El lugar revisitado

Mathias Forshage / Carl-Michael Edenborg / Bruno Jacobs:
Textos psicogeográficos del Grupo Surrealista de Estocolmo(*)
 
A la certidumbre de que sobre el espacio que habitamos se extiende un dominio abstracto y omnipresente, sigue el presentimiento de que a menudo, si no siempre, persiste una inclinación a desafiar lo que es impuesto de manera incondicional. En los textos del Grupo Surrealista de Estocolmo (1) que a continuación incluimos, se aborda una denuncia del control que el sistema ejerce sobre la totalidad del territorio, que ordena según criterios de productividad, al tiempo que se ensayan ciertas propuestas encaminadas a rescatar y ampliar ese espacio asfixiado y reducido.
La exploración del entorno que proponen pasa por buscar los resquicios por donde lo cualitativo se filtra a través de lo cuantificable espectacular. Creen hallarlo en ciertos lugares –abundantes en la ciudad– abandonados o inservibles, «impedimentos» en terminología económica, rechazados por la codicia de la rentabilidad inmediata, pero cuya improductividad e inutilidad precisamente les redimen y recargan de potencialidades, constituyéndose así en posibles focos de resistencia , en territorios donde vivir lo salvaje (2). Aquí se desenvuelve una vida cuyo comportamiento podría servir para reanimar lo social, por otra parte agonizante en la actual ciudad-imagen: no hay que subestimar lo inútil .
Se trata de una invocación de lo indómito que conduce a posturas ciertamente polémicas, como podría resultar su intento de aproximación a la naturaleza sirviéndose del azar objetivo y la búsqueda psicogeográfica para detectar indicios simbólicos que confirmaran el fin de nuestro destierro en el mundo. Designio polémico en el sentido de que matiza la afirmación de que vagar en el campo raso es, evidentemente, deprimente , y que aquí las interrupciones del azar son más pobres que en ninguna otra ocasión (3). Admitiendo esta limitación coincidimos con M. Forshage en que se trataría más bien de confiar en los encuentros que el azar proporcione, no tanto por su intensidad y frecuencia, sino por su condición de atalaya desde la que establecer nuevos sistemas de relación con la naturaleza. Así, a partir de esta experiencia persiguen además formular un misticismo del lugar que redescubriera los sitios, pero que huyera por completo de todo sentimiento patriótico; con ello desean distanciarse de la tradicional simbiosis que entre naturaleza e identidad nacional ha apuntado el nacionalismo, así como de sus ramificaciones más recientes en cierto pensamiento equívoco, como es el caso del ecofascismo (4).
Otras veces es una actitud escrutadora a la par que asombrada, guiada por la analogía o el desvarío interpretativo, la que interroga y descubre lo velado tras la aparentemente anodina cotidianidad de los lugares o bien la que acentúa sus cualidades frente a la normalización capitalista (por ejemplo, la interpretación crítica del entorno urbano mediante la búsqueda de analogías entre éste y el cuerpo humano o una indagación de las potencialidades aterrorizadoras de un determinado lugar).
Una disposición similar, en la que subyace un deseo de reapropiación de los lugares usurpados y de su posterior transformación en lugares donde reinventar la propia experiencia de lo real, centra buena parte de las experiencias de otros grupos surrealistas en la actualidad (5) y se halla igualmente en sintonía con los más vivos debates del pensamiento radical contemporáneo, con las estrategias prácticas y las reflexiones teóricas de colectivos como Reclaim the streets , las experiencias realizadas en el marco del desaparecido Laboratorio de Madrid, El Comité de Paseo de la Asamblea de Jussieu, la Encyclopédie des Nuissances , etc.
Lurdes Martínez

(1) El Grupo Surrealista de Estocolmo se formó en 1985, siendo sus principales órganos de expresión las revistas Mannen Pa Gatan y Stora Saltet de las que han sido extraídos los textos que publicamos en este número.
(2) El concepto de lo salvaje es central en la labor teórica del Grupo Surrealista de Estocolmo y recorre la totalidad de sus análisis y propuestas: frente a la muerte en vida que propone el espectáculo, experiencia adormecida y sin riesgos donde se silencian y acallan todas las angustiosas, desesperadas pero también enigmáticas y maravillosas cuestiones de la vida , invocan una iniciación a la muerte , que es condición y contraste necesarios de la vida, intensificadora de las fuerzas vitales hasta tal punto que el sistema orientado a la pseudomuerte no podría expropiar . Se trata de reivindicar la fuerza subversiva de lo salvaje, movimiento de lo desconocido que siempre supone una amenaza para el poder.
(3) Guy E. Debord: Teoría de la deriva , Las ediciones texticulares, Madrid, pág. 6.
(4) En su intento de desdramatizar, relativizar y rehabilitar el nacionalsocialismo, algunos defensores de esta corriente ideológica, que hace una lectura racista y esotérica de la ecología, encuentran positiva la regionalización, el reconocimiento de la potenciación de las particularidades que aquél se propuso. Sangre y tierra significa, en realidad, un nuevo encantamiento (Rainer Langhans). P. Bierl, “El ser humano como enemigo: Ecofascismo”, en El Viejo Topo , nº 114, enero 1998, pág. 42.
(5) Vid. El espíritu errante (Una introducción al nomadismo del ser seguido de Fragmentos para un dossier psicogeográfico) y El Juego de las Perturbaciones Sutiles , en los números 7 y 8/9 de la revista Salamandra .
 
Geografía (1)
La Geografía se ocupa de la coordinación de las circunstancias materiales con los deseos conscientes e inconscientes: nadie es capaz de crear una concepción del mundo sino a través de lo otro. No es extraño entonces que la Geografía esté constantemente interrelacionada con la poesía y la política .
La Psicogeografía formula preguntas sobre cómo se muestra el mundo realmente, a través de qué coordenadas y bases nos orientamos, qué areas y rutas son las que nos atraen magnéticamente y cuales no, etc. El campo psicogeográfico está en gran medida y con toda seguridad determinado por el miedo a lo desconocido y por los deseos que se quieren satisfacer; los recorridos monótonos hacia el trabajo, la escuela, las tiendas y los hogares transcurren a lo largo de calles intencionadamente empapeladas con anuncios publicitarios. El urbanismo fomenta este aspecto: políticos, empresas y expertos deciden hacia dónde se dirigirá la gente para satisfacer sus deseos de una manera simple y productiva. Pero siempre persiste una tendencia a dar rodeos, a mirar a la vuelta de la esquina, en el callejón, detrás de las barreras. Nos tropezamos a menudo con obstáculos. El control sobre el territorio es crucial. Allí donde no existen vallas, alambres de espino y guardas, nos adentramos en areas donde hay que asumir el riesgo de atraer por ejemplo el acoso sexual, la curiosidad de la policía y la agresión abierta.
El urbanismo, aparte de su función puramente disciplinaria, está fundado en exigencias de productividad sobre el suelo, y éstas no se hallan restringidas a las ciudades y sus alrededores, sino que dominan sobre todo. La tierra es un recurso natural, así que debe ser explotada: urbanizada, sometida a una agricultura o forestación efectiva o quizá reservada para areas recreativas. Estas pueden ser productivas a corto plazo para diversos fines turísticos, o sino, es posible que a largo plazo sean utilizadas por su función ideológica, su efecto calmante sobre individuos estresados o críticos.
No quedan lugares salvajes, lugares oscuros sobre el mapa. Casi todo el suelo está usado , sirve a un propósito; está delimitado, adaptado, domesticado.
Los escasos lugares no-productivos que persisten, son contemplados con desagrado o permanecen casi invisibles. Por todas partes las comunidades de vecinos emprenden campañas contra aquellos propietarios absentistas y tercos que dejan que sus propiedades se desarrollen libremente y caigan en desuso. Más importantes desde un punto de vista simbólico y poético son los «no-lugares» que quedan en ciudades y suburbios, los interespacios sin uso o abandonados situados entre zonas planificadas: pilas de basura, terraplenes, zanjas, zonas llenas de maleza, juncales, cuya poda sencillamente nadie considera su obligación. Estas areas sin valor son sin duda menos importantes, desde el punto de vista de la diversidad biológica que los terrenos baldíos, aunque es necesario constatar que un número creciente de plantas y animales han aprendido a utilizar estos biotopos menos glamorosos, por otra parte menos abundantes que especies poco frecuentes debido a que su biotopo original está desapareciendo se han vuelto ahora más comunes que nunca.
En el vocabulario económico existe el término impedimento para designar aquellos lugares donde los obstáculos para la productividad no han sido todavía eliminados. En las areas agrícolas sólo los impedimentos garantizan que algo de vida salvaje perdure a pesar de todo. Quizá los impedimentos urbanos puedan ocupar una función análoga a otro nivel.
La cuestión es naturalmente preferir la parte maldita antes que todo lo que se halla delimitado al servicio de una utilidad económica o ideológica. Lo que no tiene valor en sí mismo. Al mismo tiempo, las cualidades pintorescas de estos lugares sin valor resultan muchas veces sorprendentes. Pero en el marco del proyecto relativo a los citados lugares que durante algunos años hemos perseguido en el seno del Grupo Surrealista de Estocolmo, intentamos ahora ir más lejos y, a través de un estudio más sistemático, revelar focos de resistencia donde menos se esperaban.
Muchos de estos lugares se caracterizan por el hecho de que en ellos tienden a ocurrir situaciones singulares: uno encuentra objetos raros y se convierte en testigo –o parte– de acontecimientos extraños que proliferan com hongos únicamente porque el lugar en cuestión no se encuentra reducido, supervisado o restringido de una manera insistente a una función planificada. Otros no poseen cualidades atenuantes y se hacen valiosos más bien por su total inutilidad.
Este esfuerzo sistemático incluye no sólo documentación fotográfica, clasificación y especulación relativa al origen y evolución del lugar, sino también un estudio a través de encuestas y juegos surrealistas (que revelen entre otras cosas las obsesiones subjetivas que estos lugares provocan), la compilación de anécdotas (para insistir en sus posibilidades desde un punto de vista social), y el estudio botánico, que se ha convertido en un aspecto crucial.
Inspirados por un libro sobre la flora de Estocolmo del botánico Per Sigurd Linberg, nos hemos dado cuenta de que la ciudad constituye verdaderamente un entorno botánico único (y ante todo, especialmente, sus lugares sin valor). Se ha convertido en un oasis debido a una serie de circunstancias particulares, de las que la mayoría está constituida por factores ambientales extremadamente duros; sequía, polución, sobrealimentación, asfalto, hormigón, macadán; un altísimo índice de perturbación (deterioro así como una total reorganización, a través de trabajos de construcción, reparaciones, gente, coches); y el profuso intercambio con otros ambientes y otras partes del mundo (a través del comercio, el turismo, etc.). Todas estas circunstancias contribuyen a convertir la ciudad en refugio de plantas introducidas involuntariamente, prófugas del cultivo, malas hierbas diversas y sobre todo un número de especies menos competitivas que prosperan aquí en ausencia de otras rivales que dominan los entornos naturales.
Aparte del hecho de que estas plantas tengan su propia poesía y su particular interés científico, pueden servir más concretamente a una serie de campos análogos.
En primer lugar, el nivel del significado: la ciudad se expande allí donde los recolectores de desperdicios de lo útil miran hacia otro lado; lo que ha sido abandonado u olvidado se apila en montones que crecen en lo oculto; una jungla de extraños frutos de lo rechazado, la venganza de la naturaleza o el retorno de lo reprimido, un caos a veces imaginativo y otras sólo repugnante pero siempre extraña y profundamente humano.
Hasta cierto punto esto también es cierto en lo referente a los artefactos materiales, los objetos y la arquitectura: concentraciones de basura, de pertenencias perdidas, construcciones que se desmoronan, soluciones que se han vuelto anticuadas.
Es definitivamente cierto desde un punto de vista social: los sin techo, alcohólicos, drogadictos, maníacos, niños curiosos, jóvenes vagabundos, todos visitan estos no-lugares para hacer un uso no-intencionado de los mismos y cargarlos con la excitación de sus obsesiones. Los singulares encuentros que pudieran resultar, las extrañas formas de comunicación, las particulares soluciones en toda su no-conveniencia, deberían ser un elemento importante de lo que realmente constituya lo social hoy en día (no hace mucho la gente solía confundir estado con sociedad, pero esto no se hace tan fácilmente ahora que el estado abandona una por una sus funciones sociales o pseudo-sociales).
Y contemplando las principales tendencias del desarrollo de la flora urbana: 1) perturbación y sobrealimentación, 2) internacionalización indiscriminada, 3) inmigración de masas y dominio de lo menos competitivo, éstas podrían intentar constituirse en aspectos cruciales, no solamente del urbanismo moderno sino de la sociedad tardocapitalista en la totalidad de la imperturbabilidad de su desintegración. Ello incluiría naturalmente posibilidades revolucionarias. No hay que subestimar lo inútil.


La utilidad y la efectividad (en su concepción neutral y carente de interés) están al servicio de la acumulación de capital, decretos brutales, en nombre de lo que todo es devastado descuidadamente y por qué no irracionalmente. La guerra contra la «naturaleza salvaje» y la transformación de todo en dinero constante y sonante son axiomas naturales, no importa si conciernen a grandes compañías o a campesinos. Incluso el jardinero más amante de la naturaleza considera su deber planificar y crear naturaleza artificialmente, lo cual expresa la misma agresividad y prepotencia, incluso en el caso de que el jardín no sea productivo desde un punto de vista económico. (Por otra parte, esta planificación tan perversamente detallada parece a menudo necesaria para recrear vastos espacios destinados a salvaguardarla de especies en extinción).
El acuerdo Dennis y los puentes Öresund (2) muestran claramente el grandioso espíritu de destrucción presente en el ansia planificadora. Aquí parece que el estado posee, incluso en mayor medida que las empresas, medios para proyectos a gran escala, hecho que carece de sentido demostrar puesto que los sueños de los políticos sólo reflejan las ambiciones de los empresarios. En esta situación aquellos se permiten alegremente incumplir toda una serie de necesidades recreativas, de opiniones locales y de cuestiones ambientales beneficiosas que por otra parte se impacientan en salvaguardar. Es probable que ya se haya tocado fondo, pero mucho ha sido devastado en el proceso. Y mucho más habrá caido antes de que los proyectos se destruyan por su dinámica interna. Sería entonces apropiada una intervención a través de sabotajes, construcción de lugares y procesos de decisión.
Y si ignoramos por un momento los aspectos sociales, ¿no es entonces el urbanismo más que el arte de organizar la naturaleza conforme a la geometría, en lugar de al contrario? Creo que la búsqueda psicogeográfica conducirá, explorando geometrías alternativas, a nuevas intuiciones epistemológicas, a una diversidad de nuevas cartografías llenas de significado. En sí misma la geometría no es evidentemente una manera de describir la naturaleza sino un instrumento a utilizar. Y la geometría imperante está anticuada en más de un sentido. Ciertas matemáticas y físicas más modernas, que incluyen geometrías no euclidianas, como la relatividad espacio-tiempo, la teoría de la probabilidad, la física cuántica, la teoría del caos, probablemente contienen un gran número de propuestas excitantes que ofrecer a la geografía, y seguramente explicarían principios psicogeográficos que de otra forma parecen ininteligibles.
En el surrealismo existe la noción de azar objetivo para referirse a las coincidencias y cadenas de significados que estallan cuando la conciencia se ve estimulada por el amor, las intenciones poéticas o por otros estados más o menos paranoicos. Los pormenores de la realidad ofrecen mensajes donde las limitaciones de los canales ordinarios de conocimiento y causalidad devienen físicamente tangibles en aventuras reales, interpretaciones delirantes, impulsos salvajes.
En la mayoría de las ocasiones este fenómeno ha sido estudiado en el entorno urbano, con su entrega rebosante de signos entre hordas de gente, objetos olvidados o abandonados, anuncios, grafitis, fragmentos de conversaciones, etc. Es evidente que aquí solamente la selección puede crear puntos de partida; que los deseos, sueños, fantasías, voces internas escogen ciertos detalles con los que cooperar. Pero sin duda el mismo mecanismo funciona fuera de la ciudad: los bosques, playas, campos y pantanos poseen también detalles repletos de significados que los convierten en espacios para la actividad humana. Además de los artefactos aquí encontrados existen igualmente los más variados objetos naturales: todo tipo de especies de plantas, animales y hongos, toda clase de signos geológicos del cuaternario, todo tipo de formas de piedras, ramas y raíces.
Como es sabido la misma experiencia de lo salvaje es fácilmente accesible puesto que la «vida móvil al aire libre», en general sumisa, se mantiene dentro de los límites de una corta temporada alta y de caminos y zonas de descanso autorizados. Tan pronto como uno se desvía de la senda, o incluso sin hacerlo, se ofrecen entornos y formas de vida que parecían abrumadoramente ajenas e íntimas.
A través de la exploración de las significaciones humanas de la diversidad biológica y de la configuración y transformación del paisaje, podríamos alcanzar un romance de la naturaleza que no fuera pasivo ni sentimental, dentro del que también se hallaría implícito un elogio de lo salvaje , ni misántropo ni competitivo. Este romance de la naturaleza, junto a otros resultados psicogeográficos, podría convertirse en elemento sustentante de un misticismo del lugar alejado de todo chovinismo. Lejos de la xenofobia, la lealtad al estado, la reacción cultural y la venganza contra el patriotismo local, se encuentra allí algo importante en íntima relación con los centros y epicentros psicogeográficos.
Finalmente nos gustaría recordar hasta qué punto nuestro mundo está estimulado por el espacio de los sueños, el espacio del amor, el espacio de las imágenes poéticas, el espacio del cuerpo, el espacio de la desesperación y el espacio de las coincidencias. Estos son ambivalentes en sí mismos y pueden asímismo producir conflictos fructíferos con el espacio de la indolencia y del sentido común interesado, con el espacio del urbanismo y de la propiedad privada. La parte específica de los surrealistas en el campo geográfico podría consistir en una contribución a la defensa militante (en términos espirituales y materiales) de lo salvaje e inútil de nuestro entorno, invocando la poesía de la geografía y aquellos imperativos morales que ésta plantea. El mundo está en juego.
Mattias Forshage
 
Traducción del inglés: Lurdes Martínez
 
(1) Bajo este título presentamos la fusión de dos textos: Geografía , artículo que abre un número de la revista Stora Saltet dedicado al tema del espacio, y Atoposes , sumario de un proyecto de más largo alcance sobre los lugares sin valor.
(2) El acuerdo Dennis se refiere al plan vigente destinado a realizar una red de nuevas autopistas que atraviesan la totalidad de la provincia de Estocolmo y que junto con el puente hacia Dinamarca constituyen los proyectos de infraestructura más importantes de Suecia en la actualidad.
 
La piel de la ciudad
En realidad vivimos dentro de un animal,   del que somos parásitos. La estructura de este animal determina la nuestra, y viceversa.
Novalis.

¿O quizá somos todos pulgas en la piel de un enorme perro? Esta hirsuta y untuosa piel de piedra permite amistosamente que paseemos por ella. Demasiado raramente ella nos pasea a nosotros –ah, momentos de clemencia. La mayoría de las veces damos vueltas en ella, nos enseña a que la controlemos, cuando en realidad sólo nos controlamos a nosotros mismos. Pero si no somos gusanos en el cadáver sino antes bien burbujas en la podredumbre, si no somos sujetos separados sino solamente miembros en la sucia y oscura parte inferior del cuerpo del espíritu objetivo, si experimentamos esto, ¿podemos hablar entonces de la otredad abstracta de la ciudad, de su fría superficie?
Había una casa de ladrillos en Brooklyn que se alzaba con la espalda recta como un soldado en medio de una serie de cincuenta casas exactamente iguales. Una larga hilera de rectángulos gemelos puestos de canto, con ventanas que recordaban los ojos inexpresivos y vacíos de personas muertas, con una escalera exterior que parecía una lengua que había caído de la boca de un ahorcado (Mickey Spillane, No esperes clemencia, 1962).
El ser humano anhela tanto la similitud, anhela tanto que aquello que no es él o por lo menos se parezca a él, que viste la opinión humana con lo más extraño –como cuando los propietarios de un perro ponen una chaqueta de punto sobre sus pequeños animalitos. La ciudad no es ningún cuerpo –pero se parece a un cuerpo. Tiene sus ojos, sus axilas, su ano. No es seguramente tan sencillo que sólo podamos encontrar similitudes y nada más. No, cuando una vez pusimos en funcionamiento un proyecto colectivo para el Grupo Surrealista, que salió a la calle para buscar analogías entre la ciudad y el cuerpo, recibimos sólo una respuesta, y esa era construida, errónea (el Tyska Brunn, la Fuente Alemana, sería el regazo de Estocolmo). La piel no se deja describir cartográficamente pelo a pelo. Por contra, se puede tener suerte, encontrar lugares que, antes bien, nos obligan a ver en ellos el modelo, el ejemplo, contra nuestra voluntad, a pesar de que no estemos especialmente interesados. Al mismo tiempo intuimos que habríamos visto otras cosas si fuéramos mujeres.

Por alguna razón, el sexo absorbe para sí más lugares que las demás partes del cuerpo. También la ciudad tiene su fertilidad y su angustia sexual.

Odenplan es un mercado triangular. En mitad del mismo se encuentra una boca de metro, y junto a ella una escalera enrejada que conduce a un urinario subterráneo. Junto a cada boca se alza una chimenea. Encima de ese mismo triángulo se encuentra un parque pequeño y sucio, donde sucios y furtivos hombres se detienen. Aún más lejos de allí se eleva un masivo edificio de piedra con una gran cúpula: la iglesia de Gustav Vasa (Gustav Vasas kyrka). Un poco más abajo de Odenplan, junto al cruce de las calles Sveavägen y Odengatan, se encuentra un puente sepultado, conservado en su totalidad bajo las calles. Junto al mismo cruce, en lo alto de la fachada de una casa, se eleva un letrero rojo con la forma de una espiral anticonceptiva: “Caja de Cremación de Suecia”.
Odenplan es un sexo femenino. La boca de Metro corresponde a la vagina, la entrada al urinario y el ano. El pequeño parque es el vello púbico, la cúpula de la iglesia un vientre grávido. El metro/útero representa el principio de utilidad económica y la reproducción mientras que el urinario/ano representa el gasto no-económico y el espíritu de derroche. El puente sepultado es un pasaje secreto o sumido: ¿la llave perdida o algo totalmente sin sentido? Una forma geométrica recurrente en la cercanía inmediata de Odenplan es el círculo dentro del cuadrado: la iglesia, la biblioteca de la ciudad, el observatorio. ¿No es tal combinación definitiva? Representa la vigilancia y el control.
La sexualidad femenina en su lucha y riqueza de contradicciones encuentra una correspondencia geográfica, a nuestro entender, en Odenplan y sus alrededores.
(Esta interpretación se continúa en parte en un número anterior de Mannen pa gatan , 1991).
Estos lugares y signos que súbitamente nos asaltan no se reducen al marco de la experiencia poética. A menudo sus significados tienenuna dimensión crítica: de manera inesperada, se concretan, profundizan y a veces también contradicen la crítica que ya hemos formulado.
Existe un antiguo mapa de Estocolmo del año 1642. Lo encontré reproducido en una postal y se me aparecieron inmediatamente nítidos dibujos fáciles de reconocer. Estocolmo era entonces, a grandes rasgos, distinto a ahora. Sobre todo, había más agua. En el mapa, Norrmalm (1) y Gamla Stan (2) tienen la forma de un miembro masculino. Gamla Stan es el glande, la cercana loma del monte Brunkeberg representa los cuerpos cavernosos, la calle Drottning (3) el conducto espermático. Brunsviken (4) la vejiga urinaria, Slussen el orificio mismo. Las acumulaciones de agua, “Strömmen”(5), son la vagina. Södermalm representa igualmente las partes más internas del aparato genital femenino, y en el mapa se puede ver también el cuello del útero marcado junto a Slussen. El mismo útero debería corresponderse con Fatburssjön (6) (Dykärret [7]), que, desde que el mapa fue dibujado, ha habido tiempo de limpiarlo de nuevo, desecarlo y construir sobre él. Slussen tiene evidentemente un significado especial, como lugar de encuentro .
Esta interpretación genital de Estocolmo es corroborada por las asociaciones dadas acerca de los valores tradicionales de las distintas partes de la ciudad. Norrsidan, Östermalm y Norrmalm han sido elegidas desde 1700 como lugar de residencia por las clases altas opresoras. Esta es la parte del poder y de la racionalidad burguesa y patriarcal de la ciudad. Södermalm ha pertenecido desde sus orígenes (y por ello cambió más en años posteriores) a las masas oprimidas; es una parte de la ciudad que espontáneamente se asocia con lo material, lo oscuro, lo sucio, pero es considerada también más cálida y más llena de sentimientos que la parte norte.
El mapa de 1642 otorga a este ordenamiento una ilustración extremadamente viva y pictórica. Según lo dibujado, la ordenación de las calles en la capital de la nueva potencia sueca sólo pudo llevarse a cabo en las partes septentrionales de la ciudad. Allí las calles corren rectas y ordenadas, y forman limpios cuadrados. En Södermalm, por el contrario, parece que la red de calles ha crecido posteriormente a partir de sí misma, extendiéndose como la hiedra.
La interpretación del mapa y de la ciudad refuerza la opinión evidente de que Estocolmo ha sido dominado cada vez con mayor intensidad por un orden absolutamente masculino. Es significativo que Slussen, después de haber sido una vía de comunicación bastante directa y abierta, ahora tiene la forma de un nudo (un complejo) muy apretado que parece haber sido creado a propósito para encubrir y combatir un único hecho. Esto quiere decir que los centros de poder se han trasladado de la misma capital real e imperial a la zona significativamente más segura (en parte para alejarse de lo femenino, en parte para reforzar las comunicaciones antaño muy débiles entre Gamla Stan y Norrmalm). Como consecuencia de ello, Fatburssjön ha quedado competamente camuflado por las superconstrucciones totalitarias postmodernas de las cercanías de la Södra Station (Estación del Sur) (que sin embargo descansan sobre un suelo inseguro, sustentadas sobre una tremenda multitud de pilotes, debido a lo cenagoso que es el suelo). (C.-M.E.).
El orden, la razón aprietan desde su dominio. Pero en ciertos lugares produce una especie de moho. Muy a menudo uno se apresura: pasamos corriendo o lo cubrimos. Entretanto, sin embargo, esos lugares son abandonados a sí mismos y esto puede producir nueva vida; lugares sin valor, pequeños matorrales abandonados, yermos solares, desfiladeros inservibles.
Ayer por la noche vi un desfiladero como nunca he visto otro. Entre Mariahissen y la montaña corre esta profunda garganta, de dos, tres metros de ancho. El terror se apodera de mí en cuanto siento ahora la gelidez, veo el abrupto risco, vislumbro la desolación del lugar –ser un lecho muerto. Las palomas se esconden dentro, en las concavidades de alrededor, aletean en torno a mis ojos, a   adrenalina hierve en la carne. Muy hacia dentro, el precipicio está cubierto por una techumbre a aproximadamente veinte metros sobre mi cabeza. Dentro sube una escalera de caracol de metal delgado hasta dicha techumbre. Las palomas, aleteando, golpean como látigo ese enloquecido terror que crece. No puedo girarme ahora, no puedo dejar de realizar esto. ¿Quizá soy James Stewart atacado por el vértigo, arrastrándose escalera de la torre arriba en Vértigo de Hitchcock? Mi vértigo es por lo menos tan mortal como el suyo. Asciendo, o más tarde, me voy arrastrando por esta escalera de caracol cagada por las palomas. Todo tiembla, se tambalea, ¿soy yo o la ciudad entera? Por lo menos la escalera, como una caja de resonancia de mi pavor que se transforma en hielo. Y soy capaz de tranquilizarme todo el camino hacia arriba –allí encuentro una pequeña plataforma. Una almohada, revistas pornográficas despedazadas. ¡Un nido suspendido! Un nido para un pájaro pavoroso. (C.-M.E).
Hemos renunciado a fotografiar el lugar. El lector mismo ha de ir allí.
Esto es lo que la ciudad lanza contra nosotros, esto es lo que las hendiduras de la ciudad revelan. Hasta ahora han sido experiencias que tratan de un descenso –que quizá sea la condición, el presupuesto del ascenso.

Carl-Michel Edenborg/Bruno Jacobs.

Traducción del sueco: Jesús García Rodríguez.
(*) Publicado en «Salamandra», nº 10, Madrid, 1999 ( págs.78-82 ).
NOTAS:
1)  “Mineral del norte”, en sueco.
2)  “Ciudad vieja”, en sueco.
3)  “Calle de la Reina”, en sueco.
4)  “Bahía del manantial”, en sueco.
5)  “Corriente, torrente”, en sueco.
6)  “Lago de Fatburs”.
7)  “Ciénaga de barro”.