El Valor Eterno de la Privacidad

Este articulo fue publicado en 2006, en ingles, por Bruce Schneier, un experto en seguridad informática, lo reproduzco hoy y acá porque creo que tiene enorme actualidad cuando a diario nos bombardean con el problema de la «inseguridad» y los político solo  saben proponer más cámaras de vídeo vigilancia, más policías, mas control sobre nuestras vidas, más avance sobre nuestra privacidad. Estamos siendo vigilados constantemente, vigilan nuestras comunicaciones, y nos vigilan en la calle con cámaras en cada esquina, cámaras de vídeo vigilancia en los negocios, en los bares, en los cines y en los colectivos. Estamos construyendo las herramientas y los elementos perfecto para un súper Estado policial y todo pedido alegremente por los ciudadanos comunes para sentirse seguro!

El Valor Eterno de la Privacidad

El comentario habitual que se les espeta a los defensores de la privacidad -por aquellos en favor de controles de carnés de identidad, de cámaras, de bases de datos, de la minería de datos y otras medidas de vigilancia a gran escala- es la siguiente frase hecha: «Si no estás haciendo nada malo, no tienes nada que esconder».

Algunas respuestas inteligentes: «Si no estoy haciendo nada malo, entonces no hay ningún motivo para que me vigiles», «Porque son los gobierno quienes definen qué es malo, y éstos cambian la definición constantemente» o «Porque tú puedes hacer algo malo con mis datos». Mi problema con ironías como éstas, por más certeras que sean, es que aceptan la premisa de que la privacidad tiene que ver con esconder algo malo. En absoluto. La privacidad es un derecho inherente a la condición humana, una condición necesaria para garantizar ésta con dignidad y respeto.

Dos proverbios lo expresan inmejorablemente: Quis custodiet ipsos custodes? («Quién vigila a los vigilantes?») y «El poder absoluto corrompe absolutamente».

El cardenal Richelieu entendía el valor de la vigilancia cuando dijo: «Si alguien me diera seis líneas escritas por la mano del hombre más honesto, encontraría algo en ellas para hacerle colgar». Vigila a alguien por un tiempo suficientemente largo y encontrarás algo con que arrestarle o chantajearle. Privacidad es un valor importante, puesto que, sin ella, se acaba abusando de la información proveniente de la vigilancia: para fisgonear furtivamente, para venderla a empresas y para espiar a enemigos políticos -quienes quieran que sean éstos en un determinado momento.

La privacidad nos protege del abuso de aquellos que están en el poder, incluso si no estamos haciendo nada malo en el momento de ser vigilados.

No hacemos nada malo cuando hacemos el amor o vamos al cuarto de baño. No estamos escondiendo deliberadamente nada cuando buscamos un lugar privado para reflexionar o conversar. Mantenemos diarios privados, cantamos en la privacidad de nuestra ducha, y escribimos cartas a amores secretos y después las quemamos. La privacidad es una necesidad humana básica.

Un futuro en el que la privacidad estaría sometida a un constante asalto resultaba tan extraño a los forjadores de la Constitución que en ningún momento se les ocurrió mencionarla explícitamente como un derecho. La privacidad era inherente a la nobleza de su condición y su causa. Por supuesto, ser observado estando en tu casa era una sinrazón. Vigilar era un acto tan inapropiado como inconcevible entre caballeros de aquellos tiempos. Se vigilaba a criminales, no a ciudadanos libres. Uno manda en su propia casa. Es intrínseco del concepto de libertad.

City of Calgary Video Wall

City of Calgary Video Wall

Pues, si nos vigilan en todo momento, estamos ante la amenaza continua de la corrección, juicio, crítica, incluso de plagio de nuestra propia individualidad. Nos transformamos en niños, esposados bajo ojos vigilantes, constantemente bajo el temor de que -ahora o en un futuro indeterminado- la traza que dejamos tras nosotros será usada para implicarnos, por parte de la autoridad de turno que en ese momento decida concentrarse en lo que antaño fueron nuestros actos privados e inocentes. Perdemos nuestra individualidad, pues todo lo que hacemos puede ser observado y registrado.

Cuántos de nosotros, en los últimos cuatro años y medio, se han parado en mitad de una conversación, conscientes, de repente, de que podríamos estar siendo escuchados subrepticiamente? Probablemente era una conversación telefónica, aunque quizás era un correo electrónico, o un chat o una conversación en un espacio público. Quizás el tema era terrorismo, política o el Islam. Nos paramos repentinamente, preocupados por que nuestras palabras han sido sacadas de contexto, luego nos reímos de nuestra paranoia y continuamos. Pero nuestras maneras han cambiado y modificamos sutilmente nuestra elección de palabras.

Ésta es la pérdida de libertad a la que nos enfrentamos cuando nos roban nuestra privacidad. Ésta es la vida en la antigua Alemania del este, o la vidad en el Irak de Sadam Hussein. Y es lo que nos espera en el futuro, si permitimos una vigilancia cada vez más intrusiva en nuestras vidas privadas y personales.

Demasiadas personas describen el debate como «seguridad versus privacidad». La verdadera encrucijada es libertad versus control. Tiranía, ya sea la que surge como amenaza exterior de un ataque como la de un escrutinio interno constante por parte de la autoridad, sigue siendo tiranía. La libertad requiere seguridad sin intromisión, seguridad con privacidad. Vigilancia policial indiscriminada es exactamente la definición de un estado policial. Por eso deberíamos ser todos adalides de la privacidad, aun cuando no tengamos nada que ocultar.

@cdiviani