucciones para alimentar el descontento de los soldados contra los oficiales y aprovechar el primer momento psicológico favorable para liberar a la tropa de sus mandos y conducirla a París para unirse al pueblo. Habría sido fácil hacer esto, según confesaron incluso los partidarios de Thiers. Pero nadie lo pensó. No había nadie que pensara. En los grandes acontecimientos, por otra parte, tales decisiones sólo puede tomarlas un partido revolucionario que espera una revolución, se prepara, se mantiene firme, un partido que está habituado a tener una visión de conjunto y no tiene miedo a la acción.

Y precisamente el proletariado francés carecía de partido de combate.

El Comité central de la Guardia nacional era, de hecho, un Consejo de Diputados de los obreros armados y de la pequeña burguesía. Un tal Consejo elegido directamente por las masas que han entrado en el camino de la revolución, representa una excelente estructura ejecutiva. Pero al mismo tiempo, y justamente a causa de su ligazón inmediata y elemental con unas masas que se encuentran tal y como las encontró la revolución, refleja no sólo los puntos fuertes de masas sino también sus debilidades, y refleja antes las debilidades: manifiesta indecisión, atentismo, tendencia a la inactividad tras los primeros éxitos.

El Comité central de la Guardia nacional necesitaba ser dirigido. Era indispensable disponer de una organización que encarnase la experiencia política del proletariado y estuviese presente por todas partes -no solo en el Comité central, sino en las legiones, en los batallones, en las capas más profundas del proletariado francés. Por medio de los Consejos de Diputados, -que en este caso eran órganos de la Guardia nacional- el partido habría podido estar continuamente en contacto con las masas, pulsando así su estado de ánimo; su centro dirigente habría podido lanzar diariamente una consigna que los militantes del partido habrían podido difundir entre las masas, uniendo su pensamiento y su voluntad.

Apenas el gobierno hubo retrocedido sobre Versalles, la Guardia nacional se apresuró a declinar toda responsabilidad, precisamente cuando esta responsabilidad era enorme. El comité central imaginó elecciones “legales” a la Comuna. Entabló conversaciones con los concejales de París para cubrirse, por la derecha, con la “legalidad”.

Si al mismo tiempo se hubiera preparado un violento ataque contra Versalles, las conversaciones con los ediles hubieran significado una astucia militar plenamente justificada y acorde con los objetivos. Pero en realidad, estas conversaciones se mantuvieron para intentar que un milagro evitase la lucha. Los radicales pequeño burgueses y los socialistas idealistas, respetando la “legalidad” y a las gentes que encarnaban una parcela de estado “legal”, diputados, concejales, etc., esperaban, desde lo más profundo de su corazón, que Thiers se detendría respetuosamente ante el París revolucionario tan pronto como éste se hubiera dotado de una Comuna “legal”.

La pasividad y la indecisión se vieron favorecidas en este caso por el principio sagrado de la federación y la autonomía. París, como podéis comprobar, no es más que una comuna entre otras. París no quiere imponerse a nadie; no lucha por la dictadura, en todo caso sería la “dictadura del ejemplo”.

En resumidas cuentas, esto no fue más que una tentativa para reemplazar la revolución proletaria que se estaba desarrollando por una reforma pequeño burguesa: la autonomía comunal. La verdadera tarea revolucionaria consistía en asegurar al proletariado en el Poder en todo el país. París debía servir de base, punto de apoyo, plaza de armas. Para alcanzar este objetivo era preciso derrotar a Versalles sin pérdida de tiempo y enviar por toda Francia agitadores, organizadores, fuerzas armadas. Era necesario entrar en contacto con los simpatizantes, reafirmar a los que dudaban y quebrar la oposición de los adversarios. Pero en lugar de esta política de ofensiva y agresión, la única que podía salvar la situación, los dirigentes de París intentaron limitarse a su autonomía comunal: ellos no atacarían a los demás si éstos no les atacaban a ellos; cada ciudad debía recuperar el sagrado derecho al auto-gobierno. Este parloteo idealista -una especie de anarquismo mundano- cubría en realidad la cobardía ante una acción revolucionaria que era preciso llevar hasta sus últimas consecuencias, pues, de otro modo, no se hubiera debido empezar…

La hostilidad a una organización centralizada -herencia del localismo y autonomismo pequeño burgués- es sin lugar a dudas el punto débil de cierta fracción del proletariado francés. Para algunos revolucionarios, la autonomía de las secciones, de los barrios, de los batallones, de las ciudades, es la suprema garantía de la verdadera acción y de la independencia individual. Pero esto no es más un gran error que costó muy caro al proletariado francés.

Bajo la forma de “lucha contra el centralismo despótico” y contra la disciplina “asfixiante” se libra un combate por la conservación de los diversos grupos y sub-grupos de la clase obrera, por sus mezquinos intereses, con sus pequeños líderes de barrio y sus oráculos locales. La clase obrera en su totalidad, aunque conserve la originalidad de su cultura y sus matices políticos, puede actuar con método y firmeza, sin ir a remolque de los acontecimientos y dirigiendo sus golpes mortales contra los puntos débiles del enemigo, a condición de que esté liderada, por encima de barrios, secciones y grupos, por un aparato centralizado y cohesionado por una disciplina de hierro. La tendencia hacia el particularismo, cualquiera que se su forma, es una herencia de un pasado muerto. Cuanto antes se libere de ella el comunismo francés -comunismo socialista y comunismo sindicalista-, mejor será para la revolución proletaria.

*

El partido no crea la revolución a su gusto, no escoge según le convenga el momento para tomar el poder, pero interviene activamente en todas las circunstancias, pulsa en todo momento el estado de ánimo de las masas y evalúa las fuerzas del enemigo, determinando así el momento propicio para la acción definitiva. Esta es la más difícil de sus tareas. El partido no cuenta con una solución que valga para todos los casos. Necesita una teoría justa, un estrecho contacto con las masas, una acertada comprensión de la situación, una visión revolucionaria y una gran decisión. Cuando más profundamente penetra un partido revolucionario en todas las esferas de la lucha revolucionarias y cuanto más cohesionado está en torno a un objetivo y por la disciplina, mejor y más rápidamente puede llevar a cabo su misión.

La dificultad consiste en ligar estrechamente esta organización de partido centralizado, soldado interiormente por una disciplina de hierro, con el movimiento de las masas, con sus flujos y reflujos. No se puede conquistar el poder sin una poderosa presión revolucionaria de las masas trabajadoras. Pero, en esta acción, el elemento preparatorio es inevitable. Y cuanto mejor comprenda el partido la coyuntura y el momento, mejor preparadas estarán las bases de apoyo, mejor repartidas estarán las fuerzas y sus objetivos, más seguro será el éxito y menos víctimas costará. La correlación entre una acción cuidadosamente preparada y el movimiento de masas es la tarea político-estratégica de la toma del poder.

La comparación del 18 de marzo de 1871 con el 7 de noviembre de 1917 es, desde este punto de vista, muy instructiva. En París se sufrió una absoluta falta de iniciativa para la acción por parte de los círculos dirigentes revolucionarios. El proletariado, armado por el gobierno burgués, era, de hecho, dueño de la ciudad y disponía de todos los medios materiales del poder -cañones y fusiles- pero no se dio cuenta de ello. La burguesía hizo una tentativa para arrebatar al gigante sus armas: intentó robarle al proletariado sus cañones. Pero el intento fracasó. El gobierno huyó aterrado desde París a Versalles. El campo estaba libre. Pero el proletariado no se dio cuenta de que era el amo de París más que al día siguiente. Los “jefes” iban a remolque de los acontecimientos, tomaban nota de ellos cuando ya se habían producido y hacían todo lo posible para embotar el filo revolucionario.

En Petrogrado los acontecimientos se desarrollaron de forma muy distinta. El partido caminaba firme y decidido hacia la toma del poder. Dispuso a sus hombres por doquier, reforzando todas las posiciones y aprovechando toda ocasión para ahondar la brecha entre los obreros y la guarnición de una parte y el gobierno de otra.

La manifestación armada de las jornadas de julio fue un vasto reconocimiento que hizo el partido para sondear el grado de unión entre las masas y la fuerza de resistencia del enemigo. El reconocimiento de transformó en lucha de avanzadillas. Fuimos rechazados, pero al mismo tiempo mediante la acción se estableció la conexión entre el partido y las más amplias masas. Durante los meses de agosto, septiembre y octubre se desarrolló un poderoso flujo revolucionario. El partido lo aprovecho y aumentó de manera considerable sus apoyos entre la clase obrera y la guarnición. Más adelante la armonía entre los preparativos de la conspiración y la acción de masas fue casi automática. El Segundo Congreso de los Soviets fue fijado para el 7 de noviembre. Toda nuestra agitación anterior debía conducir a la toma del poder por el Congreso. El golpe de Estado quedó fijado para el 7 de noviembre. Se trataba de un hecho perfectamente conocido y comprendido por el enemigo. Por ello Kerensky y sus consejeros intentaron consolidar su posición en Petrogrado, en la medida de lo posible, cara al momento decisivo. Sobre todo necesitaban sacar de la capital al segmento más revolucionario de la guarnición. Por nuestra parte nos aprovechamos de esta tentativa de Kerensky para derivar de ella un nuevo conflicto que tuvo una importancia decisiva. Acusamos abiertamente al gobierno de Kerensky -y nuestra acusación se vio después confirmada por escrito en un documento oficial- de proyectar el alejamiento de una tercera parte de la guarnición de Petrogrado, no por consideraciones de orden militar, sino por intereses contrarrevolucionarios. El conflicto hizo que estrecháramos aún más nuestras relaciones con la guarnición e implicó que esta última se planteara una tarea bien definida: apoyar el Congreso de los Soviets fijado para el 7 de noviembre. Y puesto que el gobierno insistía -aunque de forma poco enérgica- en que la guarnición fuera desplazada, con el pretexto de verificar las razones militares del proyecto gubernamental creamos en el Soviet de Petrogrado, que ya dominábamos, un Comité revolucionario de guerra.

De este modo nos dotamos de un órgano puramente militar, a la cabeza de las tropas de Petrogrado, que era realmente un instrumento legal de insurrección armada. Al mismo tiempo nombramos comisarios (Comunistas) en todas las unidades militares, almacenes, etc. La organización militar clandestina ejecutaba las tareas técnicas especiales y proporcionaba al Comité revolucionario de guerra militantes de plena confianza para las operaciones militares de importancia. Lo esencial del trabajo de preparación y realización de la insurrección armada se hacía abiertamente, con un método y una naturalidad que la burguesía, con Kerensky a su cabeza, apenas se apercibió de lo que pasaba ante sus narices. En París, el proletariado sólo comprendió que era el dueño de la situación inmediatamente después de su victoria real, una victoria que, por otra parte, no había buscado conscientemente. En Petrogrado las cosas sucedieron de muy distinta forma. Nuestro partido, con el apoyo de los obreros y de la guarnición, se apoderó del poder, y la burguesía, que pasó una noche bastante tranquila, sólo se dio cuenta a la luz del día que el gobierno del país se encontraba ya en manos de sus enterradores.

En lo que concernía a la estrategia, se dieron en nuestro partido muchas divergencias de opinión.

Como es sabido, parte del Comité Central se declaró opuesta a la toma del poder pues creían que aún no había llegado el momento de actuar, que Petrogrado se encontraría aislada del resto del país, que los proletarios no contarían con el apoyo de los campesinos, etc.

Otros camaradas creían que no prestábamos suficiente importancia a los detalles del complot militar. En octubre, uno de los miembros del Comité Central exigía que se cercara el Teatro Alejandrina, sede de la Conferencia Democrática, y se proclamase la dictadura del Comité Central del Partido. Decía que con la agitación y trabajo militar preparatorios del Segundo Congreso mostrábamos nuestros planes al enemigo y le ofrecíamos así la posibilidad de prevenirse e incluso asestarnos un golpe preventivo. Pero no cabe duda que la tentativa de un complot militar y el asedio del Teatro Alejandrina hubieran sido elementos ajenos al desarrollo de los acontecimientos que habrían provocado el desconcierto de las masas. Incluso en el Soviet de Petrogrado, en el que nuestra fracción era mayoritaria, una acción tal que se anticipara al desarrollo lógico de la lucha no hubiera sido comprendida en ese momento, sobre todo entre la guarnición, en la que aún habían regimientos que dudaban y en los que no se podía confiar, principalmente la caballería. A Kerensky le hubiera resultado mucho más fácil aplastar un complot inesperado para las masas que atacar a la guarnición, y le hubiera permitido consolidarse mucho más en su posición: la defensa de su inviolabilidad en nombre del futuro Congreso de los Soviets. La mayoría del Comité Central rechazó con razón el plan de asedio a la Conferencia democrática. La coyuntura había sido evaluada perfectamente: la insurrección armada, sin apenas derramamiento de sangre, triunfó precisamente el día que había sido fijado, previa y abiertamente, para la convocatoria del Segundo Congreso de los Soviets.

Sin embargo esta estrategia no puede convertirse en norma general, necesitaba unas condiciones organizadas. Nadie creía ya en la guerra contra Alemania, e incluso los soldados menos inclinados hacia la revolución no querían marchar al frente. Y aunque sólo por esta razón la guarnición entera estaba de parte de los obreros, se reafirmaba cada vez más en su decisión a medida que iban conociéndose las maquinaciones de Kerensky. Pero el estado de ánimo de la guarnición de Petrogrado tenía una causa aún más profunda en la situación del campesinado y el desarrollo de la guerra imperialista. Si la guarnición se hubiera escindido y Kerensky hubiera tenido oportunidad de apoyarse en algunos regimientos, nuestro plan hubiera fracasado. Los elementos puramente militares del complot (conspiración y gran rapidez en la acción) hubieran prevalecido. Y está claro que hubiera sido necesario escoger otro momento para la insurrección.

La Comuna tuvo también la posibilidad de apoderarse de los regimientos, incluso aquellos formados por unos campesinos que habían perdido totalmente la confianza y el aprecio por el poder y sus mandos. Sin embargo no hizo nada en este sentido. La culpa no hay que achacársela a las relaciones entre los campesinos y la clase obrera, sino a la estrategia revolucionaria.

¿Qué puede pasar en este sentido en la Europa actual? No es nada fácil preverlo. Sin embargo, teniendo en cuenta que los acontecimientos se desarrollan lentamente y que los gobiernos burgueses han aprendido bien la lección, es de prever que el proletariado tendrá que superar grandes obstáculos para ganarse la simpatía de los soldados en el momento preciso. Será preciso que la revolución lleve a cabo un ataque hábil en el momento adecuado. El deber del partido es prepararse para ello. Justamente por eso deberá conservar y acentuar su carácter de organización centralizada que dirigiendo abiertamente el movimiento revolucionario de las masas, es, al mismo tiempo, un aparato clandestino para la insurrección armada.

La cuestión de la electividad de los mandos fue uno de los motivos del conflicto entre la Guardia nacional y Thiers. París rehusó aceptar el mando que había designado Thiers. Varlin formuló inmediatamente la reivindicación de que todos los mandos de la Guardia nacional, sin excepción, fueran elegidos por los propios guardias nacionales. Ese fue el principal apoyo del Comité central de la Guardia nacional.

Esta cuestión debe ser considerada desde dos perspectivas: la política y la militar. Ambas están relacionadas entre sí, pero es preciso distinguirlas. La tarea política consistía en depurar la Guardia nacional de los mandos contrarrevolucionarios. El único medio para conseguirlo era la total electividad, ya que la mayoría de la Guardia nacional estaba compuesta de obreros y pequeño burgueses revolucionarios. Más aún, la divisa de electividad debía ampliarse también a la infantería. De un solo golpe Thiers se hubiera visto privado de su principal arma, la oficialidad contrarrevolucionaria. Pero para realizar este plan al proletariado le faltaba un partido, una organización que dispusiera de adeptos en todas las unidades militares. En una palabra, la electividad, en este caso, no tenía como objetivo inmediato dotar a los batallones de mandos adecuados, sino liberarlos de los mandos adictos a la burguesía. Hubiera sido como una cuña para dividir el ejército en dos partes, a lo largo de una línea de clase. Así sucedieron las cosas en Rusia en la época de Kerensky, sobre todo en vísperas de Octubre.

Pero cuando el ejército se libera del antiguo aparato de mando inevitablemente se produce un debilitamiento de la cohesión en sus filas y la disminución de su espíritu de combate. El nuevo mando elegido es a menudo bastante débil en el terreno técnico-militar y en lo tocante al mantenimiento del orden y la disciplina. De manera que cuando el ejército se libera del viejo mando contrarrevolucionario que lo oprimía, surge la cuestión de dotarle de un mando revolucionario capaz de cumplir su misión. Y este problema no puede ser resuelto por unas simples elecciones. Antes que la gran masa de soldados pudiera adquirir la suficiente experiencia para seleccionar a sus mandos la revolución sería aplastada por el enemigo, que ha aprendido a escoger sus mandos durante siglos. Los métodos de democracia informe (la simple electividad) deben ser completados, y en cierta medida reemplazados, por medidas de cooptación. La revolución debe crear una estructura compuesta de organizadores experimentados, seguros, merecedores de una confianza absoluta, dotada de plenos poderes para escoger, designar y educar a los mandos. Si el particularismo y el autonomismo democrático son extremadamente peligrosos para la revolución proletaria en general, son aún diez veces más peligrosos para el ejército. Nos lo demostró el ejemplo trágico de la Comuna.

El Comité central de la Guardia nacional basaba su autoridad en la electividad democrática. Pero cuando tuvo necesidad de desplegar al máximo su iniciativa en la ofensiva, sin la dirección de un partido proletario, perdió el rumbo y se apresuró a transmitir sus poderes a los representantes de la Comuna, que necesitaba una base democrática más amplia. Y jugar a las elecciones fue un gran error en ese momento. Pero una vez celebradas las elecciones y reunida la Comuna, hubiera sido preciso que ella misma creara un órgano que concentrara el poder real y reorganizara la Guardia nacional. Y no fue así. Junto a la Comuna elegida estaba el Comité central, cuyo carácter electivo le confería una autoridad política gracias a la cual podía enfrentarse a aquélla. Al mismo tiempo se veía así privado de la energía y firmeza necesarias en las cuestiones puramente militares que, tras la organización de la Comuna, justificaban su existencia. La electividad, los métodos democráticos no son más que una de las armas de las que dispone el proletariado y su partido. La electividad no puede ser de ningún modo un fetiche, un remedio contra todos los males. Es necesario combinarla con las designaciones. El poder de la Comuna procedía de la Guardia nacional elegida. Pero una vez creada, la Comuna hubiera debido reorganizar toda la Guardia nacional con mano firme, dotarla de mandos seguros e instaurar un régimen disciplinario muy severo. La Comuna no lo hizo, privándose por ello de un poderoso centro dirigente revolucionario. Por ello fue aplastada.

Podemos hojear página por página toda la historia de la Comuna y encontraremos una sola lección: es necesaria la enérgica dirección de un partido. El proletariado francés se ha sacrificado por la Revolución como ningún otro lo ha hecho. Pero también ha sido engañado más que otros. La burguesía lo ha deslumbrado muchas veces con todos los colores del republicanismo, del radicalismo, del socialismo, para cargarlo con las cadenas del capitalismo. Por medio de sus agentes, sus abogados y sus periodistas, la burguesía ha planteado una gran cantidad de fórmulas democráticas, parlamentarias, autonomistas, que no son más que los grilletes con que ata los pies del proletariado e impide su avance.

El temperamento del proletariado francés es como una lava revolucionaria. Pero por ahora está recubierta con las cenizas del escepticismo, resultado de muchos engaños y desencantos. Por eso, los proletarios revolucionarios de Francia deben ser más severos con su partido y denunciar inexcusablemente toda disconformidad entre las palabras y los hechos. Los obreros franceses necesitan una organización para la acción, fuerte como el acero, con jefes controlados por las masas en cada nueva etapa del movimiento revolucionario.

¿Cuánto tiempo nos concederá la historia para prepararnos? No lo sabemos. Durante cincuenta años la burguesía francesa ha mantenido el poder en sus manos, tras haber erigido la Tercera República sobre los cadáveres de los comuneros. A los luchadores del 71 no les faltó heroísmo. Lo que les faltaba era claridad en el método y una organización dirigente centralizada. Por ello fueron derrotados. Y ha transcurrido medio siglo antes de que el proletariado francés pueda plantearse vengar la muerte de los comuneros. Pero ahora intervendrá de manera más firme, más concentrada. Los herederos de Thiers tendrán que pagar la deuda histórica, íntegramente.

 

 

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¡Ciudadanos, representantes del pueblo!

Hace algún tiempo expusimos los principios de nuestra política exterior; hoy desarrollaremos los principios de nuestra política interior. Después de haber actuado durante tanto tiempo al azar, y casi llevados por el movimiento de las acciones contrarias, los representantes del pueblo francés han mostrado finalmente un carácter y un gobierno. Un cambio repentino en la suerte de la nación anunció a Europa la regeneración que se había operado en la representación nacional.

Pero, hasta el momento preciso en que os hablo, hay que reconocer que, en circunstancias tan tempestuosas, hemos sido guiados por el amor al bien y por la intuición de las necesidades de la patria, y no por una reoría exacta o por reglas precisas de conducta, que ni siquiera teníamos tiempo disponible para trazar.

Es hora, pues, de determinar con exactitud los objetivos de la Revolución y el término al que queremos llegar. Es hora de que nos demos cuenta de los obstáculos que todavía nos alejan de esta meta y de los instrumentos que debemos emplear para alcanzarlo: es una idea simple pero importante y que me parece que todavía no ha sido muy definida.

Por otra parte, ¿cómo podría realizarla un gobierno vil y corrompido? Un rey, un senado orgulloso, un César, un Cromwell, deben ante todo, intentar cubrir sus proyectos con un velo religioso, transigir con todos los vicios posibles, halagar a todos los partidos y aplastar el de las personas que quieren hacer el bien; oprimir y engañar al pueblo con el fin de realizar su pérfida ambición.

Si no hubiéramos tenido otras tareas más importantes que realizar, si aquí no se hubiese tratado de nada más que de los intereses de una facción o de una nueva aristocracia, quizás hubiéramos podido creer —como creen algunos escritores más ignorantes que perversos., que el plan de la Revolución Francesa ya estaba trazado totalmente en los libros de Tácito y Maquiavelo; y hubiéramos buscado los deberes de los representantes del pueblo en la historia de Augusto, de Tiberio o de Vespasiano, o bien en la de ciertos legisladores franceses. Puesto que —excepto determinados matices de perfidia o de crueldad— todos los tiranos se asemejan entre sí.

En cuanto a nosotros, hoy confiaremos al mundo entero vuestros secretos, vuestra manera de conducir la política, a fin de que todos los amigos de la patria puedan sumarse a la voz de la razón y del interés público; a fin de que la nación francesa y sus representantes sean respetados en todos los países del mundo a los que puedan llegar sus principios; y a fin de que los intrigantes que siempre intentan reemplazar a otros intrigantes sean juzgados de acuerdo con reglas seguras y fáciles.

Es conveniente tomar precauciones con mucha antelación para poder poner la suerte de la libertad en manos de la verdad -que es eterna- antes que ponerla en las de los hombres -que pasan-; de manera que, si el gobierno olvida los intereses del pueblo, o si cae en manos de hombres corrompidos, según el curso natural de las cosas, la luz de los principios reconocidos pueda iluminar sus traiciones, y toda nueva facción encuentre la muerte al sólo pensamiento de su crimen.

¡Afortunado el pueblo que puede llegar hasta este punto, puesto que, cualesquiera que sean los nuevos ultrajes que se le preparen, un orden de cosas en el que la razón pública es la garantía de la libertad, le da infinitos recursos!

¿Hacia qué objetivo nos dirigimos? A1 pacífico goce de la libertad y de la igualdad; al reino de la justicia eterna cuyas leyes han sido escritas, no ya sobre mármol o piedra, sino en el corazón de todos los hombres, incluso en el del esclavo que las olvida y del tirano que las niega.

Queremos un orden de cosas en el que toda pasión baja y cruel sea encadenada; en el que toda pasión bienhechora y generosa sea estimulada por las leyes; en el que la ambición sea el deseo de merecer la gloria y de servir a la patria; en el que las distinciones no nazcan más que de la propia igualdad; en el que el ciudadano sea sometido al magistrado, y el magistrado al pueblo, y el pueblo a la justicia; en el que la patria asegure el bienestar a todos los in dividuos, y en el que todo individuo goce con orgullo de la prosperidad y de la gloria de la patria; en el que todos los ánimos se engrandezcan con la continua comunión de los sentimientos republicanos, y con la exigencia de merecer la estima de un gran pueblo; en el que las artes sean el adorno de la libertad que las ennoblece, el comercio sea la fuente de la riqueza pública y no la de la opulencia monstruosa de algunas casas.

En nuestro país queremos sustituir el egoísmo por la moral, el honor por la honradez, las costumbres por los principios, las conveniencias por los deberes, la tiranía de la moda por el dominio de la razón, el desprecio de la desgracia por el desprecio del vicio, la insolencia por el orgullo, la vanidad por la grandeza de ánimo, el amor al dinero por el amor a la gloria, la buena sociedad por las buenas gentes, la intriga por el mérito, la presunción por la inteligencia, la apariencia por la verdad, el tedio del placer voluptuoso por el encanto de la felicidad, la pequeñez de los “grandes” por la grandeza del hombre; y un pueblo “amable”, frívolo y miserable por un pueblo magnánimo, poderoso y feliz; es decir, todos los vicios y todas las ridiculeces de la Monarquía por todas las virtudes y todos los milagros de la República.

En una palabra, queremos realizar los deseos de la naturaleza, cumplir los destinos de la humanidad, mantener las promesas de la filosofía y liberar a la providencia del largo reinado del crimen y de la tiranía.

Que Francia, en otro tiempo ilustre en medio de países esclavos, eclipsando la gloria de todos los pueblos libres que jamás hayan existido, pueda convertirse en modelo de las naciones, en terror de los opresores, consuelo de los oprimidos, adorno del universo; y que, sellando nuestra obra con sangre, podamos ver brillar la aurora de la felicidad universal… Esta es nuestra ambición: este es nuestro objetivo.

¿Qué tipo de gobierno puede realizar estos prodigios? Solamente el gobierno democrático, o sea republicano. Estas dos palabras son sinónimos a pesar de los equívocos del lenguaje común, puesto que la aristocracia no es república, como no lo es la monarquía.

La democracia no es un Estado en el que el pueblo -constantemente reunido- regula por sí mismo los asuntos públicos; y todavía menos es un Estado en el que cien mil facciones del pueblo, con medidas aisladas, precipitadas y contradictorias, deciden la suerte de la sociedad entera. Tal gobierno no ha existido nunca, ni podría existir sino fuera para conducir al pueblo hacia el despotismo.

La democracia es un Estado en el que el pueblo soberano, guiado por leyes que son el fruto de su obra, lleva a cabo por sí mismo todo lo que está en sus manos, y por medio de sus delegados todo aquello que no puede hacer por sí mismo.

Debéis, pues, buscar las reglas de vuestra conducta política en los principios del gobierno democrático.

Pero, para fundar y para consolidar la democracia entre nosotros, para conseguir el pacifico reinado de las leyes constitucionales, es necesario llevar a término la guerra de la libertad contra la tiranía, y atravesar con éxito las tempestades de la Revolución. Tal es el objetivo del sistema revolucionario que habéis regularizado. Todavía debéis regular vuestra conducta de acuerdo con las circunstancias tempestuosas en que se encuentra la República; y el plan de vuestra administración debe ser el resultado del espíritu revolucionario combinado conjuntamente con los principios generales de la democracia.

Entonces, ¿cuál es el principio fundamental del gobierno democrático o popular, es decir, la fuerza esencial que lo sostiene y lo mueve? Es la virtud. Hablo de aquella virtud pública que tantos prodigios obró en Grecia y Roma y que en la Francia republicana deberá producir otros mucho más asombrosos, hablo de la virtud que es, en sustancia, el amor a la patria y a sus leyes.

Pero, dado que la esencia de la República, o sea de la democracia, es la igualdad, se deduce de ello que el amor a la patria implica, necesariamente, el amor a la igualdad.

Además, este sublime sentimiento presupone la prioridad del interés público sobre todos los intereses particulares; de ahí resulta que el amor a la patria presupone también -o produce- todas las virtudes. En efecto, ¿acaso las virtudes son otra cosa que la fuerza de ánimo que hace posibles tales sacrificios? ¿Acaso puede el esclavo de la avaricia o de la ambición sacrificar sus ídolos a la patria?

No sólo la virtud es el alma de la democracia, sino que ésta sólo puede existir en este tipo de gobierno. En efecto, en la Monarquía solamente conozco a un individuo que pueda amar a la patria pero que, precisamente por ello, no tiene ninguna necesidad de la virtud: el monarca. La razón de ello se debe a que —entre todos los habitantes de sus Estados— el monarca es el único que tiene una patria. ¿Acaso no es él el soberano, por lo menos de hecho? ¿Acaso no ocupa el lugar del pueblo? ¿Qué es la patria sino el país en que todo ciudadano es partícipe de la soberanía? Como consecuencia del mismo principio, en los Estados aristocráticos, la patria sólo significa algo para las familias patricias que han usurpado la soberanía. Únicamente en un régimen democrático el Estado es verdaderamente la patria de todos los individuos que lo componen y puede contar con tantos defensores interesados en su causa, como ciudadanos haya en su seno.

Este es el origen de la superioridad de los pueblos libres sobre los demás. Si Atenas y Esparta triunfaron sobre los tiranos de Asia, y los suizos sobre los tiranos de España y de Austria fue debido a esta superioridad de pueblos libres.

Pero los franceses son el primer pueblo del mundo que han instaurado la verdadera Democracia, concediendo a todas las personas la igualdad y la plenitud de los derechos del ciudadano. Esta es, en mi opinión, la verdadera razón por la cual todos los tiranos aliados contra la República serán vencidos.

Hay que sacar grandes consecuencias de los principios que hemos expuesto.

Dado que el alma de la República es la virtud, la igualdad, y dado que vuestro objetivo es fundar y consolidar la República, es evidente que la primera norma de vuestra conducta política debe ser dirigir todas las obras al mantenimiento de la igualdad y al desarrollo de la virtud; puesto que la principal preocupación del legislador debe ser la de fortificar el principio sobre el que se basa su poder de gobierno. Así pues, todo aquello que tienda a aumentar el amor a la patria, a purificar las costumbres, a elevar los espíritus, a dirigir las pasiones del corazón humano hacia el interés público, deben ser adoptadas e instauradas. Mientras que todas las cosas que tiendan a concentrar las pasiones en la abyección del yo personal, a resucitar el interés por las pequeñas causas y el desprecio por las grandes deben ser rechazadas o reprimidas.

En el sistema instaurado por la Revolución Francesa, todo lo inmoral es contrario a la política, todo acto corruptor es contrarrevolucionario.

La debilidad, los vicios, los prejuicios son el camino hacia la monarquía.

Quizá, arrastrados demasiado a menudo por el peso de nuestras antiguas costumbres, al igual que por la inclinación insensible de la debilidad humana hacia ideas falsas y hacia sentimientos pusilánimes, debemos defendernos, no tanto de los excesos de vigor como de los excesos de debilidad. Quizá el mayor escollo que debamos evitar no sea ya el fervor del celo, sino más bien el relajamiento en obrar el bien y el temor a nuestro propio valor.

Apoyad, pues, sin cesar, la sagrada fuerza del gobierno republicano en vez de dejarla de la mano.

No creo necesario deciros que no pretendo justificar ningún exceso. Se puede abusar de los principios más sagrados. Corresponde al gobierno saber consultar las circunstancias, escoger el momento propicio y los medios idóneos; pues la manera con que se preparan las grandes cosas es una parte esencial del talento de realizarlas, de la misma manera que la sensatez es una parte de la virtud.

No pretendemos modelar la República Francesa según el ejemplo de Esparta; no queremos darle ni la austeridad ni la corrupción de los claustros. Os hemos presentado con toda su pureza el fundamento moral y político del gobierno popular. Tenéis, pues, una brújula que puede indicaros la ruta en medio de las tempestades de todas las pasiones y en medio del torbellino de todas las intrigas que os rodea. Tenéis la piedra de toque con la que podéis ensayar todas vuestras leyes, todas las proposiciones que se os hagan.

Comparándolas sin cesar con ese principio, a partir de ahora podréis evitar el escollo ordinario de las grandes asambleas: el peligro de sorpresas y de medidas precipitadas, incoherentes y contradictorias. Podréis dar a todas vuestras obras la complejidad, la unidad y la dignidad que deben distinguir a los representantes del primer pueblo del mundo.

No son las consecuencias fáciles del principio de democracia las que hay que explicar detalladamente, sino el principio simple y fecundo el que merece ser desarrollado.

La virtud republicana puede ser considerada en relación al pueblo y en relación al gobierno. Es necesaria en ambos casos. Pues, cuando el gobierno está privado de ella, queda una válvula de seguridad en la del pueblo; pero cuando el pueblo se corrompe, entonces la libertad se pierde para siempre.

Afortunadamente, la virtud es innata en el pueblo, a pesar de todos los prejuicios de los aristócratas.

Una nación está realmente corrompida cuando —después de haber perdido gradualmente su carácter y su libertad— pasa de la democracia a la aristocracia o a la monarquía. Se produce entonces la muerte del cuerpo político por decrepitud.

Cuando, después de cuatrocientos años de gloria, la avaricia consigue desterrar de Esparta las buenas costumbres, junto con las leyes de Licurgo, Agis [2] muere en vano para restaurarlas. Y Demóstenes clama contra Filipo, pero Filipo encuentra en los vicios de la Atenas degenerada abogados más elocuentes que Demóstenes. Todavía existe en Atenas una población tan numerosa como en tiempos de Milcíades y Aristides: pero ya no existen verdaderos atenienses. ¿Qué importa que Bruto haya matado al tirano? La tiranía sobrevive en los corazones y Roma sólo existe en Bruto.

Cuando, con prodigiosos esfuerzos de valor y de razón, un pueblo sabe romper las cadenas del despotismo para ofrecerlas como trofeos a la libertad; cuando, con la fuerza de su temperamento moral, escapa de los brazos de la muerte para recobrar todo el vigor de su juventud; cuando, alternativamente, sensible y fiero, intrépido y dócil, no puede ser detenido ni con bastiones inexpugnables, ni con los innumerables ejércitos de los tiranos armados en contra suyo, y cuando se detiene ante la imagen de la ley; cuando un pueblo no se eleva rápidamente a la altura de sus destinos, será por culpa de los que lo gobiernan.

Por otra parte se puede decir, en cierto sentido, que para amar la justicia y la igualdad, el pueblo no necesita una gran virtud: le basta con amarse a sí mismo.

Pero el magistrado -por el contrario- está obligado a inmolar sus intereses al interés del pueblo; y el orgullo del poder a la virtud de la igualdad. Es necesario que la ley sepa hablar con autoridad a los que son sus ejecutores.

Es necesario que el gobierno tenga fuerza para mantener unidas todas sus partes en armonía con la ley.

Si existe un cuerpo representativo, una autoridad principal constituida por el pueblo, a ella corresponde el deber de vigilar y reprimir incesantemente a todos los funcionarios públicos. Pero, ¿quién reprimirá esta autoridad sino su virtud personal?

Cuanto más elevada es la fuente de donde deriva el poder público, más pura tiene que ser. Es necesario que el cuerpo representativo empiece sometiendo, en su interior, todas las pasiones individuales a la pasión general por el bien público.

¡Afortunados los representantes que están unidos a la causa de la libertad, tanto por su gloria e interés como por sus deberes!

De todo cuanto precede deducimos una gran verdad: que el carácter del gobierno popular consiste en tener fe en el pueblo y en ser severo consigo mismo.

Todo el desarrollo de nuestra teoría podría limitarse a esto último si sólo tuvierais que gobernar la nave de la República en medio de la calma. Pero la tempestad ruge: y el momento de la Revolución en el que os encontráis impone otra tarea.

La gran pureza de los fundamentos de la Revolución Francesa, la sublime condición de su objeto es precisamente lo que constituye nuestra fuerza y nuestra debilidad. Nuestra fuerza, porque nos da la superioridad de la verdad sobre la impostura, y de los derechos del interés público sobre los del interés particular. Nuestra debilidad, porque une contra nosotros a todos los hombres viciosos, a todos los que pretenden despojar al pueblo y a todos los que hubieran querido despojarlo impunemente; ya se trate de los que han rechazado la libertad como una calamidad personal, o bien de los que han abrazado la Revolución como un oficio y la República como una presa. De ahí la decepción de tantas personas ambiciosas o ávidas que, después del punto de partida, nos han abandonado en el camino porque no habían iniciado el viaje con nuestro mismo objetivo.

Se diría que los dos genios opuestos, que hemos representado disputándose el dominio de la naturaleza, combaten en esta gran época de la historia humana para fijar, definitivamente, el destino del mundo, y para que sea precisamente Francia el teatro de esta terrible lucha. En el exterior, los tiranos nos cercan; en el interior, los amigos de los tiranos conspiran: conspirarán hasta que al crimen le sea arrebatada toda esperanza.

Es necesario ahogar a los enemigos internos y externos de la República o perecer con ella. Así, en tal situación, la máxima principal de vuestra política deberá ser la de guiar al pueblo con la razón, y a los enemigos del pueblo con el terror.

Si la fuerza del gobierno popular es, en tiempo de paz, la virtud, la fuerza del gobierno popular en tiempo de revolución es, al mismo tiempo, la virtud y el terror. La virtud, sin la cual el terror es cosa funesta; el terror, sin el cual la virtud es impotente.

El terror no es otra cosa que la justicia expeditiva, severa inflexible: es, pues, una emanación de la virtud. Es mucho menos un principio contingente, que una consecuencia del principio general de la democracia aplicada a las necesidades más urgentes de la patria.

Se ha dicho que el terror era la fuerza del gobierno despótico. ¿Acaso vuestro terror se asemeja al del despotismo? Sí, como la espada que brilla en las manos de los héroes de la libertad se asemeja a la espada con la que están armados los esbirros de la tiranía. Que el déspota gobierne por el terror a sus súbditos embrutecidos. Como déspota, tiene razón. Domad con el terror a los enemigos de la libertad, y también vosotros, como fundadores de la República, tendréis razón.

El gobierno de la revolución es el despotismo de la libertad contra la tiranía. La fuerza no está hecha solamente para proteger el crimen. Está hecha también para fulminar las cabezas orgullosas.

La naturaleza impone a todo ser físico o moral, la obligación de procurar su conservación. El crimen mata la inocencia para reinar, y la inocencia se debate con todas sus fuerzas en las manos del crimen.

Si la tiranía reinase un solo día, a la mañana siguiente no quedaría ni un solo patriota.

Pero, ¿hasta cuándo el furor de los déspotas seguirá siendo llamado justicia, y la justicia del pueblo barbarie o rebelión? ¡Cuánta ternura hay para con los opresores y cuánta inflexibilidad para con los oprimidos!

Nada más natural: quien no odie el crimen, no puede de amar la virtud., Sin embargo, sucede que uno u otro sucumbe. “¡Indulgencia para los realistas! -gritaban algunos-. ¡Gracia para los infames!” ¡No: gracia para los inocentes, gracia para los débiles, gracia para los infelices, gracia para la humanidad!

Sólo se debe protección social a los ciudadanos pacíficos. Y en la República sólo son ciudadanos los republicanos. Y los realistas, los conspiradores no son para ella más que extranjeros, o más bien enemigos.

¿Acaso esta guerra que la libertad está sosteniendo contra la tiranía es indivisible? ¿Acaso los enemigos del interior no están aliados con los enemigos del exterior? ¿Acaso son menos culpables todos los asesinos que laceran la patria en el interior, los intrigantes que compran la conciencia de los mandatarios del pueblo, los traidores que la venden, los libelistas mercenarios a sueldo para deshonrar la causa del pueblo, para hacer morir la virtud pública, para atizar el fuego de las discordias, para prepapar la contrarrevolución política por medio de la contrarrevolución moral, acaso todos estos individuos son menos culpables o menos peligrosos que los tiranos a cuyo servicio están?

Todos aquellos que interponen su dulzura parricida entre estos infames y la espada vengadora de la justicia nacional, se asemejan a quienes se interponen entre los esbirros de los tiranos y las bayonetas de nuestros soldados.

Todos los esfuerzos de su falsa sensibilidad me parecen sólo suspiros hacia Inglaterra y hacia Austria.

Y si no, ¿por quién iban a sentir ternura? ¿Acaso de los doscientos mil héroes, la flor de la nación, caídos bajo el hierro de los enemigos de la libertad, o bajo los puñales de los asesinos monárquicos o federalistas? No, ciertamente: sólo eran plebeyos, sólo eran patriotas. Para merecer su tierno interés hay que ser por lo menos la viuda de un general que haya traicionado veinte veces a la patria; para obtener su indulgencia es casi necesario probar que se han hecho inmolar diez mil franceses, igual que un general romano que, para obtener el triunfo debía haber matado diez mil enemigos.

Es necesario tener la sangre fría para escuchar el relato de los horrores cometidos por los tiranos contra los defensores de la libertad. Nuestras mujeres horriblemente mutiladas; nuestros hijos matados en el seno de sus madres; nuestros prisioneros obligados a expiar con horribles tormentos su conmovedor y sublime heroísmo. ¡Y se osa denominar horrible carnicería el castigo -demasiado lento- de algunos monstruos que se han cebado con la sangre más pura de nuestra patria!

Sufren con paciencia la miseria de las ciudadanas generosas que han sacrificado sus hermanos, sus hijos y sus esposos a la más hermosa de las causas; pero prodigan los más generosos consuelos a las mujeres de los conspiradores. Admiten que pueden seducir impunemente a la justicia, patrocinar, en contra de la libertad, la causa de sus parientes y de sus cómplices. La han convertido casi en una corporación privilegiada, acreedora y pensionada por el pueblo.

¡Con cuánta credulidad seguimos siendo víctimas de las palabras! ¡La aristocracia y el moderantismo nos gobiernan todavía con las máximas asesinas que nos han dado!

La aristocracia se defiende mejor con sus intrigas que el patriotismo con sus servicios. Se pretende gobernar las revoluciones con las argucias de palacio; se tratan las conspiraciones contra la República como si fuesen procesos contra individuos privados. La tiranía mata y la libertad se lamenta; y el código que han hecho los mismos conspiradores es la ley con la que se los juzga.

Cuando se trata de la salvación de la patria, el testimonio de todo el universo no puede suplir la prueba testimonial, ni la misma evidencia puede suplir la prueba literal.

La lentitud de los juicios equivale a la impunidad; la incertidumbre de la pena estimula a todos los culpables. Y todavía se lamentan de la severidad de la justicia: ¡se lamentan por la detención de los enemigos de la República!

Buscan ejemplos en la historia de los tiranos porque no quieren cogerlos de la de los pueblos, ni extraerlos del genio de la libertad amenazada. En Roma, cuando el cónsul descubrió la conjura y la ahogó al instante con la muerte de los cómplices de Catilina, fue acusado de haber violado las formas; ¿y sabéis quién le acusó? El ambicioso César, quequería aumentar su partido con la horda de los conjurados, con Pisón, con Clodio y con todos los perversos ciudadanos, los cuales temían la virtud de un verdadero romano y la severidad de las leyes.

Castigad a los opresores de la humanidad: ¡esto es clemencia! Perdonarles sería barbarie. El rigor de los tiranos tiene como fundamento solamente el rigor: el del gobierno republicano tiene, por el contrario, el bienestar. Así pues, ¡ay de aquel que ose dirigir contra el pueblo el terror que sólo debe dirigirse contra sus enemigos! ¡Ay de aquel que —confundiendo los errores inevitables de la virtud cívica con los errores calculados de la perfidia o con los atentados de los conspiradores— olvida al peligroso intrigante para perseguir al ciudadano pacífico! ¡Perezca el infame que osa abusar del sagrado nombre de la libertad, o de las terrible armas que ésta le ha confiado para llevar el luto o la muerte al corazón de los patriotas!

Es indudable que semejante abuso ha tenido lugar. Sin duda alguna, ha sido exagerado por la aristocracia; y, sin embargo, aunque en toda la República sólo existiera un hombre virtuoso perseguido por los enemigos de la libertad, el gobierno tendría el deber de buscarlo con solicitud y de vengarlo clamorosamente.

Pero, ¿es necesario, concluir de estas persecuciones suscitadas contra los patriotas por el celo hipócrita de los contrarrevolucionarios, que debemos devolver la libertad a estos últimos y renunciar a toda severidad? No: estos nuevos crímenes de la aristocracia no hacen más que demostrar la necesidad de dicha severidad.

¿Qué prueba la audacia de nuestros enemigos sino la debilidad con que han sido perseguidos? Es debido en gran parte a la relajada doctrina que se ha predicado en estos últimos tiempos para tranquilizarles. Y si escucháseis esos consejos, vuestros enemigos conseguirían su objetivo y recibirían de vuestras propias manos el premio al último de sus crímenes.

¡Cuánta ligereza si consideraseis algunas victorias obtenidas por el patriotismo como el fin de todos nuestros peligros! Considerar nuestra situación real: descubriréis que la vigilancia y la energía os son, hoy, más necesarias que nunca. En todas partes existe un odio sordo que se levanta contra las medidas del gobierno. La fatal influencia de las cortes extranjeras no es, por el hecho de estar más ocultas, menos activa ni menos funesta. Se advierte que el crimen, intimidado, no ha hecho más que cubrir sus movimientos con una mayor habilidad.

Los enemigos internos del pueblo francés se han dividido en dos facciones, como en dos cuerpos de ejército. Marchan bajo banderas de colores diversos y por distintos caminos; pero todavía caminan hacia el mismo objetivo: la desorganización del gobierno popular, la ruina de la Convención, es decir, el triunfo de la tiranía.

Una de estas facciones nos empuja a la debilidad, la otra a los excesos. Una quiere convertir la libertad en bacante, la otra en prostituta.

Algunos intrigantes subalternos, y a menudo incluso buenos ciudadanos engañados, se alinean en uno u otro partido: pero los jefes pertenecen a la causa del rey o de la aristocracia y siempre se unen contra los patriotas. Los bribones —aun cuando se hacen la guerra entre sí se odian mucho menos de lo que detestan a la gente honesta. La patria es su presa; se combaten para dividírsela: pero se alían contra aquellos que la defienden.

A unos se les ha dado el nombre de moderados; posiblemente hay más argucia que exactitud en la denominación de «ultrarrevolucionarios» con la que se ha designado a los otros. Es esta una denominación que, mientras no pueda aplicarse en ningún caso a los hombres de buena fe que puedan ser conducidos, por el celo o por la ignorancia más allá de la sana política de la revolución, no caracteriza con exactitud a los hombres pérfidos a quienes la tiranía paga para comprometer, con actuaciones falsas o funestas, los sagrados principios de nuestra Revolución.

El falso revolucionario se encuentra quizá más a menudo entre los citra que entre los ultra de la revolución. Es un moderado o un fanático del patriotismo, según las circunstancias. Lo que pensará mañana depende hoy de los comités prusianos, ingleses, austríacos o incluso moscovitas. Se opone a las medidas enérgicas, pero las exagera cuando no puede impedirlas. Es severo con la inocencia, pero indulgente con el crimen. Incluso llega a acusar a los culpables que no son suficientemente ricos para comprar su silencio, ni suficientemente importantes para merecer su devoción; pero guarda de comprometerse hasta el punto de defender la virtud calumniada. Tal vez, descubre complots ya descubiertos, arranca la máscara a traidores ya desenmascarados o incluso decapitados; pero encomia a los traidores vivos y todavía acreditados. Es solícito en aceptar la opinión del momento, y hace todo lo posible para no analizarla y sobre todo para no obstaculizarla. Está siempre dispuesto a adoptar las medidas más arriesgadas a condición de que no tengan demasiados inconvenientes; calumnia las que no presentan más que ventajas, o bien les añade enmiendas que puedan hacerlas nocivas. Dice la verdad con parsimonia, y solamente cuando puede conquistar el derecho de mentir impunemente después. Destila el bien gota a gota y derrama el mal a torrentes; está lleno de fuego por las grandes resoluciones que ya no significan nada; pero es más que indiferente con las que pueden honrar la causa del pueblo y salvar a la patria. Da mucha importancia a las formas exteriores del patriotismo: aficionadísimo -igual que los devotos de los que se declara enemigo- a las prácticas exteriores; preferiría usar cien gorros frigios antes que hacer una buena acción.

¿Qué diferencia existe entre estas personas y las que llamáis “moderados”? Todos son criados del mismo amo, o bien, si queréis, cómplices que fingen estar en discordia entre sí para mejor enmascarar sus crímenes. Juzgadles no ya por la diversidad de lenguaje sino por la identidad de los resultados.

¿Acaso no están de acuerdo los que atacan la Convención Nacional con discursos insensatos y los que la engañan para comprometerla? Aquel que —con injustos rigores obliga al patriotismo a temer por sí mismo, es el mismo que después invoca la amnistía en favor de la aristocracia y de la traición.

Éste [3] llamaba a Francia a la conquista del mundo, mientras que no tenía más o bjetivo que estimular a los tiranos a la conquista de Francia. Aquel extranjero hipócrita [4], que desde hace cinco años proclama París como capital del globo, no hacía sino traducir a otra jerga los anatemas de los viles federalistas que destinaban a París a la destrucción.

Predicar el ateísmo es solamente una manera de absolver la superstición y de acusar a la filosofía. Y la guerra declarada contra la divinidad no es otra cosa que una diversión en favor de la Monarquía [5].

¿Qué otro sistema queda para poder combatir a la libertad? ¿Seguir el ejemplo de los primeros campeones de la aristocracia, que alaban las dulzuras de la esclavitud y los beneficios de la monarquía, o bien el genio sobrenatural del rey y sus incomparables virtudes? ¿O se proclamará la vanidad de los derechos del hombre y de los principios de la justicia eterna?

¿O se exhumará quizás a la nobleza y al clero, o se reclamarán los derechos de la alta burguesía a la doble sucesión? ¡No! Es mucho más cómodo, por el contrario, adoptar la máscara del patriotismo para desfigurar, con insolentes parodias, el drama sublime de la Revolución, para comprometer la causa de la libertad con una hipócrita moderación o con estudiadas extravagancias.

También la aristocracia se constituye en sociedades populares; el orgullo contrarrevolucionario oculta bajo harapos sus complots y sus puñales; el fanatismo destroza sus propios altares; el realismo canta las victorias de la República; la nobleza, oprimida por los recuerdos, abraza tiernamente la libertad para ahogarla; la tiranía, teñida con la sangre de los defensores de la libertad, arroja flores sobre sus tumbas.

Si todos los corazones no han cambiado todavía, ¡cuántos rostros se han enmascarado! ¡Cuántos traidores se inmiscuyen en nuestros asuntos para arruinarlos!

¿Queréis ponerlos a prueba? Pues bien, pedidles servicios efectivos en lugar de juramentos y declaraciones.

¿Hay que actuar? Ellos declaman. ¿Hay que deliberar? Ellos empiezan a actuar. ¿Los tiempos son pacíficos? Ellos se oponen a todo cambio útil. ¿Son tiempos, por el contrario, tempestuosos? Ellos hablan de reformarlo todo para transtornarlo todo. ¿Queréis reprimir a los sediciosos? Ellos os recordarán la clemencia de César. ¿Queréis arrancar a los patriotas de la persecución? Ellos os propondrán la firmeza de Bruto como modelo. Revelan que tal ciudadano es noble precisamente sirviendo a la República; pero no lo recuerdan cuando la traicionó.

¿Es útil la paz? Ellos os muestran las palmas de la victoria. ¿Es necesaria la guerra? Os muestran las dulzuras de la paz. ¿Hay que defender el territorio? Pretenden castigar a los tiranos más allá de nuestros montes y mares. ¿Es necesario recobrar nuestras fortalezas? Quieren asaltar las iglesias y escalar el cielo. Incluso olvidan a los austriacos para hacer la guerra a los devotos. ¿Hay que sostener nuestra causa con la fidelidad de los aliados? Claman contra todos los gobiernos del mundo y se proponen acusar al Gran Mogol. ¿El pueblo se dirige al Capitolio para dar gracias por sus victorias a los dioses? Entonan lúgubres cánticos por nuestras pasadas derrotas. ¿Hay que obtener nuevas victorias? Siembran entre nosotros el odio, las divisiones, las persecuciones y el desaliento. ¿Hay que hacer realidad la soberanía del pueblo y concentrar su fuerza con un gobierno fuerte y respetado? Consideran que los principios del gobierno ofenden la soberanía del pueblo. ¿Hay que reclamar los derechos del pueblo oprimido por el gobierno? No hablan más que del respeto por las leyes y de la obediencia debida a las autoridades constituidas.

Han encontrado un maravilloso expediente para secundar los esfuerzos del gobierno republicano: desorganizarlo, degradarlo completamente, hacer la guerra a los patriotas que han contribuido a nuestros éxitos. ¿Buscáis los medios para abastecer vuestros ejércitos? ¿Os preocupáis de arrebatar a la avaricia y al temor las subsistencias que ellos restringen? Gimen patrióticamente sobre la miseria pública y anuncian la carestía. Nuestro deseo de prevenir el mal es siempre, para ellos, un motivo para aumentarlo. En el Norte se han matado aves y se nos ha privado de huevos con el pretexto de que las aves comen demasiado grano. En el Midi se ha hablado de destruir los naranjos y las moreras por el pretexto de que la seda es un objeto de lujo y las naranjas una fruta superflua.

Jamás podríais imaginar determinados excesos cometidos por el contrario-rrevolucionarios hipócritas para deshonrar la causa de la Revolución. ¿Creeríais que, en países en donde la superstición ha ejercido mayor influencia, no contentos con sobrecargar las operaciones relativas al culto con todas las formas que podían hacerlas odiosas, han sembrado el terror entre el pueblo, propagando el rumor de que se iba a matar a todos los niños menores de dieciséis años y a todos los viejos mayores de setenta? ¿Y que este rumor ha sido difundido particularmente en la antigua Bretaña y en los departamentos del Rin y del Mosela? Éste es uno de los crímenes imputados al antiguo acusador público del Tribunal Penal de Estrasburgo [6] Los tiránicos desvaríos de este hombre hacen verosímil todo lo que se cuenta de Calígula y de Heliogábalo; pero todavía no podemos darles crédito ni siquiera delante de las pruebas. Llevaba su delirio hasta el punto de requisar a las mujeres para su uso personal: se asegura que ha empleado este procedimiento para casarse.

¿De dónde ha salido -súbitamente- todo este enjambre de extranjeros, de curas, de intrigantes de toda clase, que se ha extendido simultáneamente por la superficie de la República para ejecutar, en nombre de la filosofía, un plan de contrarrevolución que sólo ha podido ser detenido por la fuerza de la razón pública? ¡Concepción execrable, digna del genio de las cortes extranjeras, aliadas contra la libertad, y de la corrupción propia de todos los enemigos internos de la República!

Así ocurre que la intriga mezcla siempre a los milagros continuos operados por la virtud de un gran pueblo, la bajeza de sus tramas criminales, una bajeza, ordenada por los tiranos, que la hacen después materia de sus ridículos manifiestos, a fin de mantener al pueblo ignorante en el fango del oprobio y en las cadenas de la esclavitud.

Pero ¿qué mal pueden hacer a la libertad los crímenes de sus enemigos? ¿Acaso el sol, cuando queda oculto por una nube pasajera, deja de ser el astro que anima la naturaleza? ¿Acaso la impura escoria que el océano arroja sobre sus propias orillas le hacen menos grandioso?

En manos pérfidas, todo remedio a nuestros males se convierte en veneno: y así, todo aquello que podáis hacer, todo aquello que podáis decir, se volverá contra vosotros por su causa: incluso las verdades que acabamos de desarrollar.

Así, por ejemplo, después de haber diseminado por todas partes el germen de la guerra civil con el violento ataque a los principios religiosos, intentaron armar el fanatismo y la aristocracia con las mismas medidas que la sana política os ha aconsejado usar en favor de la libertad de cultos.

Si hubieseis dejado libre curso a la conspiración, ésta habría producido -antes o después- una reacción terrible y universal. Y si la hubieseis detenido, todavía hubieran tratado de sacar provecho de ello, difundiendo que protegéis a los curas y a los moderados. No debéis, pues, maravillaros si los autores de este sistema son los propios curas, precisamente los que han confesado más osadamente su charlatanería.

Si los patriotas -guiados por un celo puro pero irreflexivo- hubiesen sido las víctimas de sus intrigas, ellos lanzarían todas sus censuras sobre los patriotas; porque el primer punto de su maquiavélica doctrina es el de perder a la República perdiendo a los republicanos, así como se somete a un país destruyendo el ejército que lo defiende.

Podremos apreciar, de esta manera, uno de sus principios predilectos: considerar a los hombres como si no fuesen nada. Una máxima de origen monárquico, que significa que debemos entregarles todos los amigos de la libertad.

Hay que observar que el destino de los hombres que sólo buscan el bien público es el de ser víctimas de los que sólo buscan su propio bien. Esto tiene su origen en dos causas: la primera es que los intrigantes atacan con todos los vicios del viejo régimen; la segunda que los patriotas sólo se defienden con las virtudes del nuevo.

Tal situación interna debe pareceros digna de toda vuestra atención, sobre todo si reflexionáis que debéis combatir al mismo tiempo a los tiranos de Europa -es decir, un millón doscientos mil hombres armados que hay que mantener-, y que el gobierno está obligado a reparar constantemente, a fuerza de energía y de vigilancia, todos los males que la infinita multitud de nuestros enemigos nos han inflingido en el curso de cinco años.

¿Cuál es el remedio para todos estos males? No conocemos más que el desarrollo de la fuerza general de la República, que es la virtud. La democracia perece a causa de dos excesos: la actitud aristocrática de los que gobiernan; o bien, el desprecio del pueblo por la autoridad que él mismo ha constituido, desprecio que hace que cada camarilla y cada individuo atraiga hacia sí el poder público, y conduzca al pueblo, a través de los excesos del desorden, hacia el aniquilamiento, o bien hacia el poder de una sola persona.

La empresa combinada de los moderados y de los falsos revolucionarios consiste en agitarse perpetuamente entre estos dos escollos.

Pero los representantes del pueblo tienen la posibilidad de evitarlos: porque el gobierno es siempre dueño de ser justo y sabio; y cuando posee estas características, está seguro de la confianza del pueblo. Es cierto que el objetivo de todos nuestros enemigos consiste en disolver la Convención; es cierto, también, que el tirano de Gran Bretaña y sus aliados prometen a sus parlamentos y a sus súbditos arrebataros vuestra energía y la confianza popular que os ha merecido: tal es la primera instrucción que se ha dado a todos sus agentes.

Existe una verdad que debe considerarse obvia en política: un gran cuerpo investido con la confianza de un gran pueblo sólo puede perderse por sí mismo.

Vuestros enemigos no lo ignoran, así pues, no dudéis que ellos se dedican especialmente a resucitar entre vosotros todas las pasiones que puedan secundar sus siniestros planes.

¿Qué podrían contra la representación nacional si no llegasen a sorprenderla en algunos actos políticamente inoportunos que puedan servir de pretexto para sus criminales protestas?

Deben, pues, desear dos categorías de emisarios: unos, que tratarán de degradar la representación nacional con sus discursos; otros, que, en su seno, se ingeniarán para engañarla a fin de comprometer su gloria y los intereses de la República.

Para atacarla con éxito, sería útil dar comienzo a la guerra civil contra los representantes de los departamentos que se habían hecho dignos de vuestra confianza y contra el Comité de Salud Pública. Y ya han sido atacados de esta manera por hombres que parecían combatir entre sí.

¿Qué mejor cosa podía hacer que paralizar el gobierno de la Convención y quebrantar todas sus fuerzas, precisamente en el momento decisivo para la suerte de la República y de los tiranos? ¡Alejemos de nosotros la idea de que pueda haber en nuestro seno un hombre tan vil como para servir a la causa de los tiranos! ¡Alejemos todavía más el crimen -que no será perdonado- deengañar a la Convención Nacional y de traicionar al pueblo francés con un culpable silencio! Porque existe algo bueno para un pueblo libre: la verdad -que es el azote de los déspotas-, es siempre su fuerza y su salvación.

Ahora bien, es cierto que todavía existe un peligro para nuestra libertad, el único peligro serio -quizá- que le queda por correr. Este peligro es un plan -que en verdad ha existido- de reunir a todos los enemigos de la República, resucitando el espíritu partidista; un plan de perseguir a los patriotas, de desmoralizar, de arruinar a todos los representantes fieles al gobierno republicano, de hacer que falten las partes más esenciales del servicio público. Se ha querido engañar a la Convención Nacional acerca de los hombres y de las cosas; se ha querido engañarla acerca de las causas de los abusos que se han exagerado con el fin de hacerlos irremediables; se ha intentado llenarla de falsos temores para desviarla o para paralizarla; se pretende dividirla. Se ha intentado, sobre todo, dividir a los representantes enviados a los departamentos y al Comité de Salud Pública; se ha querido inducir a los primeros a contrariar las medidas de la autoridad central para crear el desorden y la confusión; se ha querido irritarlos, a su regreso, con el fin de convertirlos, sin que se dieran cuenta, en instrumentos de una confabulación. Los extranjeros aprovechan todas las pasiones individuales y consiguen simular un patriotismo abusado.

Al principio decidieron ir derechos al objetivo, calumniando al Comité de Salud Pública: esperaban que dicho Comité se hundiese bajo el peso de sus penosas funciones.

Pero la victoria y la fortuna del pueblo francés lo impidieron. Después de aquella época decidieron adularlo, paralizándolo y destruyendo el fruto de sus trabajos.

Todas estas vagas protestas contra los representantes de derecho del Comité; todos los proyectos de producir la desorganización, disfrazados con el nombre de reformas -ya rechazadas por la Convención- y reproducidas hoy con extraña ostentación; toda esta prisa para encomiar a ciertos intrigantes que el Comité de Salud Pública debió alejar; todo este terror inspirado a los buenos ciudadanos; toda esta indulgencia hacia favoritos y conspiradores; todo este sistema de imposturas y de intrigas, cuyo autor principal es un hombre a quien habéis apartado de vuestro seno[7] está dirigido contra la Convención Nacional y tiende a realizar los proyectos de todos los enemigos de Francia.

Después de la época en que este sistema había sido anunciado en los libelos y llevado a cabo en actos públicos, la Aristocracia y la Monarquía empezaron a levantar con insolencia la cabeza, y como consecuencia el patriotismo fue perseguido de nuevo en una parte de la República; después de esta época la autoridad nacional encontró una resistencia desacostumbrada.

Por otra parte, tales ataques indirectos aunque no hubiesen tenido más inconveniente que el de dividir la atención y la energía de aquellos que debían cargar con el inmenso peso que les habíais destinado, y de distraerlos -¡demasiado a menudo!- de las grandes empresas de salud pública para que se ocuparan de intrigas peligrosas, podrían ser considerados todavía como una diversión útil a nuestros enemigos.

Pero tranquilicémonos: aquí está el santuario de la verdad, aquí residen los fundadores de la República, los vengadores de la humanidad y los destructores de los tiranos. Aquí, para poder destruir un abuso, basta con indicarlo. En cuanto a ciertos consejos inspirados por el amor propio o por la debilidad de los individuos, nos basta con llamarlos, en nombre de la patria, a la virtud y a la gloria de la Convención Nacional.

Provocamos una solemne discusión sobre todos los objetos de sus inquietudes y acerca de todo lo que puede influir en el camino de la Revolución; conjuramos a la Convención Nacional para que no permita que ningún interés particular y oculto pueda usurpar la preeminencia de la Asamblea y el poder indestructible de la razón.

Nos limitaremos -hoy- a proponeros que consagréis con vuestra formal aprobación las verdades morales y políticas sobre las cuales debe basarse vuestra administración interna y la estabilidad de la República, así como consagrasteis los principios de vuestra conducta con respecto a los pueblos extranjeros. Podréis reunir a todos los buenos ciudadanos alrededor de esos principios, y así quitaréis toda esperanza a los conspiradores. De tal modo aseguraréis vuestro camino y sabréis confundir las intrigas y las calumnias del rey. Honraréis vuestra causa y vuestro carácter a los ojos de todos los pueblos.

Dad al pueblo francés esta nueva prueba de vuestro celo en proteger el patriotismo, de vuestra inflexible justicia hacia los culpables y de vuestra devoción a la causa del pueblo.

Ordenad que los principios de la moral política que acabamos de desarrollar sean proclamados en vuestro nombre dentro y fuera de la República.

___________________________________

[*] Maximilien de Robespierre (1758-1794) Abogado y político francés Nació en Arras (Francia). Hijo de un abogado que abandonó a la familia para marcharse a América, quedó huérfano de madre a los nueve años. Protegido por el obispo de su ciudad, pudo estudiar como becario en el colegio Luis el Grande de París y en la Escuela de Leyes. Tras graduarse en derecho, regresó a Arras dándose a conocer en los círculos ilustrados. Acérrimo defensor de las teorías sociales de Jean-Jacques Rousseau. Fue diputado de los Estados Generales que se convocaron en mayo de 1789, poco antes de que estallara la Revolución Francesa, y algún tiempo después sirvió en la Asamblea Nacional Constituyente, donde destacó por su brillante oratoria. Presidente del club jacobino, adquirió popularidad como defensor de las reformas democráticas. En agosto de 1792, fue elegido diputado de la Convención Nacional por París. Miembro del grupo de La Montaña, en mayo de 1793 y con el apoyo del pueblo de París consiguió que los girondinos fueran expulsados. En julio, ingresó en el Comité de Salvación Pública y no tardó en hacerse con el control del gobierno ante la falta de oposición. Secundado por el Comité, procedió a eliminar a todos aquéllos que consideraba enemigos de la revolución, tanto extremistas como moderados, con el propósito de restablecer el orden y reducir el peligro de una invasión exterior. Esta política creó el llamado Reinado del Terror. El 27 de julio de 1794 se le prohibió dirigirse a la Convención Nacional quedando bajo arresto, y el 28 de julio pasó por la guillotina junto con sus más próximos colaboradores, Louis Saint-Just, Georges Couthon y diecinueve de sus seguidores.

[1] El título completo de este discurso del 18 lluvioso, año II (5 de febrero de 1794), presentado en la sesión del 17 lluvioso, es: Sobre los principios de moral política que deben guiar a la Convención Nacional en la administración interna de la República.

[2] Rey de Esparta del siglo IV, que intentó restaurar las antiguas leyes de Licurgo.

[3] La persona a que se refiere es probablemente Danton.

[4] Se trata de Cloots.

[5] E1 ataque está dirigido contra Hébert y su propaganda de descristianización.

[6] El acusador del Tribunal Penal de Estrasburgo, a quien Robespierre se refiere, es Schneider.

[7] Se alude a Fabre d’Eglantine, cuya facción ya había sido acusada en la Convención Nacional

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El Bar “La Tranquilidad”. Barcelona

latranquilidad

El bar “LA TRANQUILIDAD” y el 19 de Julio de 1936 en el Paralelo

En enero de 1901 se acabó de construir un cobertizo en el que se abrió una taberna llamada La Tranquilidad, situada en la esquina de la avenida del Paralelo con la calle Conde del Asalto (ahora Nou de la Rambla), que hacia 1910 se trasladó al número 69 de la Avenida del Paralelo, al lado del actual teatro Victoria.

Desde principios de siglo varios cafés del Paralelo, especialmente el café Español y La Tranquilidad, se habían convertido en punto de encuentro habitual de anarquistas y sindicalistas, en cuyas mesas circulaban noticias y rumores, se discutían las respuestas armadas a los últimos ataques del Libre, Capitanía y la patronal, o se conspiraba clandestinamente. En las terrazas contiguas de los cafés Español, Concert Sevilla, Paralelo y Rosales, en la gran acera de la avenida Paralelo desde el número 64 al 80, entre las calles Ronda Sant Pau y Abad Safont, se debatía todo lo humano y divino, a menudo sin más trascendencia que el acaloramiento de la discusión entre hombres encendidos por sus ideales. Justo en la acera de enfrente, en el café La Tranquilidad, hallaban cobijo las ideologías más extremistas y se planificaba desde las respuestas más adecuadas a los ataques patronales hasta una insurrección armada o una huelga general. La paradoja del nombre del café-taberna con la realidad del ambiente que respiraban sus parroquianos no podía ser más radical, pues las continuas peleas, trifulcas, discusiones políticas, registros de la policía a la busca de elementos peligrosos o infractores del orden público, que a menudo acaban en tiroteo, no podían dar un mentís más sonoro al tan beatífico como inapropiado nombre del bar La Tranquilidad.

De 1918 a 1923, durante los años más duros del pistolerismo, entre la patronal y los sindicalistas del Único, eran frecuentes las rifas de “pipas” entre la clientela. La “pipa” no era un útil de madera para fumar, sino una Star para defenderse de los asesinos del Libre y de la policía de Martínez Anido. También era posible comprar una pistola por cuarenta y cinco pesetas que, en casos de confianza y necesidad inmediata, podía adquirirse a plazos de una peseta a la semana. Existía una provisión casi inagotable de Stars, fabricadas durante los años de la Gran Guerra para proveer al ejército francés, que a causa del descontrol del gobierno habían surtido abundantemente un próspero mercado negro. La pistola semiautomática Star, conocida como “la sindicalista” era la utilizada por los obreros del Sindicato Único (CNT), mientras la Browning era la predominante entre los asesinos del Sindicato Libre, el Somatén , las bandas parapoliciales y la policía, sin que estuviera demasiado claro los límites entre unos y otros, coordinados todos ellos por Capitanía y el jefe de policía, y generosamente

financiados por la patronal, en un clarísimo y descarado ejercicio de terrorismo de Estado, que alcanzó su máxima expresión en la práctica habitual de la “ley de fugas”.

La denominada ley de fugas consistía en acribillar a balazos a los prisioneros que se trasladaba o liberaba de la cárcel, excusándose en la fuga o provocación de los detenidos, e incluso en una sarcástica “ignorancia” de lo acaecido a las puertas de la prisión a los obreros que acababan de salir “libres” a la calle.

La Federación Patronal y el Fomento del Trabajo financiaron el terrorismo antiobrero que organizó el general Milans desde Capitanía, movilizando una legión de confidentes que elaboraron el fichero Lasarte, donde se recogía toda la información posible sobre los obreros que habían de ser controlados o eliminados.

La extrema violencia social, el terrorismo de Estado y las grandes bandas del crimen organizado de Bravo Portillo o Koening borraron los débiles límites que separaban la delincuencia común de la represión policial al servicio de la patronal. No se sabía bien donde empezaba la corrupción y la acción militar o policial, o donde acababan las competencias parapoliciales de las bandas criminales; cuando se estaba ante una organización patronal o la organización para la financiación de unos pistoleros; donde acababa el sindicalista, o el policía, y empezaba el delincuente; quien ejercía funciones represivas gubernamentales o simplemente la organización sistemática y brutal del asesinato de los obreros.

El 23 de febrero de 1923 Juan García Oliver, en una reunión realizada en el bar La Tranquilidad, con los delegados de varios grupos de afinidad anarquistas, expuso su táctica de la “gimnasia revolucionaria”, que fue aprobada con el nombramiento de un comité de coordinación, constituido por Aurelio Fernández y Ricardo Sanz. El 10 de marzo fue asesinado el dirigente cenetista Salvador Seguí, en la calle Cadena, a la salida del bar La Trona. En septiembre de 1923 el golpe de Estado de Primo de Rivera instauró una férrea dictadura que dio carta blanca al peor enemigo del movimiento obrero, Martínez Anido, que sumió a la CNT en la clandestinidad y una larga oscuridad.

Ya en los años treinta los activistas anarquistas hicieron de La Tranquilidad un asiduo lugar de encuentro nocturno de anarquistas y cenetistas, tras una jornada de trabajo. Tampoco era difícil encontrar en el mismo bar, a la hora del almuerzo, a los pistoleros hermanos Badía, futuros organizadores de la policía catalanista del Gobierno de la Generalidad y fanáticos anticenetistas, tragándose unas enormes ensaladas de cebolla y bebiendo de grandes porrones, con unas monumentales pistolas depositadas sobre la mesa, a modo de chulería y provocación antisindicalista.

Martí, el dueño del bar, era un antiguo militante cenetista, que permitía se sirvieran vasos de agua del grifo, y la permanencia ilimitada en las mesas, sin gasto alguno. Las redadas eran continuas y frecuentes, porque eran el primer lugar que la policía visitaba en caso de disturbios. En diciembre de 1933 Durruti fue detenido en el bar La Tranquilidad, ya que pocos días después de la insurrección del Alto Llobregat había concertado, muy ingenuamente, una reunión en la conocidísima taberna.

A las cuatro y media de la madrugada del 19 de Julio de 1936 las tropas del cuartel del Bruc, en Pedralbes, habían salido a la calle, dirigiéndose por la Avenida 14 de abril (hoy, Diagonal) hacia el centro de la ciudad. Los obreros, apostados en las inmediaciones de los cuarteles, tenían órdenes de dar el aviso y de no hostigar a los soldados hasta que no estuviesen ya muy alejados de los mismos. La táctica del Comité de Defensa Confederal había acordado que sería más fácil batir a la tropa en la calle que si permanecía atrincherada en los cuarteles.

A las cuatro y media de la madrugada del 19 de julio, el regimiento de caballería de Montesa, sito en la calle Tarragona, tras un tiroteo de unos veinte minutos con los guardias de asalto, ocupó la plaza de España, y se desplazó por la Gran Vía hasta la plaza Universidad, y las Rondas de San Antonio, de San Pablo y el Paralelo, con la misión de enlazar con Atarazanas y la División. El primer escuadrón ocupó la plaza de

España con una sección de ametralladoras, confraternizando con los guardias de asalto del cuartel, situado en esa misma plaza, entre Gran Vía y Paralelo, donde ahora se construye la central de los Mossos d´esquadra, en el edificio en el que durante muchos años se expedían los pasaportes. Los guardias de Asalto y el escuadrón de caballería acordaron un curioso pacto de no agresión, y en el transcurso de la mañana salieron del cuartel de asalto refuerzos hacia el Cinco de Oros y la Barceloneta, que no fueron molestados, al tiempo que éstos permitían el dominio de la plaza de España por los sublevados, y posteriormente el paso de una compañía de zapadores desde el cuartel de ingenieros del cuartel de Lepanto (que estaba situado a la altura de la actual plaza Cerdá), por la plaza de España y el Paralelo hasta las Dependencias Militares (actual Gobierno Militar), junto al monumento a Colón.

En la calle de Cruz Cubierta, a la altura de la alcaldía de Hostafranchs, el comité de defensa había levantado una barricada que cerraba la calle. Las tropas sublevadas disponían de dos piezas de artillería, emplazadas junto a la fuente, en el centro de la plaza de España, que habían llegado en camionetas desde el cuartel de los Docks. Los militares dispararon sobre esa barricada, errando al alza un disparo que destruyó un pequeño parapeto, levantado en la esquina de la calle de Riego, produciendo diecinueve bajas: ocho muertos y once heridos. En un escenario dantesco, con trozos de carne humana colgando de árboles, farolas y cables del tranvía, y la cabeza de una mujer decapitada, lanzada a setenta metros de distancia, los comités de defensa siguieron defendiendo la barricada.

El segundo escuadrón, con una sección de ametralladoras, al que se sumó un grupo de derechistas, fueron hostilizados en la calle Valencia, pero consiguieron su objetivo, que era el de dominar la plaza de la Universidad y ocupar el edificio universitario, en cuyas torres emplazaron ametralladoras.

El tercer escuadrón tenía por misión dominar el Paralelo, con el objetivo de enlazar el regimiento con Capitanía. Al llegar a la altura de la Brecha de San Pablo no pudieron superar una monumental barricada de adoquines y sacos terreros, que dibujaba un doble rectángulo, desde el quiosco sito frente a El Molino hasta el centro de la avenida del Paralelo, porque un intenso tiroteo les cerraba el paso. La tropa facciosa consiguió ocupar el sindicato de la Madera de la CNT en la calle del Rosal, y las barricadas, abandonadas por los militantes obreros porque los oficiales al mando amenazaron fusilar, allí mismo, a mujeres y niños del barrio. Los sublevados instalaron tres ametralladoras, una frente al bar La Tranquilidad (junto al Teatro Victoria), otra en el terrado del edifico colindante con El Molino, y la tercera en la barricada de la Brecha de San Pablo, que fueron empleadas a fondo contra el pueblo en armas.

Escofet, el comisario de orden público de la Generalidad, había perdido el control del Paralelo, porque la compañía de guardias de asalto, enviada desde la Barceloneta, había sido vencida y acorralada en el muelle de Baleares. Los facciosos habían obtenido una primera victoria, y dominaban todo el paseo de Colón, desde Correos hasta la Aduana, así como todo el Paralelo, lo que les permitía enlazar con plaza de España y el cuartel de la calle Tarragona. Eran las ocho de la mañana.

El tercer escuadrón había necesitado dos horas para tomar la barricada, defendida por el comité de defensa de Pueblo Seco y los militantes del sindicato de la madera. Pero los obreros seguían hostilizando a la tropa desde el otro lado de la Brecha, desde las terrazas de los edificios cercanos y desde todas las bocacalles. A las once de la mañana el tercer escuadrón había conseguido dominar todo el espacio de la Brecha, tras tres horas de combate.

El intento realizado por las tropas situadas en plaza de España de reforzar a sus compañeros de la Brecha había sido detenido a la altura del cine Avenida (Paralelo 122), por el tiroteo y acoso a que fueron sometidos, desde Paralelo/Tamarit. La creciente presión de los comités de defensa de Sants, Hostafrancs, Collblanc y La

Torrassa no sólo consiguió detener este avance, sino que acto seguido rodearon y atemorizaron a las tropas acampadas en la plaza de España.

Los anarquistas decidieron contraatacar en la Brecha indirectamente, desde Conde del Asalto (hoy Nou de la Rambla) y otros puntos, infructuosamente. Se sumaron a los asaltantes una decena de guardias de asalto que, aunque habían sido requeridos en el lugar por el oficial de Asalto que combatía con los militares sublevados, decidieron sumarse a las fuerzas populares. Poco después, los refuerzos procedentes de plaza del Teatro, tras asaltar el Hotel Falcón, desde donde habían sido tiroteados, se desplazaron desde las Ramblas por la calle de San Pablo, y tras pactar la neutralidad del cuartel de carabineros y vaciar la prisión de mujeres de Santa Amalia, llegaron por la calle de las Flores hasta la Ronda de San Pablo, batida desde la barricada del Paralelo por el fuego de la tropa facciosa.

Antonio Ortiz, con un pequeño grupo, que llevaba las cuatro ametralladoras tomadas en Atarazanas, logró cruzar al otro lado de la Ronda de San Pablo, construyendo rápidamente una barricada que les ponía al abrigo de los disparos de las tres ametralladoras instaladas en la Brecha. Tras subir al terrado, los anarquistas emplazaron sus ametralladoras en la azotea del bar Chicago (el mismo edificio es hoy oficina de la Caixa de Catalunya), que protegieron con sus ráfagas el asalto en tromba, y al unísono, directamente sobre la Brecha, desde el café Pay-Pay en la calle San Pablo (frente a la iglesia románica), desde la calle de las Flores, desde la calle de las Tapias y desde ambos extremos de la calle Aldana.

El capitán que mandaba la tropa junto a la ametralladora, situada en mitad de la Brecha, fue abatido por los disparos de Francisco Ascaso, el más adelantado de los atacantes, que avanzaban corriendo temerariamente a la descubierta. Un teniente intentó revelar en el mando al capitán caído, para seguir resistiendo, pero fue abatido por un cabo de la propia tropa. Era el final del combate abierto en la calle. A mediodía la mayoría de soldados habían confraternizado con los cenetistas.

Los pocos combatientes que aún quedaban del tercer escuadrón se habían ido refugiando en el interior de El Molino, donde se rindieron hacia las dos de la tarde. En este punto crucial de la ciudad los anarquistas, entre los que se encontraban Francisco Ascaso, Juan García Oliver, Antonio Ortiz y Ricardo Sanz, habían derrotado al ejército, tras más de cinco horas de lucha. García Oliver no dejaba de gritar “¡sí que se puede con el ejército!”, mientras Ascaso blandía el fusil sobre su cabeza dando saltos de alegría. Entre los anónimos combatientes cenetistas victoriosos en la Brecha estaba el militante del sindicato único de la Madera Quico Sabaté, que años más tarde se convirtió en uno de los maquis más famosos y temidos.

La Brecha de San Pablo era el primer sitio de la ciudad donde la CNT y el pueblo en armas habían derrotado, sin apreciable ayuda ajena al proletariado, la sublevación del ejército; aunque no sería la última gesta revolucionaria de aquel día en Barcelona.

En treinta y dos horas el pueblo de Barcelona había vencido al ejército en toda la ciudad1. Casi todas las iglesias y conventos, algunas ya desde la noche del 19, volvieron a arder controladamente, o vieron como se encendían fogatas sacrófagas a sus puertas.

1 Para una descripción de la victoria proletaria del 19 de julio en toda la ciudad de Barcelona puede consultarse:

Guillamón, Agustín: Barricadas en Barcelona. Espartaco, Barcelona, 2007. [Relata también los enfrentamientos de las jornadas de mayo de 1937. Próxima edición en francés por Editions Cahiers Spartacus].

Lacruz, Francisco: El alzamiento, la revolución y el terror en Barcelona. Arysel, Barcelona, 1943. [Relato y testimonio de un guardia civil franquista].

Paz, Abel: Paradigma de una revolución (19 de julio de 1936, en Barcelona). Edición de la Asociación Internacional de Trabajadores, Choisy-le-roi, 1967. [Reeditado por Flor del Viento en 2005].

La sublevación militar había provocado una insurrección revolucionaria. El proletariado barcelonés estaba armado con los treinta mil fusiles de San Andrés. Escofet dimitió a finales de julio de su cargo de comisario de orden público, porque ya no podía garantizarlo. La sublevación militar y fascista, que contaba con la complicidad de la Iglesia, fracasó en casi toda España, creando como reacción una situación revolucionaria. La derrota del ejército por el proletariado en la “zona roja” había dinamitado el monopolio estatal de la violencia, brotando de la explosión una miríada de poderes locales, directamente asociados al ejercicio local de la violencia..

En realidad los líderes anarquistas no sabían qué hacer con el poder, ni entendían lo que era. Frente a la amenaza fascista, que había triunfado en media España, se impuso la consigna de unidad antifascista, de unión sagrada con la burguesía demócrata y republicana. Más que una dualidad de poderes entre Generalidad y Comité Central, se daba una duplicidad de poderes.

Hacia mediados de de agosto los comités superiores de la CNT ya habían decidido, en cuanto las condiciones lo hicieran posible, la disolución del Comité Central, que sería sustituido por unas comisiones de delegados antifascistas, coordinadas con el gobierno de la Generalidad. Pero entre tanto los comités, surgidos espontáneamente por doquier, imponían ya la nueva realidad política, social y económica surgida de la victoria insurreccional obrera sobre el ejército, y en Cataluña esos comités, en la fábrica o localmente, ejercían todo el poder.

Se abría en la ciudad una situación revolucionaria, con esperanzadoras posibilidades, que la guerra antifascista diluyó rápidamente en el seno de una tormenta contrarrevolucionaria. Luego, tras una terrible guerra de exterminio, hambre y bombardeos masivos, Barcelona vivió cuarenta años de “paz”, terror y fascismo, que pusieron en práctica un genocidio político del movimiento obrero, que quedó impune.

Hoy, en el número 69 de la avenida del Paralelo, encontramos un anodino bazar o supermercado en el que nada indica qué hubo allí en los años veinte y treinta: un bar llamado La Tranquilidad, frecuentado por sindicalistas y anarquistas. Nada recuerda que allí mismo los obreros barceloneses, organizados en la CNT, derrotaron al ejército faccioso y al fascismo.

La ausencia de una sencilla y barata placa certifica que Franco lo dejó todo bien atado. La omisión de cualquier homenaje o conmemoración, en la Brecha de San Pablo, a la hermosísima victoria del proletariado barcelonés sobre el ejército sublevado, atestigua la amnesia pactada durante la Transición entre franquistas y antifranquistas, y la interesada manipulación que los garantes del orden capitalista, de izquierda o de derecha, hacen de la historia del movimiento obrero.

Pero cuando pases frente a El Molino, recuérdalo y recuérdaselo a otros: ahí, en ese lugar, el 19 de julio de 1936 el pueblo de Barcelona derrotó al ejército y al fascismo. Ésa es la mejor placa y el mejor homenaje a nuestros abuelos. Y quizás el único que nos van a tolerar. Mejor la memoria de la guerra de clases, que una placa de metal oxidada.

Agustín Guillamón (2007)

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Regalos del Pepe Stalin

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Cuando Japón se rinde después de Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945, Mao y el PCCH se preparan para la guerra civil contra el Kuomintang , una vez aceptada la rendición de las fuerzas de ocupación japonesa, capturadas y desarmadas.

Stalin y los estalinista opositores a Mao dentro del PCCH se oponía al desarrollo de una guerra civil y que el PCCH tomara el poder, los “rusos” planteaban algo así como un “frente y un gobierno de amplia coalición democrática “ con el Kuomintang. (*) Moscu ya no estaba interesado  que la revolución comunista triunfara en China , sino en mantener buena relaciones con los yanquis , con los cuales en la Conferencia  de Yalta se habían repartido el mundo en áreas de influencias, USA estaba muy preocupado por los avances del ejercito rojo de Mao , al que habían ayudado y provisto de armas e instructores militares durante la guerra contra Japón, pero terminada la guerra temía que una revolución en China podría “desestabilizar” toda la región.

Finalmente en 1949 PCCH vence a los ejércitos del Kuomintang y Mao toma el poder y funda la República Popular China que rápidamente entra en conflicto con USA y las potencias capitalistas.

Mao viaja a Moscu, por primera vez en su vida, en busca de ayuda , se dice que Stalin lo recibió muy fríamente , de hecho algunos biógrafos de Mao afirman que el Gran Timonel temía por su vida. Después de muchas reuniones y deliberaciones muy tensa, chinos y soviéticos llegaron a un acuerdo, que incluía ayuda militar , tecnológica , económica y asesoramiento de parte de la URSS a cambio China se avenía a entregar una parte de sus territorios septentrional.

Como regalo de buena voluntad Stalin dio a Mao la lista de todos sus “colaboradores”, “camaradas” “agentes” que militaban en el PCCH y en el ejercito.

Miles de ellos fueros inmediatamente fusilados y otros miles fueron enviados a la cárcel o a campo de trabajo forzado. No seria ni la primera ni la ultima vez que el stalinismo soltara la mano o traicionara a “camaradas” o aliados, cuando los interese del Partido o del Estado soviético así lo requiriera.

(*) “El 14 de agosto de 1945 la Unión Soviética dio un paso más. Negoció con el gobierno Chiang Kai-shek un Tratado de Amistad y Alianza Chino-soviética. Posteriormente Stalin aconsejó a los comunistas chinos que su insurrección ‘no tenía perspectiva’, por tanto deberían unirse al gobierno de Chiang y disolver su ejército. El mismo día que los nacionalistas concluían su tratado con la Unión Soviética, Chiang Kai-shek – ante la petición del general Hurley- invitó a Mao Tse-tung a visitar Chungking para mantener una conversación conjunta”. (Edward E. Rice. Mao’s Way)

Julio Cayo

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El oficio de Rey

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El 14 de marzo de 1912, mientras el rey Víctor Manuel III de Italia y la reina Elena iban del Palacio del Quirinal hacia el Panteón para asistir a una misa fúnebre en memoria del rey Humberto I de Italia, que había sido muerto por Gaetano Bresci (*), otro anarquista, Antonio De Alba, al acecho entre las columnas del Palazzo Salviati, dice la historia,  disparó dos tiros de pistola al paso de la carroza real. El atentado dejó al soberano indemne, pero hirió al Mayor de coraceros Giovanni Lang y el caballo
del Brigadier Marri que eran parte de la escolta. Capturado por la gente que lo intentó linchar, De Alba fue inmediatamente detenido.

Los diputados del Partido Socialista Italiano, Bonomi, Bissolati y Cabrini felicitan al Rey por haber escapado ileso del atentado. Mussolini, que es parte de el ala izquierda del PSI, exige la expulsión de esos diputados del Partido por que considera que  los atentados forman parte del oficio de Rey.

(*) El padre de Victor Manuel III , fue muerto por Gaetano Bresci en venganza  por la Masacre de Bava Beccaris,( 5 de mayo de 1898 , Milano) donde el ejercito italiano masacro a más de 300 obreros que manifestaban en medio de una huelga a causa de la carestía de la vida , las tropas del ejercito al mando del General Fiorenzo Bava Beccaris usaron inclusive artillería contra la movilización obrera.

Julio Cayo

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Mujeres en la Comuna de Paris

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Carta al intendente de Montmartre, Georges Clemenceau
Señor:
Nuestro Comité Republicano de Vigilancia (femenino) del 18º
desea desempeñar su papel en nuestra patriótica tarea.
Dada la pobreza de la gente y que ya no puede soportar la visión de niños de pecho que se están muriendo de hambre, le pido a Usted que tome las siguientes medidas:
Llevar a cabo una inmediata encuesta en cada casa del 18º distrito
para determinar la cantidad de ancianos, enfermos y niños.
Requisar inmediatamente todos los edificios abandonados en el 18º distrito para dar abrigo a los ciudadanos que carecen de techo y organizar albergues donde los niños puedan ser alimentados.
Que todo el vino y el carbón en los sótanos de las casas abandonadas
se ponga inmediatamente a disposición de los débiles y enfermos.
La completa abolición en el 18º distrito de todos los burdeles y casas de
trabajo para muchachas jóvenes.

Que se fundan las campanas de Montmartre para hacer cañones.
Louise Michel,
Presidenta en funciones
Calle Oudot, 24, Montmartre.

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Sobre los derechos de las mujeres
En 1870, la primera organización pro derechos de las mujeres comenzó
a reunirse en la calle Thevenot. En las reuniones de este grupo, y en otras reuniones, los hombres más avanzados aplaudían la idea de la igualdad. Noté –ya lo había visto antes, y lo vería después– que los hombres, independientemente de sus declaraciones,
aunque pudiese parecer que nos apoyaban, se contentaban
siempre con la mera apariencia. Esto se debía a la costumbre y a la fuerza de antiguos prejuicios, y me convenció de que nosotras las mujeres debemos simplemente ocupar nuestro lugar sin rogar por ello…
El tema de los derechos políticos esta agotado. Igualdad de educación,
igualdad en el trabajo, de modo que la prostitución no fuese la única profesión lucrativa disponible para las mujeres, esto es lo que era real en nuestro programa.
Los revolucionarios rusos tienen razón: la evolución ha terminado y ahora hace falta la revolución o la mariposa morirá en su capullo.
Se podían hallar mujeres heroicas en todas las clases sociales. En la escuela profesional se reunían mujeres de todos los niveles sociales, y todas preferirían la muerte a la rendición. Organizaron la Sociedad de Ayuda a las Víctimas de la Guerra. Entregaban sus recursos
lo mejor que podían, mientras exigían que París resistiera y siguiera resistiendo el asedio prusiano…
Más tarde, cuando me apresaron, la primera visita que recibí fue la de
madame Meurice, de la Sociedad de Ayuda a las Víctimas de la Guerra. Durante mi último juicio, detrás de los espectadores cuidadosamente seleccionados, entre quienes habían logrado deslizarse dentro, divisé los ojos resplandecientes de otras dos mujeres que habían sido miembros de la sociedad.
Saludo a todas estas valientes mujeres de la vanguardia que fueron llevadas de grupo en grupo: el Comité de Vigilancia Femenino, las asociaciones femeninas, y más tarde la Liga de las Mujeres. El viejo mundo ha de temer el día en que estas mujeres decidan que ya han tenido bastante. Estas mujeres no flaquearán.
La fortaleza ha encontrado su refugio en ellas. iCuidado con ellas!
Cuidado con quienes hacen ondear por toda Europa la bandera de la
libertad, y cuidado con la más pacífica hija de Galia que duerme hoy en la profunda resignación de los campos. Cuidado con las mujeres cuando se sienten asqueadas de todo lo que las rodea y se sublevan contra el viejo mundo. Ese día nacerá el mundo nuevo.
Tomado de: The Red Virgin: Memoirs of Louise Michel
Extractos de la Primera Parte, X-XIV.

Llamamiento a las mujeres ciudadanas de París
Mujeres Parisinas (11 de abril, 1871)
…La locura fratricida que se ha apoderado de Francia, este duelo a muerte, es el acto final en el eterno antagonismo entre el derecho y el poder, la fuerza del trabajo y la explotación, el pueblo y sus tiranos.
Las clases privilegiadas del actual orden social son nuestras enemigas;
quienes han vivido de nuestro trabajo, prosperando merced a nuestra miseria.
Ellos han visto que el pueblo se alza exigiendo: “¡No más obligaciones
sin derechos! ¡No más derechos sin obligaciones! Queremos trabajar, pero también deseamos el producto de nuestro trabajo. No más explotadores. No más jefes. Trabajo y seguridad para todos. El pueblo ha de gobernarse a sí mismo.
Deseamos la Comuna; deseamos vivir en libertad o morir luchando por ella”…
Mujeres de París, la hora decisiva ha llegado. iEI viejo mundo tiene que
acabar! i Queremos ser libres! Y Francia no se ha alzado sola. Las naciones civilizadas del mundo entero tienen sus ojos puestos en París. Están esperando nuestra victoria para liberarse ellas a su vez…
Un grupo de mujeres parisinas

Nota:

Invitamos a las mujeres patrióticas a reunirse hoy, martes 11 de abril, para tomar medidas concretas sobre la creación de comités en cada distrito a fin de organizar un movimiento femenino para la defensa de París, en caso de que la reacción y sus gendarmes traten de apoderarse de la ciudad.
¡Necesitamos la colaboración activa de todas las mujeres de París que
comprendan que la salvación de nuestra capital depende de los resultados de este conflicto; que sepan que el actual orden social lleva en sí el germen de la pobreza y la muerte de la libertad y la justicia; que saluden por lo tanto el advenimiento del reino de trabajo y de igualdad y estén preparadas para luchar a la hora de la verdad y morir por el triunfo de esta revolución por la que sus hermanos están sacrificando sus vidas!
Tomado de Journal Officiel (Comuna). 11 de abril, 1871.

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El Foro Económico Mundial señala las 10 tecnologías emergentes

La inteligencia artificial, el Internet de las cosas, los coches sin conductor o las baterías de nueva generación están a punto de cambiar el mundo.

 

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El Foro Económico Mundial ha elaborado una lista de las 10 principales tecnologías emergentes que cambiarán nuestras vidas. La lista incluye nanosensores que circularán a través del cuerpo humano, una batería que será capaz de alimentar a toda una ciudad y la inteligencia artificial con conciencia social que hará un seguimiento de nuestras finanzas y salud. Estos no son visiones lejanas, según el Foro. Son tecnologías que están a punto de tener un impacto significativo.

“Explorar el horizonte de las tecnologías emergentes es crucial para mantenerse al tanto de los acontecimientos que pueden transformar radicalmente nuestro mundo, permitiendo un  análisis de expertos a tiempo para prepararse para estas tecnologías disruptoras”, comentó Bernard Meyerson, presidente del Consejo del Foro Económico Mundial, que ha compilado la lista del top 10 de tecnologías emergentes de 2016. “La comunidad mundial debe unirse y ponerse de acuerdo sobre principios comunes si nuestra sociedad quiere aprovechar los beneficios y la cobertura de los riesgos de estas tecnologías”.

El Foro Económico Mundial es una organización no lucrativa con sede en Suiza, que se centra en mejorar el estado del mundo mediante la cooperación pública y privada. Meyerson, que también es el jefe de innovación de IBM, indicó en un comunicado que uno de los criterios clave para que  una tecnología entre en la lista del Top 10 de este año es que su despliegue debe estar en un punto de inflexión.

Algunas de las tecnologías, como los vehículo autónomo, han estado en desarrollo desde hace algún tiempo y ahora se encuentran en un punto en el que su “impacto se puede sentir de manera significativa”.

Aquí está la lista del Top 10 del Foro para 2016:

1. Nanosensores e Internet de Nanothings

El foro anticipa que con el Internet de las cosas se espera alcanzar los 30.000 millones de dispositivos conectados para el año 2020, el IoT será una de las áreas más interesantes de la tecnología. El informe señala que los nanosensores, probablemente, se encontrarán trabajando en todo, desde el cuerpo humano hasta en paredes y muebles, y serán utilizados en las industrias incluyendo la arquitectura, la agricultura, la salud y los productos farmacéuticos.

2. La próxima generación de baterías

Esta tecnología podría ser la clave para avanzar en gran medida en la energía renovable, según el informe. Mediante el uso de sodio, aluminio y baterías a base de zinc, junto con las soluciones avanzadas de almacenamiento de energía, podría permitir a mini-redes proporcionar energía limpia para todo un pueblo o una ciudad pequeña.

3. Blockchain

Esta tecnología sirve como un libro de contabilidad pública de todas las transacciones Bitcoin realizadas. En orden cronológico, el libro tiene el “potencial para cambiar fundamentalmente la forma en que funcionan los mercados y los gobiernos”, informó el foro. El proyecto recibió  mil millones de dólares en inversiones el año pasado.

4. Los materiales 2D

Mientras que la impresión 3D está recibiendo mucha atención, el foro sostiene que las capas de materiales de un solo átomo, como el grafeno, se pueden utilizar en productos como filtros de aire y agua, wearables y baterías.

5. Vehículos autónomos

Con Google liderando la carga en el desarrollo y pruebas en carretera  de vehículos sin conductor, ha habido un creciente nivel de interés en la tecnología que pronto conducirán los mayores. El foro también citó el potencial de esta tecnología para salvar vidas, reducir la contaminación y mejorar las economías.

6. Órganos en chips

Los investigadores han desarrollado modelos de órganos humanos “del tamaño de un lápiz de memoria”, y el trabajo podría “revolucionar la investigación médica y el descubrimiento de fármacos”, según el foro. Los órganos en miniatura se podrían utilizar para estudiar comportamientos biológicos en formas en que antes no había sido posible.

7. Células solares perovskita

Los materiales de perovskita – minerales y cerámicas con una estructura cristalina específica – tienen importantes ventajas sobre las células solares de silicio tradicionales. Estos materiales, de acuerdo con el informe, son más fáciles de producir y generan energía de manera más eficiente. Estas son grandes ventajas para una industria que esté tratando de producir energía renovable y limpia.

8. Ecosistema IA abierto

Las enormes cantidades de datos disponibles, combinadas con los últimos algoritmos para la conciencia social y el procesamiento del lenguaje natural, significarán el desarrollo de asistentes digitales inteligentes que pueden ayudar a los usuarios a seguir sus finanzas y salud.

9. La optogenética

La optogenética es la capacidad de usar la luz para controlar células en el tejido vivo. El informe señala que los científicos han estado utilizando la luz y el color para interactuar con las neuronas en el cerebro. Sin embargo, los avances recientes están consiguiendo llevar la luz más profundamente al  tejido vivo del cerebro, lo que podría conducir a nuevos tratamientos para los trastornos cerebrales.

10. Sistemas de ingeniería metabólica

Con los problemas del medio ambiente y los recursos limitados de combustibles fósiles, los científicos han estado trabajando para crear combustibles, productos químicos y materiales de fuentes renovables, como las plantas. El foro sostiene que mediante el uso de las plantas, estos productos se pueden hacer a menor costo y con mayor facilidad.

Mientras que los analistas de la industria discutirán sobre algunos temas específicos de la lista, la mayoría las calificó como un grupo general de tecnologías líderes emergentes. “Es una incógnita qué tecnologías demostrarán ser cambiadoras del juego en el futuro”, señaló Dan Olds, analista de The Gabriel Consulting Group. “Además, hay un montón de nuevas tecnologías importantes que aún están por debajo del radar. Dicho esto, creo que el Foro Económico Mundial hizo un muy buen trabajo en dejar su lista de las mejores tecnologías en sólo 10. ” Olds también cuestionó si una tecnología como los órganos en un chip está lo suficientemente cerca como para considerar que está en un punto de inflexión. “Podría argumentar que un par de sus elecciones, como los órganos en un chip, están aún un poco lejos, mientras que otras tecnologías como los coches autónomos, están mucho más cerca de ofrecer beneficios”, indicó. “La lista es también, por necesidad, general, debido a que estamos hablando de áreas de investigación y avances en lugar de productos innovadores específicos. Con esto en mente, no puedo encontrar nada importante que dejaran fuera de la lista”.

Jeff Kagan, analista independiente de la industria, califica la lista como interesante, pero cuestionó la rapidez con la que estas tecnologías se podrán aplicar en el mundo real. “La verdadera pregunta es si alguna de estas que serán tecnologías líderes avanzarán,” comentó. “Yo diría que muchas, si no la mayoría de estas ideas seguirán estando en las etapas de desarrollo, en el mejor de los casos, durante los próximos años … En pocas palabras, el mundo entero está en transición”.

Las que no están

La inteligencia artificial (IA) se considera como una de las tecnologías emergentes más interesantes. “Tiene la capacidad de cambiar casi todos los factores de nuestra vida, desde el transporte hasta la educación, desde el funcionamiento eficiente de las ciudades hasta mejorar la asistencia sanitaria”, señaló Patrick Moorhead, analista de Moor Insights & Strategy.

El analista añadió que estaba sorprendido de que la realidad virtual y aumentada no estuvieran en la lista. “Deberían estar en la lista porque significan un modelo completamente nuevo de interacción para los dispositivos de computación”, explicó Moorhead. “Nos encontramos en un punto de inflexión con la realidad aumentada y la realidad virtual, porque ahora sabemos lo que hay que hacer. Lo que no necesitamos es más investigación para averiguar los próximos pasos que hay que tomar en los desarrollos”.

Ezra Gottheil, analista de Technology Business Research, aseguró que está emocionado con la inteligencia artificial, pero está particularmente ansioso por ver cómo los vehículos autónomos se manifiestan en los próximos años.  “Estoy muy contento con la llegada de los vehículos autónomos porque tengo 66 años”, agregó. “Si vivo más tiempo, podré conducir, esto sería muy importante para mí. Ya están en las calles de Palo Alto, California. Se están viendo sorprendentemente pronto, entre cinco y 10 años… Piense en Uber sin conductores”.

Fuente:  Computerworld

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Written evidence submitted by Google DeepMind (ROB0062)

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1. Introduction

 

1.1 Google DeepMind makes this submission to the committee as part of the inquiry on artificial intelligence and robotics. We write with reference to all four parts covered in the committee’s terms of reference.

 

1.2 We welcome the Science and Technology Committee’s inquiry into the potential of artificial intelligence to benefit the United Kingdom, and appreciate the opportunity to provide input based on our experience.

 

1.3 Google DeepMind is a British artificial intelligence company founded by Demis Hassabis, Shane Legg and Mustafa Suleyman in 2010. The algorithms we build are capable of learning for themselves directly from raw experience or data, and are designed to be ‘general’ in that they can perform well across a wide variety of tasks straight out of the box. Our world-class team consists of many renowned machine learning experts in their respective fields including, but not limited to, deep neural networks, reinforcement learning and systems neuroscience. While the Committee’s inquiry is looking at both AI and robotics, we will focus purely on the former and not on robotics as that is not our area of expertise.

 

1.4 In the announcement of this inquiry, mention was made of the recent historic Go match between the World Champion Lee Sedol and our program AlphaGo. The game of Go is the most complex game mankind has devised, and was widely viewed as an unsolved “grand challenge” for artificial intelligence. Despite decades of work, the strongest computer Go programs still only played at the level of human amateurs. On 28th January 2016, we published a Nature paper that describes the inner workings of AlphaGo. This program was based on general-purpose AI methods, using deep neural networks to mimic expert players, and further improving the program through learning from games played against itself.

 

1.5 The most important thing about AlphaGo is not so much what it does, but the way it does it. Although the AlphaGo system can’t for the moment do anything besides play Go, our plan is to extend the techniques developed in the process to one day be applied to important real-world problems that are similarly complex and long range (e.g. climate modelling or complex disease analysis). Artificial intelligence, with the right approach, will be able to make significant leaps in what we as a society are able to achieve, especially as we grapple with increasing volumes and complexity of data sets. It is the opportunity to complement and enhance our human decision-making that offers the most potential for benefit in the long term.

 

 

2. The implications of robotics and artificial intelligence on the future UK workforce and job market, and the Government’s preparation for the shift in the UK skills base and training that this may require.

 

2.1 The advent of new technologies has always helped shape the employment landscape, and we should expect that increased use of AI and machine learning will be no different. In many sectors, machine intelligence will augment and enhance the work that people do, enabling them to be more effective in the same roles. As with all technological innovation, we should expect that new areas of economic activity and employment will be made possible, and some types of work and some skills will decrease in relevance. It is important that government focus on investment in the digital and creative skills that will support a strong UK economy as these technologies develop and mature.

 

2.2 At this point one of the most important steps we must take is to ensure that current and future workforces are sufficiently skilled and well-versed in digital skills and technologies, particularly STEM subjects. The UK government has been proactive and vocal in support for digital education, such as introducing computer science into the curriculum from 2014[1] but it is important not to be complacent about the leaps that are needed.

 

2.3 A digital skills gap in the UK has been widely recognised by organisations including the British Chamber of Commerce[2], Tech UK[3], and the Tech Partnership[4]. Go ON UK produced a heatmap of geographical digital exclusion showing the highest levels of Basic Digital Skills are in Greater London (84%), Scotland and East Anglia (both 81%) with the lowest levels in Wales, where only 62% of adults have the five Basic Digital Skills they need.

 

2.4 We can address the digital skills gap by focussing on education, teacher supply, adult skills and digital inclusion. For example, while a renewed focus on coding in the curriculum is strongly welcomed, it is important also that teachers are fully trained in how to deliver it. Likewise, recruitment of teachers for non-core subjects such as computing is critical. Google has announced a partnership with Teach First to help support and train the next generation of Teach First computing teachers specifically to address the acute teacher shortage in this area, but the full scale of the problem will clearly need larger scale investment to tackle completely.

 

2.5 It is also important that the UK is able to harness the talents of the widest pool available, which means putting real effort into encouraging more women into technology, focussing on adult digital literacy as well as youth education, and enabling the next generation of entrepreneurs no matter their socio-economic background.

 

2.6 For example, it is clear that the technology industry faces a problem of gender disparity that can be traced back to the relatively small numbers of girls who take up STEM subjects at school and university. It is for this reason that Google DeepMind is working on a programme to encourage more women into machine learning, but initiatives like this alone are not enough. We welcome the work of Martha Lane Fox and Doteveryone in enabling technologies that advantage all British citizens.

 

 

3. The extent to which social and economic opportunities provided by emerging autonomous systems and artificial intelligence technologies are being exploited to deliver benefits to the UK.

 

3.1 As we detail below, the UK is a world-leader in artificial intelligence and machine learning, both academically and in industry, and the need to maintain and extend that lead is clearly in the interests of national economic prosperity at a macro level.

 

3.2 In everyday terms, the benefits of machine learning and AI are already being felt across many aspects of Google’s products that UK citizens find useful in their everyday lives, from translation tools to getting rid of spam from their email inbox and suggesting smart replies.

 

3.3 DeepMind’s mission is to solve intelligence and in doing so develop technologies that help society tackle some of its toughest problems, like science and healthcare. One of the key reasons it is hard to make progress on these big challenges is that even the smartest humans struggle to fully understand the relationships between cause and effect in these systems. Scientists are overwhelmed by the complexity of interacting factors and volume of information.  Machine intelligence may help to model and better understand this complexity, and in turn allow us to design more effective interventions.

 

3.4 However, this data is also narrower in scope than the rich diversity of human experience. It’s still going be many, many decades before AI can begin to factor in the kind of nuanced social and cultural context to its perceptions that humans rely upon to make reasoned judgements. This is why it’s important that we use AI as a tool to augment and enable human expertise and insight, rather than seeing AI as a replacement for human decision-making.

 

3.5 We envisage machine learning systems being designed as tools that complement and empower the smart and highly motivated experts working in such fields, by enabling efficient analysis of large volumes of data, extracting insights and providing humans with recommendations to take action. This could be in areas ranging from early diagnosis of disease, discovery of new medicines, advances in materials science or optimising use of energy and resources.

 

3.6 We strongly believe that technology interventions should be developed in conjunction with existing experts in the field, which is why DeepMind Health is working with clinicians to develop technologies that present timely information to clinicians and facilitate provision of care. Over time we envisage exploring healthcare technologies that make direct use of machine learning, but we wanted to start with relatively simple tools that clinicians felt could make a massive impact to patient care and in doing so prepare the ground for more sophisticated technologies where clinicians see the most benefit.

 

 

4. The extent to which the funding, research and innovation landscape facilitates the UK maintaining a position at the forefront of these technologies, and what measures the Government should take to assist further in these areas.

 

4.1 DeepMind was founded in the UK, which is now a world-leader in artificial intelligence research and stands to benefit significantly from continued progress and investment in this area. With further steps, the UK is poised to secure its place at the forefront of AI research and innovation. We make our recommendations below for continued investment in the research but in order for the AI that powers the apps we rely on everyday to continue to flourish there are also two core commodities needed: secure access to data for research and a secure serving infrastructure for that data.

 

Funding and research

4.2 We are a part of the UK’s artificial intelligence research community, which includes many leading centres of research at universities such as UCL, Oxford, Cambridge, Imperial, and Edinburgh, as well as new and innovative research bodies such as The Alan Turing Institute. We support and engage with the research community through PhD sponsorship[5], lectures, conferences and papers, to date we have listed over 60 publications on our website.

 

4.3 To support the UK research community, we recommend that government engage with cutting-edge researchers by convening an advisory panel of both academic and industry experts. This panel would determine research funding priorities and directions with an emphasis on transparency and accountability, and feed these through to research councils and other funding bodies.

 

4.4 As with funding of direct machine learning research, an advisory panel of machine learning experts should provide direction to educational institutions and funding bodies on broad investment in machine learning skills development.

 

4.5 The government should also consider funding for machine learning masters and PhD programmes at British universities, to encourage more research in the field and nurture the next generation of scientists who will help preserve the UK’s preeminent position. This funding could also include direct support for modules within programmes that train machine learning researchers in the ethics of data science and increasingly autonomous decision-making, to ensure that the pursuit of beneficial outcomes is embedded in the science of machine learning at every level.

Data

4.6 Machine learning technologies benefit not only from large volumes of data, but also the right types of data, for innovation and research. At DeepMind we have made extensive use of simulated environments allowing significant research without access to public datasets, and, where possible, funding research to produce more sophisticated and versatile simulated environments would support research progress.

 

4.7 In some research areas, simulation is difficult or intractable, and so open access to data is needed to enable successful research. The open data panel that Minister for the Cabinet Office, Rt Hon Matthew Hancock MP, has recently convened will be tackling open data questions. We support the work of this panel and sit on the steering group. We will continue to recommend measures that facilitate access to datasets, whilst protecting the rights of individuals to privacy and control over their data, and respecting the integrity and security of institutional data. It is vital to maintaining British leadership in machine learning research that the government does not lose momentum and continues to make firm commitments and progress towards a strong and innovative data policy.

 

4.8 Perhaps even more important are ensuring the highest standards of data security. Managing data securely is critical to being able to continue to improve the apps and services we all rely on with AI and machine learning. With UK citizens beginning to see the benefits of big data, data protection questions remain key to building and maintaining public trust, especially with a number of public services and organisations using different security protocols to share data. As secure and protected ways of providing data continue to evolve, government should play a significant role in supporting academic research into world-leading data security practices that would be widely adopted in the UK. Secure data will be one of the key foundations upon which success in AI research and innovation is built.

 

4.9 Further, the UK government should continue to maintain its public commitment[6] to ensuring that encryption standards are never weakened, something that the current Investigatory Powers Bill is not clear about, as this Committee has already noted[7]. As the Committee has also noted, further clarification is needed from Government to ensure that the UK remains a world-leader in the data security that is so pivotal to evolving technological innovation, especially AI and machine learning.

Infrastructure

4.10 The UK Digital Strategy document produced by the government recently rightly recognised that reliable and high quality broadband connections are vital for the ‘dynamic economy’, supporting growth and labour market participation in both rural and urban areas. Good broadband infrastructure is particularly important for the delivery of improved public services through technological innovations and so we welcome the government’s commitment to 100% broadband coverage but encourage them to go further and faster in delivering this to the whole of the UK.

 

4.11 For example, DeepMind Health, in partnership with the Royal Free Hospital, piloted a mobile app called ‘Streams’ which presents timely information that helps nurses and doctors detect cases of acute kidney injury (AKI).[8] A scheme like this, and potential others in future, will not be possible without world-class broadband facilities available in UK hospitals, and so we welcome the government’s commitment to 100% broadband coverage but encourage them to go further and faster in delivering this to the whole of the UK.

 

4.12 Our offices are based in The Knowledge Quarter, a world-class knowledge cluster in the heart of London that contains, amongst others, the British Library and Central St Martins.  It is also home to some of the world’s leading scientific institutions: Google DeepMind, The Francis Crick Institute and The Alan Turing Institute are all based in King’s Cross, allowing unrivalled opportunities for collaboration and learning. The government should consider how it can build on this success and increasing the number of science-led organisations in the King’s Cross area so that a scientific cluster is allowed to flourish.

 

5. The social, legal and ethical issues raised by developments in robotics and artificial intelligence technologies, and how they should be addressed.

 

5.1 As with all scientific research, ethical oversight is important. Developing innovative and beneficial real-world applications requires access to real-world data. This raises privacy, security and ethics issues which require attention both by the practitioner community and by government. The Data Steering Group convened by the Cabinet Office is doing valuable work in exploring the ethical landscape here, and DeepMind are participating in and supporting this effort. DeepMind also has our own internal ethics board of philosophers, lawyers and businesspeople.

 

5.2 We believe that graduate degrees within computer science should incorporate mandatory ethics courses along the same lines as the ethics training required for medical and legal qualifications, including training in the ethics of data science and algorithmic fairness.

 

5.3 There are also some real-world applications of these technologies that deserve early attention, in advance of their widespread development and use. For instance, we are concerned about the possible future role of AI in lethal autonomous weapons systems, and the implications for global stability and conflict reduction. We support a ban by international treaty on lethal autonomous weapons systems that select and locate targets and deploy lethal force against them without meaningful human control. We believe this is the best approach to averting the harmful consequences that would arise from the development and use of such weapons. We recommend the government support all efforts towards such a ban.

 

5.4 As indicated in the above section, there are also key ethical and safety concerns around the security of data. Secure access to data, protected by strong encryption, is critical to both current and future innovation.

 

5.5 Ultimately, as with any advanced technology, the impact of AI will reflect the values of those who build it. AI is a tool that we humans will design, control and direct. It is up to us all to direct that tool towards the common good. We at DeepMind are incredibly excited about the potential of this technology to bring benefits and opportunity to people’s lives.

 

May 2016

 

 

 

(1)National curriculum in England: computing programmes of study 2013

(2) BCC Workforce Survey 2014

(3) We’re Just Not Doing Enough – Working Together to meet the Digital Skills Challenge, Tech UK 2015

(4) Building the Talent Pipeline, Tech Partnership and Nesta, October 2015

(5) For example, in 2014 we announced a partnership with Oxford University including a donation to sponsor PhDs and a collaboration that enables DeepMind employees to lecture at the University, and students to intern at DeepMind https://www.cs.ox.ac.uk/news/847-full.html

(6) In response to a parliamentary petition, the Government stated in February 2016 that “The Government is not seeking to ban or limit encryption. The Government recognises the important role that encryption plays in keeping people’s personal data and intellectual property safe online.”

(7) Science and Technology Committee, Investigatory Powers Bill: technology issues

(8) AKI is a contributing factor in up to 20% of emergency hospital admissions as well as 40,000 deaths in the UK every year. Yet NHS England estimate that around 25%of cases are preventable. Using Streams has enabled doctors to review blood tests for patients at risk of AKI within seconds of them becoming available, often meaning earlier intervention and improved care.

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Un armagedón nuclear en estado de gestación en el sur de Asia

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Durante casi dos décadas, el lugar más peligroso sobre la Tierra ha sido, sin duda alguna, la frontera indo-pakistaní en Cachemira. No es precisamente imposible que una pequeña chispa de artillería y un intercambio de cohetes a través de esa frontera pueda –teniendo en cuenta las conocidas doctrinas militares de los dos vecinos dotados de armas nucleares- llevar de forma inexorable a una conflagración nuclear a gran escala. En tal caso, el resultado sería catastrófico. Además de causar la muerte de millones de indios y pakistaníes, esa guerra podría provocar un “invierno nuclear” a escala planetaria, lo que conllevaría niveles de sufrimiento y muerte que escaparían a nuestra comprensión.De forma alarmante, la competición nuclear entre India y Pakistán ha entrado ya en una fase escalofriante. Ese peligro se deriva de la decisión de Islamabad de desplegar armas nucleares tácticas de bajo rendimiento en sus puestos de operaciones avanzadas a lo largo de toda su frontera con la India para disuadir de una posible agresión de fuerzas invasoras con tanques. Pero aún más inquietante es que la decisión de lanzar un misil nuclear con un alcance entre 57 y 100 kilómetros va a depender de los comandantes locales. Este es un cambio peligroso de la práctica universal de investir de tal autoridad al oficial más importante del país. Tal situación no tiene paralelo en la carrera armamentística entre Washington y Moscú en la era de la Guerra Fría.

En lo que se refiere a las armas nucleares estratégicas de Pakistán, sus componentes están almacenados en diferentes lugares para ser ensamblados sólo tras una orden del líder del país. Por el contrario, los misiles nucleares tácticos se ensamblan previamente en una instalación nuclear y se envían a un puesto de avanzada para uso instantáneo. Además de los peligros inherentes a esta política, esas armas serían vulnerables a un mal uso por parte de un comandante canalla o si alguno de los muchos grupos militantes existentes en el país llegara a robarlas.

En el punto muerto nuclear entre los dos vecinos, los riesgos están constantemente al alza, como Aizaz Chaudhry, el principal burócrata del Ministerio de Asuntos Exteriores pakistaní, dejó claro recientemente. El despliegue de armas nucleares tácticas, explicó, significaba actuar como forma de “disuasión”, dada la doctrina militar de “Arranque en Frío” de la India, un supuesto plan de emergencia para castigar en gran medida a Pakistán por cualquier provocación inaceptable, como un ataque terrorista contra la India del que resultaran víctimas masivas.

Nueva Delhi se niega a reconocer la existencia de Arranque en Frío. Pero esas negativas son falsas. Ya en 2004 se estaba discutiendo esta doctrina, que implicaba la formación de ocho Grupos de Batalla Integrados (IBGs, por sus siglas en inglés) del tamaño de una división. Estos grupos constaban de infantería, artillería, blindados y apoyo aéreo, y cada uno podría operar de forma independiente en el campo de batalla. En caso de graves ataques terroristas de algún grupo con sede en Pakistán, estos IBGs responderían penetrando rápidamente en territorio pakistaní por puntos inesperados a lo largo de la frontera y no avanzarían en su interior más allá de 50 kilómetros, alterando las redes de control y mando militar aunque manteniéndose alejados de lugares desde donde pueda desencadenarse una represalia nuclear. Es decir, la India lleva mucho tiempo planificando las respuestas ante graves ataques terroristas con una acción militar convencional rápida y devastadora que infligiría sólo daños limitados, y así –en el mejor de los casos-, privar a Pakistán de justificación para una respuesta nuclear.

Islamabad, a su vez, ha estado planeando cómo disuadir a los indios de poner en marcha un ataque relámpago estilo “Arranque en Frío” sobre su territorio. Después de grandes debates internos, sus altos funcionarios optaron por las armas nucleares tácticas. En 2011, los pakistaníes hicieron una prueba con éxito. Desde entonces, según Rajesh Rajagopalan, que vive en Nueva Delhi y es coautor de Nuclear South Asia: Keywords and Concepts, Pakistán parece haber estado ensamblando cuatro o cinco de ellas al año.

Todo esto ha ido sucediendo en el contexto de unas poblaciones que se ven entre sí de manera desfavorable. Una encuesta típica llevada a cabo en este período por el Pew Research Center encontró que el 72% de los pakistaníes tenían una opinión desfavorable de la India, que el 57% la consideraban una amenaza seria, mientras que, por la otra parte, el 59% de los indios veían a Pakistán bajo un prisma negativo.

Este es el contexto contra el que los dirigentes indios han dicho que un ataque nuclear táctico contra sus fuerzas, incluso en territorio pakistaní, se consideraría un ataque nuclear a escala total contra la India y que se reservaban el derecho a responder en consecuencia. Como la India no dispone de armas nucleares tácticas, sólo podría tomar represalias con armas nucleares estratégicas mucho más devastadoras, posiblemente atacando ciudades pakistaníes.

En el peor de los escenarios, según una valoración hecha en 2002 por la Agencia de Inteligencia de la Defensa de EEUU (DIA, por sus siglas en inglés), una guerra nuclear indo-pakistaní podría provocar inicialmente de ocho a doce millones de víctimas, seguidas de muchos millones más a causa del envenenamiento por radiación. Estudios más recientes han mostrado que hasta mil millones de personas en todo el mundo podría llegar a estar en peligro de morir de hambruna e inanición a causa del humo y hollín arrojados a la troposfera en caso de un intercambio nuclear grave en el sur de Asia. El “invierno nuclear” resultante y la consiguiente pérdida de las cosechas se añadirían funcionalmente hasta llegar a un holocausto nuclear global de desarrollo lento.

El pasado noviembre, para reducir las posibilidades de que pudiera producirse un intercambio tan catastrófico, los altos funcionarios de la administración Obama se reunieron en Washington con el jefe del ejército de Pakistán, el general Raheel Sharif, el árbitro final de las políticas de seguridad nacional de ese país, y le instaron a dejar de producir armas nucleares tácticas. A cambio, le ofrecieron la promesa de poner fin al estatuto de paria de Islamabad en el campo nuclear apoyando su entrada en el Grupo de Proveedores Nucleares, de 48 miembros, al que pertenece ya la India. Aunque no se emitió ningún comunicado formal tras el viaje de Sharif, es bien conocido que rechazó la oferta.

Ese fracaso estaba implícito en el testimonio que el Director de la DIA, el teniente general Vincent Steward, dio al Comité de Servicios Armados el pasado febrero: “Las armas nucleares de Pakistán continúan aumentando”, dijo. “Estamos preocupados por ese crecimiento y por si la evolución de la doctrina asociada con las armas [nucleares] tácticas aumenta el riesgo de un incidente o accidente”.

Ojivas nucleares estratégicas

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Desde la valoración de la DIA de las víctimas humanas en una guerra nuclear en el sur de Asia, los arsenales nucleares estratégicos de la India y Pakistán han seguido creciendo. En enero de 2016, según un informe del Congreso estadounidense, el arsenal pakistaní constaba probablemente de 110-130 ojivas nucleares. Según el Instituto Internacional de Investigaciones por la Paz de Estocolmo, la India tiene entre 90 y 110 de esas mismas ojivas. (China, el otro actor regional, tiene aproximadamente unas 260 ojivas).

Cuando terminaba la década de 1990, en la que tanto la India como Pakistán probaban su nuevo armamento, sus gobiernos dieron a conocer sus doctrinas nucleares. La Junta Asesora de Seguridad Nacional sobre la Doctrina Nuclear India, por ejemplo, afirmaba en agosto de 1999 que “la India no va a ser la primera en iniciar un ataque nuclear, pero responderá con represalias de castigo si la disuasión fracasa”. El Ministerio de Asuntos Exteriores de la India explicó en aquel momento que la “disuasión mínima creíble”, mencionada en la doctrina, era una cuestión de “adecuación” y no de cifras de ojivas. Sin embargo, en los años siguientes ese criterio de la “disuasión mínima creíble” se ha vuelto a calibrar periódicamente mientras los responsables políticos de la India seguían comprometiéndose a actualizar el programa de armas nucleares del país con una nueva generación de bombas de hidrógeno más potentes diseñadas para destruir ciudades.

En Pakistán, en febrero del 2000, el presidente, el general Pervez Musharraf, que era también el jefe del ejército, estableció la División de Planes Estratégicos en la Autoridad del Mando Nacional, nombrando director general de la misma al teniente general Khalid Kidwai. En octubre de 2001, Kidwai ofreció un esbozo de la doctrina nuclear actualizada del país en relación con su vecino, mucho más poderoso militar y económicamente, diciendo: “Es bien sabido que Pakistán no tiene una política de ‘no ser el primero en atacar con armas nucleares’”. A continuación, expuso los “umbrales” para el uso de armas nucleares. Las armas nucleares del país, señaló, tenían como único objetivo a la India y estaban disponibles para su uso no sólo en respuesta a un ataque nuclear de este país, sino en caso de conquista de una gran parte del territorio de Pakistán (el umbral del espacio), o para destruir una parte importante de su territorio o fuerzas aéreos (el umbral militar), o para empezar a estrangular económicamente a Pakistán (el umbral económico) o para desestabilizar políticamente el país a través de la subversión interna a gran escala (el umbral de la desestabilización interna).

De todos ellos, el umbral del espacio era el que podía llevar a apretar más fácilmente el gatillo. Nueva Delhi, así como Washington, especularon sobre dónde podría situarse la línea roja de ese umbral, aunque no hubo unanimidad entre los expertos de defensa. Muchos suponían que podría ser la pérdida inminente de Lahore, la capital del Punyab, a sólo 23 kilómetros de la frontera india. Otros situaban la línea roja en la enorme cuenca del río Indo en Pakistán.

A los siete meses de este debate, las tensiones indo-pakistaníes se intensificaron abruptamente tras un ataque contra una base militar india en Cachemira, llevado a cabo por terroristas pakistaníes en mayo de 2002. En aquel momento, Musharraf reiteró que no iba a renunciar al derecho de su país a utilizar primero las armas nucleares. La perspectiva de Nueva Delhi alcanzada por una bomba atómica se hizo tan plausible que el embajador estadounidense Robert Blackwill investigó la construcción de un bunker reforzado en el recinto de la embajada para sobrevivir a un ataque nuclear. Sólo abandonaron la idea cuando él y su equipo comprendieron que quienes estuvieran en el bunker morirían por las secuelas de la explosión nuclear.

Como era de esperar, los dirigentes de los dos países se encontraron mirando fijamente hacia el abismo nuclear debido a un acto violento en Cachemira, un disputado territorio que ha provocado tres guerras convencionales entre los vecinos del sur de Asia desde 1947, el año de la fundación de una India independiente y de Pakistán. Como consecuencia de la primera de esas guerras en 1947 y 1948, la India se apoderó de la mitad de Cachemira, Pakistán consiguió una tercera parte y el resto fue posteriormente ocupado por China.

Cachemira, la causa fundamental de la duradera enemistad

La disputa sobre Cachemira se remonta a la época en la que el subcontinente indio gobernado por los británicos se dividió entre la mayoría hindú en la India y la mayoría musulmana en Pakistán, y a los estados gobernados indirectamente por príncipes se les dio la opción de unirse a uno o a otro. En octubre de 1947, el maharajá hindú de Cachemira, de mayoría musulmana, firmó un “instrumento de adhesión” con la India después de que los invasores tribales musulmanes de Pakistán invadieran su reino. La rápida llegada de tropas indias privó a los invasores de la capital, Srinagar. Más tarde se enfrentaron a tropas regulares pakistaníes hasta que el 1 de enero de 1949 se produjo un alto el fuego auspiciado por las Naciones Unidas. El documento de adhesión exigía que se les diera a los habitantes de Cachemira la oportunidad de elegir entre la India y Pakistán una vez restaurada la paz. Esto aún no ha sucedido y no hay perspectiva alguna de que vaya a tener lugar.

Por temor a una derrota en ese plebiscito, dado los sentimientos propakistaníes predominantes entre la mayoría musulmana del territorio, la India encontró varias formas de bloquear los intentos de la ONU para organizarlo. A continuación, Nueva Delhi concedió un estatuto especial a la parte de Cachemira que controlaba y celebró elecciones para su asamblea legislativa, mientras Pakistán observaba con inquietud.

En septiembre de 1965, cuando quedó claro que sus protestas verbales eran inútiles, Pakistán intentó cambiar el statu quo mediante la fuerza militar. Lanzó una guerra que acabó de nuevo en punto muerto con otra tregua patrocinada por la ONU, que exigió que las partes en conflicto volvieran a la línea de alto el fuego de 1949.

En diciembre de 1971 se produjo un tercer conflicto armado entre los dos vecinos, que hizo que Pakistán perdiera su franja oriental, que se convirtió en el independiente Bangladesh. Poco después, la primera ministra de la India Indira Gandhi trató de convencer al presidente pakistaní Zulfikar Ali Bhutto para transformar los 740 kilómetros de la línea del alto el fuego en Cachemira (renombrada “Línea de Control”) en una frontera internacional. Al no estar dispuesto a renunciar a la exigencia de su país de un plebiscito en toda la Cachemira anterior a 1947, Bhutto se negó. Por tanto, el punto muerto continuó.

Durante el gobierno militar del general Zia al Haq (1977-1988), Pakistán inició una política de sangrar a la India con miles de cortes patrocinando acciones terroristas tanto dentro de la Cachemira india como en otros lugares del país. Delhi respondió reforzando su presencia militar en Cachemira y reprimiendo brutalmente a aquellos de sus habitantes que pedían un plebiscito o abogaban por la separación de la India, perpetrando en el proceso violaciones de los derechos humanos a gran escala.

A fin de detener la infiltración de militantes de la Cachemira pakistaní, la India construyó una doble barrera de vallas de 3,6 metros de alto y en el espacio entre ellas plantó cientos de minas terrestres. Más tarde, esa barrera contaría también con dispositivos termales de imágenes y sensores de movimiento para ayudar a detectar a quien se infiltrara. A finales de la década de 1990, en uno de los lados de la Línea de Control había 400.000 soldados indios y en el otro 300.000 pakistaníes. No es extraño que el presidente Bill Clinton llamara a esa frontera “el lugar más peligroso en el mundo”. Actualmente, con el añadido de las armas nucleares tácticas a toda esa mezcla, es mucho más que eso.

Cachemira, el hueso tóxico de la contención

Antes incluso de que Pakistán introdujera las armas nucleares tácticas, las tensiones entre los dos vecinos eran peligrosamente altas. Después, de repente, a finales de 2015, apareció un destello de oportunidad para la normalización de relaciones. El primer ministro indio Narendra Modi tuvo un encuentro cordial con su homólogo pakistaní, Nawaz Sharif, el día del cumpleaños de este, el 25 de diciembre, en Lahore. Pero esa esperanza se desvaneció cuando en las primeras horas del 2 de enero, cuatro terroristas pakistaníes fuertemente armados consiguieron cruzar la frontera internacional en Punjab, vestidos con uniformes del ejército de la India, y atacaron una base de la fuerza aérea en Pathankot, produciéndose un tiroteo que duró todo un día. Cuando el 5 de enero consiguió restaurarse la calma, todos los terroristas estaban muertos, pero también siete efectivos de la seguridad india y un civil. El Consejo Unido para la Yihad, una organización-paraguas de grupos militantes separatistas en Cachemira, se atribuyó el ataque. Sin embargo, el gobierno indio insistió en que la operación había sido dirigida por Masud Azhar, líder del Jaish-e Muhammad (el Ejército de Mahoma), que tiene su base en Pakistán.

Como había ocurrido anteriormente, era Cachemira el leitmotiv de los militantes anti-India. Por fortuna, el ataque de Pathankot fue un suceso menor, insuficiente para agravar la perspectiva de una guerra aunque disipó cualquier buena voluntad generada en el encuentro entre Modi y Sharif.

Sin embargo, hay pocas dudas de que una repetición de la atrocidad perpetrada por los infiltrados pakistaníes en Bombay en noviembre de 2008, que provocó la muerte de 166 personas y el incendio del emblemático Hotel Taj Mahal de esa ciudad, podría tener consecuencias realmente graves. La doctrina india pidiendo represalias masivas en respuesta a un exitoso ataque terrorista a esa escala podría significar la puesta en marcha casi instantánea de su estrategia de Arranque en Frío. Esto, a su vez, llevaría probablemente a Pakistán a utilizar armas nucleares tácticas, abriendo así una posibilidad real de un holocausto nuclear total de consecuencias globales.

Más allá del duradero problema de Cachemira está el miedo primario de Pakistán a una India mucho más grande y poderosa, y su aversión ante las ambiciones de la India de convertirse en la potencia hegemónica en el sur de Asia. Con independencia de qué partido gobierne, todos los gobiernos en Nueva Delhi han seguido una trayectoria de fuerza en la cuestión de la seguridad nacional destinada a reforzar el perfil de la defensa del país.

En general, los dirigentes indios están decididos a demostrar que su país está entrando en lo que a ellos les gusta llamar “la era de las aspiraciones”. Cuando, en julio de 2009, el primer ministro Manmohan Singh lanzó oficialmente un submarino de misiles balísticos con potencia nuclear construido en el país, el INS Arihant, fue recibido como un paso espectacular en tal dirección. Según los expertos en defensa, ese navío era el primero de esa clase que no había sido construido por alguna de las cinco potencias nucleares reconocidas: Estados Unidos, Gran Bretaña, China, Francia y Rusia.

Dos sitios nucleares secretos en la India

No se esperaba nada nuevo de la India en el frente nuclear. Pero el pasado diciembre, una investigación del Centro por la Integridad Pública, con sede en Washington, revelaba que el gobierno indio estaba invirtiendo 100 millones de dólares en construir una importante ciudad nuclear secreta de alrededor de 21 kilómetros cuadrados cerca del pueblo de Challakere, a 257 kilómetros al norte de la ciudad sureña de Mysore. Cuando esté terminada, posiblemente ya en 2017, será el complejo militar más grande del subcontinente con centrifugadores nucleares, laboratorios de investigación atómica e instalaciones para ensayo de armas y aviones”. Entre los objetivos del proyecto está ampliar las investigaciones nucleares del gobierno, producir combustible para los reactores nucleares del país y ayudar a alimentar la creciente flota de submarinos nucleares. Estará protegido por un anillo de guarniciones, convirtiendo el lugar en una instalación militar virtual.

Otro proyecto secreto, la Planta de Materiales Raros de la India, cerca de Mysore, está ya en funcionamiento. Es un complejo nuevo de enriquecimiento nuclear que está alimentando los programas de armas nucleares del país, al tiempo que sienta las bases para un ambicioso proyecto de crear un arsenal de bombas de hidrógeno (termonucleares).

El objetivo global de estos proyectos es proveer a la India de una reserva extra de combustible de uranio enriquecido que pueda utilizarse en esas bombas futuras. Como sitio militar, el proyecto de Challakere no estará abierto a las inspecciones de la Agencia Internacional de la Energía Atómica o de Washington, ya que el acuerdo nuclear de 2008 de la India con EEUU excluye el acceso a instalaciones militares. Estas empresas están dirigidas por la oficina del primer ministro, que está encargado de supervisar todos los proyectos de energía atómica. El Acta de la Energía Atómica de la India y el Acta de Secretos Oficiales colocan bajo secreto todo lo relacionado con el programa nuclear del país. En el pasado, quienes intentaron obtener una imagen más completa del arsenal indio y de las instalaciones que lo alimentan fueron reducidos al silencio.

No es de extrañar entonces que hace poco se citara a un funcionario de la Casa Blanca diciendo: “Incluso para nosotros, los detalles del programa indio son siempre escasos e ignoramos bastante la realidad sobre el terreno”. Añadió: “Mysore está siendo constantemente monitorizada y hacemos un seguimiento constante de los progresos en Challakere”. Sin embargo, según Gary Samore, un excoordinador del control de armas y de las armas de destrucción masiva de la administración Obama, “la India intenta construir armas termonucleares como parte de su disuasión estratégica contra China. No está muy claro cuando la India conseguirá este objetivo de un arsenal mayor y más poderoso, pero lo lograrán”.

Una vez fabricado, no hay nada que detenga a la India de desplegar ese armamento contra Pakistán. “India está ahora desarrollando bombas muy grandes, bombas de hidrógeno que pueden arrasar una ciudad”, dijo Pervez Hoodbhoy, un importante analista pakistaní de seguridad nacional y nuclear. “No está interesada en las armas nucleares para utilizarlas en el campo de batalla; está desarrollando esas armas para eliminar centros de población”.

En otras palabras, mientras el conflicto de Cachemira siga latente, se induzcan ataques terroristas periódicos contra la India y se fomente la competición entre Nueva Delhi e Islamabad para superarse una a otra en la variedad y tamaño de sus arsenales nucleares, el peligro para el sur de Asia en particular y el mundo en general no hace sino crecer.

Dilip Hiro, colaborador habitual de TomDispatch, ha escrito 36 libros, entre ellos: The Longest August: The Unflinching Rivalry between India and Pakistan (Nation Books). Su última obra es: The Age of Aspiration: Money, Power, and Conflict in Globalizing India (The New Press).

Fuente: http://www.tomdispatch.com/blog/176123/

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“Google sabe inmediatamente dónde estamos y qué hacemos”

El director de Le Monde Diplomatique sostiene que “múltiples redes de control masivo no paran de vigilarnos” y que “en todas partes, alguien nos observa a través de nuevas cerraduras digitales”. “El necesario equilibrio entre libertad y seguridad corre peligro de romperse”, advierte Ramonet.

 

google

En nuestra vida cotidiana dejamos constantemente rastros que entregan nuestra identidad, dejan ver nuestras relaciones, reconstruyen nuestros desplazamientos, identifican nuestras ideas, desvelan nuestros gustos, nuestras elecciones y nuestras pasiones; incluso las más secretas. A lo largo del planeta, múltiples redes de control masivo no paran de vigilarnos. En todas partes, alguien nos observa a través de nuevas cerraduras digitales. El desarrollo del Internet de las cosas ( Internet of Things) y la proliferación de objetos conectados multiplican la cantidad de chivatos de todo tipo que nos cercan. En Estados Unidos, por ejemplo, la empresa de electrónica Vizio, instalada en Irvine (California), principal fabricante de televisores inteligentes conectados a Internet, ha revelado recientemente que sus televisores espiaban a los usuarios por medio de tecnologías incorporadas en el aparato.

Los televisores graban todo lo que los espectadores consumen en materia de programas audiovisuales, tanto programas de cadenas por cable como contenidos en DVD, paquetes de acceso a Internet o consolas de videojuegos… Por lo tanto, Vizio puede saberlo todo sobre las selecciones que sus clientes prefieren en materia de ocio audiovisual. Y, consecuentemente, puede vender esta información a empresas publicitarias que, gracias al análisis de los datos acopiados, conocerán con precisión los gustos de los usuarios y estarán en mejor situación para tenerlos en el punto de mira.

Esta no es, en sí misma, una estrategia diferente de la que, por ejemplo, Facebook y Google utilizan habitualmente para conocer a los internautas y ofrecerles publicidad adaptada a sus supuestos gustos. Recordemos que, en la novela de Orwell 1984, los televisores —obligatorios en cada domicilio—, “ven” a través de la pantalla lo que hace la gente (“¡Ahora podemos verte!”). Y la pregunta que plantea hoy la existencia de aparatos tipo Vizio es saber si estamos dispuestos a aceptar que nuestro televisor nos espíe.

A juzgar por la denuncia interpuesta, en agosto de 2015, por el diputado californiano Mike Gatto contra la empresa surcoreana Samsung, parece que no. La empresa fue acusada de equipar sus nuevos televisores también con un micrófono oculto capaz de grabar las conversaciones de los telespectadores, sin que éstos lo supieran, y de transmitirlas a terceros… Mike Gatto, que preside la Comisión de protección del consumidor y de la vida privada en el Congreso de California, presentó incluso una propuesta de ley para prohibir que los televisores pudieran espiar a la gente.

Por el contrario, Jim Dempsey, director del centro Derecho y Tecnologías, de la Universidad de California, en Berkeley, piensa que los televisores-chivatos van a proliferar: “La tecnología permitirá analizar los comportamientos de la gente. Y esto no sólo interesará a los anunciantes. También podría permitir la realización de evaluaciones psicológicas o culturales, que, por ejemplo, interesarán también a las compañías de seguros”. Sobre todo teniendo en cuenta que las empresas de recursos humanos y de trabajo temporal ya utilizan sistemas de análisis de voz para establecer un diagnóstico psicológico inmediato de las personas que les llaman por teléfono en busca de empleo…

Repartidos un poco por todas partes, los detectores de nuestros actos y gestos abundan a nuestro alrededor, incluso, como acabamos de ver, en nuestro televisor: sensores que registran la velocidad de nuestros desplazamientos o de nuestros itinerarios; tecnologías de reconocimiento facial que memorizan la impronta de nuestro rostro y crean, sin que lo sepamos, bases de datos biométricos de cada uno de nosotros… Por no hablar de los nuevos chips de identificación por radiofrecuencia (RFID), que descubren automáticamente nuestro perfil de consumidor, como hacen ya las “tarjetas de fidelidad” que generosamente ofrece la mayoría de los grandes supermercados (Carrefour, Alcampo, Eroski) y las grandes marcas (FNAC, el Corte Inglés).

Ya no estamos solos frente a la pantalla de nuestro ordenador. ¿Quién ignora a estas alturas que son examinados y filtrados los mensajes electrónicos, las consultas en la Red, los intercambios en las redes sociales? Cada clic , cada uso del teléfono, cada utilización de la tarjeta de crédito y cada navegación en Internet suministra excelentes informaciones sobre cada uno de nosotros, que se apresura a analizar un imperio en la sombra al servicio de corporaciones comerciales, de empresas publicitarias, de entidades financieras, de partidos políticos o de autoridades gubernamentales.

El necesario equilibrio entre libertad y seguridad corre, por tanto, el peligro de romperse. En la película de Michael Radford, 1984, basada en la novela de George Orwell, el presidente supremo, llamado Big Brother, define así su doctrina: “La guerra no tiene por objetivo ser ganada, su objetivo es continuar”; y: “La guerra la hacen los dirigentes contra sus propios ciudadanos, y tiene por objeto mantener intacta la estructura misma de la sociedad”. Dos principios que, extrañamente, están hoy a la orden del día en nuestras sociedades contemporáneas. Con el pretexto de tratar de proteger al conjunto de la sociedad, las autoridades ven en cada ciudadano a un potencial delincuente. La guerra permanente (y necesaria) contra el terrorismo les proporciona una coartada moral impecable y favorece la acumulación de un impresionante arsenal de leyes para proceder al control social integral.

Y más teniendo en cuenta que la crisis económica aviva el descontento social que, aquí o allí, podría adoptar la forma de motines ciudadanos, levantamientos campesinos o revueltas en los suburbios. Más sofisticadas que las porras y las mangueras de las fuerzas del orden, las nuevas armas de vigilancia permiten identificar mejor a los líderes y ponerlos fuera de juego anticipadamente.

“Habrá menos intimidad, menos respeto a la vida privada, pero más seguridad”, nos dicen las autoridades. En nombre de ese imperativo se instala así, a hurtadillas, un régimen de seguridad al que podemos calificar de “sociedad de control”. En la actualidad, el principio del “panóptico” se aplica a toda la sociedad. En su libro Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión, el filósofo Michel Foucault explica cómo el “Panóptico” (“el ojo que todo lo ve”) es un dispositivo arquitectónico que crea una “sensación de omnisciencia invisible” y que permite a los guardianes ver sin ser vistos dentro del recinto de una prisión. Los detenidos, expuestos permanentemente a la mirada oculta de los “vigilantes”, viven con el temor de ser pillados en falta. Lo cual les lleva a autodisciplinarse… De esto podemos deducir que el principio organizador de una sociedad disciplinaria es el siguiente: bajo la presión de una vigilancia ininterrumpida, la gente acaba por modificar su comportamiento. Como afirma Glenn Greenwald: “Las experiencias históricas demuestran que la simple existencia de un sistema de vigilancia a gran escala, sea cual sea la manera en que se utilice, es suficiente por sí misma para reprimir a los disidentes. Una sociedad consciente de estar permanentemente vigilada se vuelve enseguida dócil y timorata”.

Hoy en día, el sistema panóptico se ha reforzado con una particularidad nueva con relación a las anteriores sociedades de control que confinaban a las personas consideradas antisociales, marginales, rebeldes o enemigas en lugares de privación de libertad cerrados: prisiones, penales, reformatorios, manicomios, asilos, campos de concentración… Sin embargo, nuestras sociedades de control contemporáneas dejan en aparente libertad a los sospechosos (o sea, a todos los ciudadanos), aunque los mantienen bajo vigilancia electrónica permanente. La contención digital ha sucedido a la contención física.

A veces, esta vigilancia constante también se lleva a cabo con ayuda de chivatos tecnológicos que la gente adquiere libremente: ordenadores, teléfonos móviles, tabletas, abonos de transporte, tarjetas bancarias inteligentes, tarjetas comerciales de fidelidad, localizadores GPS, etc. Por ejemplo, el portal Yahoo!, que consultan regular y voluntariamente unos 800 millones de personas, captura una media de 2.500 rutinas al mes de cada uno de sus usuarios. En cuanto a Google, cuyo número de usuarios sobrepasa los mil millones, dispone de un impresionante número de sensores para espiar el comportamiento de cada usuario: el motor Google Search, por ejemplo, le permite saber dónde se encuentra el internauta, lo que busca y en qué momento. El navegador Google Chrome , un megachivato, envía directamente a Alphabet (la empresa matriz de Google) todo lo que hace el usuario en materia de navegación. Google Analytics elabora estadísticas muy precisas de las consultas de los internautas en la Red. Google Plus recoge información complementaria y la mezcla. Gmail analiza la correspondencia intercambiada, lo cual revela mucho sobre el emisor y sus contactos. El servicio DNS ( Domain Name System , o Sistema de nombres de dominio) de Google analiza los sitios visitados. YouTube , el servicio de videos más visitado del mundo, que pertenece también a Google —y, por tanto, a Alphabet—, registra todo lo que hacemos en él. Google Maps identifica el lugar en el que nos encontramos, adónde vamos, cuándo y por qué itinerario… AdWords sabe lo que queremos vender o promocionar. Y desde el momento en que encendemos un smartphone con Android, Google sabe inmediatamente dónde estamos y qué estamos haciendo. Nadie nos obliga a recurrir a Google, pero cuando lo hacemos, Google lo sabe todo de nosotros. Y, según Julian Assange, inmediatamente informa de ello a las autoridades estadounidenses…

En otras ocasiones, los que espían y rastrean nuestros movimientos son sistemas disimulados o camuflados, semejantes a los radares de carretera, los drones o las cámaras de vigilancia (llamadas también de “videoprotección”). Este tipo de cámaras ha proliferado tanto que, por ejemplo, en el Reino Unido, donde hay más de cuatro millones de ellas (una por cada quince habitantes), un peatón puede ser filmado en Londres hasta 300 veces cada día. Y las cámaras de última generación, como la Gigapan, de altísima definición —más de mil millones de píxeles—, permiten obtener, con una sola fotografía y mediante un vertiginoso zoom dentro de la propia imagen, la ficha biométrica del rostro de cada una de las miles de personas presentes en un estadio, en una manifestación o en un mitin político.

A pesar de que hay estudios serios que han demostrado la débil eficacia de la videovigilancia en materia de seguridad, esta técnica sigue siendo refrendada por los grandes medios de comunicación. Incluso una parte de la opinión pública ha terminado por aceptar la restricción de sus propias libertades: el 63 por ciento de los franceses se declara dispuesto a una “limitación de las libertades individuales en Internet en razón de la lucha contra el terrorismo”.

Lo cual demuestra que el margen de progreso en materia de sumisión es todavía considerable…
Ignacio Ramonet

Periodista. Director de Le Monde Diplomatique

(*) Ignacio Ramonet acaba de publicar El imperio de la vigilancia, editorial Clave Intelectual, Madrid, 2016.

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