La Conferencia de Zimmerwald, 1915.

1914-la-i-guerra-mundial-16-638

 

Partido Obrero Socialdemócrata Ruso.

Conferencia de las Secciones en el extranjero.

27 de febrero al 4 de marzo de 1915.

Escrito a principios de 1915 y publicado en el núm. 40 del Sozial Demokrat, de 29 de marzo del mismo año. La conferencia se celebró en Berna, del 27 de febrero al 4 de marzo de 1915. Tomaron parte en ella los representantes bolcheviques de las secciones de París, Zurich, Ginebra, Berna y Lausana. Lenin representó al Comité Central y al órgano central del partido (el Sozial Demokrat) y fue orador en el punto más importante del orden del día: «La guerra y las tareas del partido». Las resoluciones, escritas por Lenin, fueron aprobadas por la Conferencia.

CONFERENCIA DE LAS SECCIONES DEL PARTIDO OBRERO SOCIALDEMÓCRATA RUSO EN EL EXTRAJERO

Hace unos días terminó sus labores la conferencia de las secciones del POSDR en el extranjero, celebrada en Suiza. Además de examinar los problemas propios de la emigración, que trataremos de exponer, aunque sea brevemente, en los próximos números del órgano central, la conferencia elaboró resoluciones acerca de la guerra, problema importante y de palpitante actualidad. Publicamos estas resoluciones a continuación, esperando que sean útiles a todos los socialdemócratas que buscan seriamente el camino hacia una causa viva para salir del caos actual de opiniones, el cual se reduce, en el fondo, a reconocer de palabra el internacionalismo y a propender en la práctica a la conciliación a toda costa, de un modo u otro, con el social chovinismo. Agreguemos que los debates en torno a la consigna de los “Estados Unidos de Europa” tomaron un carácter político unilateral y se acordó aplazar el planteamiento de esta cuestión hasta que se discuta en la prensa el aspecto económico del problema.

LAS RESOLUCIONES DE LA CONFERENCIA

Tomando como base el manifiesto del Comité Central, publicado en el núm. 33, la conferencia señala las siguientes tesis para dar una mayor sistematización a la propaganda:

Acerca del carácter de la guerra

La guerra actual tiene carácter imperialista. Esta guerra es producto de las condiciones de una época en la que el capitalismo ha alcanzado la fase superior de desarrollo; en la que tiene ya la importancia más esencial no sólo la exportación de mercancías, sino también la exportación de capital; en la que la cartelización de la producción y la internacionalización de la vida económica han adquirido proporciones considerables; en la que la política colonial ha conducido al reparto de casi todo el globo terráqueo; una época en la que las fuerzas productivas del capitalismo mundial han rebasado el marco limitado de las divisiones en Estados nacionales; una época en la que han madurado por completo las condiciones objetivas para realizar el socialismo.

Sobre la consigna de “defensa de la patria”

La verdadera esencia de la guerra actual consiste en la lucha entre Inglaterra, Francia y Alemania por el reparto de las colonias y por el saqueo de los países competidores, así como en la aspiración del zarismo y de las clases dominantes de Rusia a apoderarse de Persia, Mongolia, la Turquía asiática, Constantinopla, Galitzia, etc.. El elemento nacional en la guerra austro-servia tiene un significado completamente subalterno y no modifica el carácter imperialista general de la guerra.

Toda la historia económica y diplomática de los últimos decenios muestra que ambos grupos de naciones beligerantes han venido preparando de modo sistemático una guerra precisamente de este carácter. El problema de qué grupo ha asestado el primer golpe militar o ha sido el primero en declarar la guerra no tiene importancia alguna para determinar la táctica de los socialistas. Las frases acerca de la defensa de la patria, de la resistencia a la invasión enemiga, de la guerra defensiva, etc., son por ambas partes un completo engaño al pueblo.

Las guerras verdaderamente nacionales registradas, sobre todo, en la época de 1789-1871 se fundaban en un largo proceso de movimientos nacionales de masas, de lucha contra el absolutismo y el feudalismo, de derrocamiento de la opresión nacional y de creación de Estados sobre una base nacional, como premisa del desarrollo capitalista.

La ideología nacional formada por esta época dejó profundas huellas en la masa de la pequeña burguesía y de una parte del proletariado. De ellos aprovechan ahora, en una época completamente distinta, en la época imperialista, los sofistas de la burguesía y los traidores al socialismo que se arrastran tras ellos para dividir a los obreros y apartarlos de sus tareas de clase y de la lucha revolucionaria contra la burguesía.

Hoy son más justas que nunca las palabras del Manifiesto Comunista de que «los obreros no tienen patria». Sólo la lucha internacional del proletariado contra burguesía puede preservar sus conquistas y abrir a las masas oprimidas el camino a un futuro mejor.

 

Leon Trotsky, a Russian leader of the Bolshevik Revolution. --- Image by © Underwood & Underwood/Corbis

Leon Trotsky, a Russian leader of the Bolshevik Revolution. — Image by © Underwood & Underwood/Corbis

Las consignas de la socialdemocracia revolucionaria

«La transformación de la actual guerra imperialista en guerra civil es la única consigna proletaria justa, indicada por la experiencia de la Comuna, señalada por la resolución de Basilea (1912) y derivada de todas las condiciones de la guerra imperialista entre los países burgueses de alto desarrollo».

La guerra civil a que exhorta la socialdemocracia revolucionaria en la época presente es la lucha del proletariado con las armas en la mano contra burguesía, por la expropiación de la clase de los capitalistas en los países capitalistas avanzados, por la revolución democrática en Rusia (república democrática, jornada de ocho horas y confiscación de las tierras de los terratenientes), por la república en los países monárquicos atrasados en general, etcétera.

Las calamidades extremas que la guerra acarrea a las masas han de engendrar forzosamente estados de ánimo y movimientos revolucionarios, para cuya generalización y orientación debe servir la consigna de guerra civil.

En la actualidad, la organización de la clase obrera está fuertemente quebrantada. Sin embargo, la crisis revolucionaria madura. Después de la guerra, las clases dominantes de todos los países tensarán aún sus esfuerzos para hacer retroceder por largos decenios el movimiento emancipador del proletariado. La tarea de la socialdemocracia revolucionaria, tanto en el caso de que el desarrollo revolucionario tenga un ritmo rápido, como en el de que la crisis adquiera carácter prolongado, consistirá en no renunciar a la larga labor cotidiana, no menospreciar anteriores métodos de la lucha de clase. Su tarea consistirá en enfilar contra el oportunismo, en el espíritu de la lucha revolucionaria de las masas, tanto el parlamentarismo como la lucha económica.

Como primeros pasos hacia la transformación de la actual guerra imperialista en guerra civil hay que señalar los siguientes: 1) negarse incondicionalmente a votar los créditos de guerra y salir de los ministerios burgueses; 2) romper por completo con la política de «paz civil» (bloc national, Burgfrieden); 3) crear una organización clandestina en todas partes donde los gobiernos y la burguesía supriman las libertades constitucionales al implantar el estado de guerra; 4) apoyar la confraternización de los soldados de las naciones beligerantes en las trincheras y en los teatros de operaciones en general; 5) apoyar todo género de acciones revolucionarias de masas del proletariado.

El oportunismo y la bancarrota de la II Internacional

La bancarrota de la II Internacional es la bancarrota del oportunismo socialista. Este último es producto de la precedente época «pacífica» de desarrollo del movimiento obrero. Dicha época ha enseñado a la clase obrera medios de lucha tan importantes como la utilización del parlamentarismo y de todas las posibilidades legales, la creación de organizaciones económicas y políticas de masas, de una amplia prensa obrera, etc.. Por otra parte, dicha época ha engendrado la tendencia a negar la lucha de clases y a predicar la paz social, a negar la revolución socialista, a negar por principio las organizaciones clandestinas, a admitir el patriotismo burgués, etc.. Ciertos sectores de la clase obrera (la burocracia del movimiento obrero y la aristocracia obrera, que recibía de cuando en cuando una reducida parte de los beneficios procedentes de la explotación de las colonias y de la situación privilegiada de su “patria” en el mercado mundial), así como los compañeros de viaje pequeñoburgueses en el seno de los partidos socialistas, han sido el principal punto de apoyo social de esas tendencias y los vehículos de la influencia burguesa en el proletariado.

La funesta influencia del oportunismo se ha manifestado con claridad particular en la política seguida durante la guerra por la mayoría de los partidos socialdemócratas oficiales de la II Internacional. Votar los créditos de guerra, participar en los ministerios, aplicar la política de «paz civil» y negarse a crear una organización ilegal cuando la legalidad ha sido suprimida significan sabotear importantísimos acuerdos de la Internacional y traicionar abiertamente al socialismo.

La III Internacional

La crisis provocada por la guerra ha puesto al desnudo la verdadera esencia del oportunismo, mostrándolo en el papel de auxiliar directo de la burguesía contra el proletariado. El llamado “centro” socialdemócrata, con Kautsky a la cabeza, ha rodado en los hechos por completo hacia el oportunismo, encubriéndolo con frases hipócritas altamente perjudiciales y con una falsificación del marxismo que lo adapta al imperialismo. La experiencia muestra que en Alemania, por ejemplo, sólo contraviniendo decididamente la voluntad de la mayoría de la cúspide del partido ha sido posible salir en defensa del punto de vista socialista. Sería una ilusión dañina confiar en la reconstitución de una Internacional socialista de verdad sin deslindarse por completo de los oportunistas en el terreno de la organización.

El POSDR debe apoyar todas las acciones internacionales y revolucionarias de masas del proletariado, esforzándose por acercar a todos los elementos antichovinistas de la Internacional.

El pacifismo y la consigna de paz

El pacifismo y la prédica abstracta de la paz son una de las formas de embaucar a la clase obrera. Bajo el capitalismo, y sobre todo en su fase imperialista, las guerras son inevitables. Mas, por otra parte, los socialdemócratas no pueden negar el significado positivo de las guerras revolucionarias, es decir, de las guerras no imperialistas, como las que tuvieron lugar, por ejemplo, de 1789 a 1871 para derrocar la opresión nacional y crear Estados capitalistas nacionales sobre la base de los Estados feudales fraccionados, o las guerras que son posibles para salvaguardar las conquistas del proletariado triunfante en la lucha contra la burguesía.

En la actualidad, una propaganda de la paz que no vaya acompañada del llamamiento a la acción revolucionaria de las masas sólo puede sembrar ilusiones, corromper al proletariado, infundiéndole confianza en el humanismo de la burguesía, y hacer de él un juguete en manos de la diplomacia secreta de los países beligerantes. Es profundamente errónea, en particular, la idea sobre la posibilidad de la llamada paz democrática sin una serie de revoluciones.

La derrota de la monarquía zarista

En cada país, la lucha contra el Gobierno propio que sostiene la guerra imperialista no debe detenerse ante la posibilidad de la derrota de dicho país como resultado de la agitación revolucionaria. La derrota del ejército gubernamental debilita a ese Gobierno, contribuye a la liberación de las nacionalidades que oprime y facilita la guerra civil contra las clases gobernantes.

Esta tesis es acertada especialmente si se la aplica a Rusia. La victoria de Rusia traería consigo el fortalecimiento de la reacción mundial, la intensificación de la reacción dentro del país, e iría acompañada del sojuzgamiento completo de los pueblos de las regiones ya conquistadas. En vista de ello la derrota de Rusia es, en todas las condiciones, el mal menor.

La actitud hacia los demás partidos y grupos

La guerra, que ha provocado una ola de chovinismo, ha descubierto que son prisioneros de éste tanto los intelectuales demócratas (populistas) y el partido de los socialistas revolucionarios, siendo total la inestabilidad de su corriente de oposición en Misl, como el núcleo fundamental de los liquidadores (Nasha Zariá), apoyado por Plejánov. En la práctica, son también partidarios del chovinismo el Comité de Organización – comenzando por el apoyo disimulado que le prestan Larin y Mártov y terminando por la defensa de principios que hace Axelrod de las ideas del patriotismo – y el Bund, en el que predomina chovinismo germanófilo. El Bloque de Bruselas (del 3 de julio de 1914) se ha disgregado por completo. En cuanto a los elementos que se agrupaban en torno de Nashe Slovo, pendulan entre la simpatía platónica por el internacionalismo y el anhelo de unidad a toda costa con Nasha Zariá y el Comité de Organización. La misma vacilación manifiesta el grupo socialdemócrata de Chjeídze: por un lado, ha expulsado al plejanovista, es decir, al chovinista, a Mankov, y, por el otro, desea encubrir a cualquier precio el chovinismo de Plejánov, de Nasha Zariá, de Axelrod, del Bund, etcétera.

Es tarea del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia fortalecer en lo sucesivo la unidad proletaria forjada en 1912-1914, sobre todo por Pravda, y reconstituir las organizaciones socialdemócratas partidistas de la clase obrera sobre la base de deslindarse decididamente de los socialchovinistas en el terreno de la organización. Los acuerdos temporales sólo son admisibles con los socialdemócratas que sean partidarios de un rompimiento categórico, en el plano de la organización, con él Comité de Organización, con Nasha Zariá y con el Bund.